sábado, 25 de febrero de 2012

A day in the life...it's real

por Amanda Nuñez - "El Faro Crítico"



Hoy es día 24 de febrero de 2012. Acabo de bajar un ratito a descansar tras los estudios y me encuentro un telediario en hora punta, un viernes por la tarde, momento en que familiares con sus hijxs (y repito, "hijxs" porque de la ortodoxia de la lengua sólo me quedo con la "x") ven la televisión; un momento en que hasta yo bajo a descansar y veo la televisión.

Impresionada con la sintaxis del programa, vuelvo a mi habitación a refugiarme de lo que he visto y oído. Sobre todo, la sintaxis brutal de las noticias a las que he sido sometida. Es la siguiente:

21,15 h. Noticia acerca de una concentración en Valencia, en el Instituto Lluis Vives contra las cargas policiales. Cadena humana de niñxs (sobre todo niñas) saltando felices por sus derechos. Por supuesto, las acciones policiales de estos días sólo se ven crudamente por internet.

21,17 h. Se comenta que han detenido a un terrorista terrible de ETA mientras montaba en bicicleta en Francia.

21, 17'5 h. Túnez (comenzando con disparos terribles) y Siria. Hillary Clinton le dice a los mandatarios que van a pagar los daños que están haciendo a su población.  Atención, que esto es una llamada a la libertad!!!

21,22 h. Una manifestación de "minusválidos" en Bolivia donde su presidente (COMUNISTA!!! e Indio) Evo Morales ha mandado reprimir y han dado hasta cargas eléctricas a las sillas de muchas gentes allí congregadas. Por supuesto, imágenes atroces de gentes con las que todxs nos solidarizamos (vamos, para algunxs, todo tipo de tullidxs y pobres) peleando con la policía (mu mala mu mala y muy armada...con porras) y mareadxs y tal. Ha durado, al menos, hasta 21,27

En ese momento he tenido que abandonar el espacio comunitario del salón dirigido a la televisión en su mobiliario y construcción desde el comienzo de los planos de obra.

Conclusión de este mecanismo de control, adoctrinamiento y agresión a la sensibilidad de mayores y niñxs; modo de aprendizaje continuo para que vayan viendo lo que es "la realidad"..."sangrante"..."de fuera" que es un TELEDIARIO. Información 24 h que desplazó hasta a los anuncios porque "la realidad" se supone que tenía que vencer al mercado (y digo yo, ¿dónde está el mercado?). Información continua para que veamos lo bien situadxs que estamos en la aldea global. Tortura de información continua que impide pensar y que se sitúa SIEMPRE en el centro de congregación de cualquier construcción inmobiliaria y SIEMPRE a las horas punta de ese lugar sagrado con sitio propio (el único lugar propio de una casa) y SIEMPRE con buena reputación frente a los infames anuncios por todo tipo de población y emitiendo en canales las 24 h..."Así sucedió, así se lo hemos contado" Llegan a decir!!!!, ¿quién querría ciencias, filosofías, artes, paseos, amigxs, amantes...incluso enfermedades con esta neutralidad sabia e indubitable que nos proporcionan? Si lo importante no es la caída de los graves, ni que haya que hacer la pregunta por el ser para saber dónde estamos y generar otros modos de vida, ni siquiera fumarse un cigarrillo. Lo importante es que LA REALIDAD es esa: la de nuestro querido telediario. Tele a diario.

PPor cierto, me duele teleuned, si la censuran por criticar a telefónica y exponer una manifestación que sí hubo y no debía aparecer en "la realidad" entre otras cosas y otras cazas de brujas que ya ha habido ¡Ay! ¡Qué sería de nosotrxs si habláramos de "cómo robar a los bancos" como nos reíamos con Andrés un día!!...y eso que el espacio teleuned es muy poco espacio.

Nuestro libro, chicxs, es políticamente correcto, no os preocupéis. Quizá, si nos hacemos famosos, nos pongan en el telediario en la sección de modas tras unas pasarelas y antes de anunciar (ay, no, que eso no lo hace el tele-diario-realidad) unas películas. Si hacemos más dañito, quizá nos sitúen entre lxs niñxs de Valencia afiliadillxs pero separadxs del 15M (terroristas del primer mundo según la sintaxis vista) y antes de de los terroristxs de verdad, de esos que son la ETA o, lo mismo según esta misma sintaxis, que matan a su propio pueblo como en Túnez; o los que de verdad, de la buena, real y sangrienta y pormenorizadamente mostrada (lo que no se ve es cuántxs manifestantes había ni qué hay detrás de eso) sí reprimen a su población, a la más débil (y no estos niñates de Valencia limpitxs, creciditxs y bien alimentadxs por nuestra gran sociedad que ha preparado esta sintaxis para todxs nosotrxs y que se rebelan excepcionalmente...juegos de niñxs)

Bueno, no llegaron mis fuerzas ni mis sensibilidades (por supuesto, irreales porque detestan ver sangre y prefieren ver las páginas amarillentas de un libro, ni siquiera se meten mucho en internet vaya a ser que la información puntera y  variable salga por las orejas y ya no pueda pensar ni un ratito) a ver las otras noticias. Sin duda, las estrellas de Hollywood y alguna pasarela, junto a cualquier sonrisa me hubieran calmado un poco las visiones anteriores; podría, después, poder ver la Gran verdad: el "tiempo que va a hacer" después del comentario de lo que "está pasando mientras nos lo cuentan" (tiempo tras tiempo) y podría cenar gratamente sabiéndome la lección...y con el estómago ya sin ataques de náuseas. Pero, como no he llegado a lo bonito y me he ido del salón despavorida de la sección: TERRORISMO que me susurraba el tele a diario (peor que el tabaco); he sacado estas conclusiones. Me diréis si tengo razón y me adecuo a "la realdad":

1. Los niñxs valencianxs están muy bien. No seamos exageradxs. Además, como se aburren, hacen manifestaciones, pero son juegos...de niñxs... y algunxs profesores buenrollistas con ropas de "antisocial" que también se aburren y piden educación porque una buena vara no les cayó de pequeñxs...¡qué maleducados!

2. No los comparemos (o sí, aquí me pierdo) con la ETA, que eso sí que es fuerte y todavía hay terroristas sueltos por el mundo, en amables bicicletas. Hay que denunciar a lxs que van en bici...nunca sabes si son terroristas...de hecho, quizá algunx de lxs profes de Valencia lo sea. Por cierto, esta noticia ha durado poco y sólo ha salido un mapa. Ni una imagen le dan ya ETA...como está terminado...aunque, mejor no olvidarlo, vaya a ser que el 15M tenga que ser atacado igual. Advertencia.

3. Pero...los verdaderos terroristas están fuera, y son sultanes árabes que explotan a su pueblo y LOS MATAN!! (no les tiran bolas, ni humo, ni les abren la cabeza un poquito, ni les empujan--de broma- hacia los coches; sino que les disparan balas, de verdad)...Menos mal que de esas cosas importantes se encarga Clinton (no el marido, sino la mujer en perfecta democracia no hereditaria, sino ganada, oye, por soberanía popular, de esa civilizada que vota a lo que hay que votar). Y Clinton amenaza y dice lo que les va a pasar a las gentes que "de verdad", de la buena, maltratan a su pueblo...a esos que no tienen democracia y la piden y mueren por ella. Esos que mueren por lo que nosotrxs tenemos y no sabemos apreciar. Ay, de verdad, y no la tontería que ha ocurrido con lxs chavales de Valencia, que más les valdría hacer un macrobotellón en el que les arroparíamos o que sus padres les hubieran pegado antes de que lo tuviera que hacer la poli, leches, que no pagamos impuestos por esto, ¡¡¡que les peguen sus padres que es gratis para la ciudadanía!!!

4. Uy, cosas de la sintaxis, se me olvidaba que entre esta noticia y la buena de verdad (¿?), estaba un proceso democrático en Senegal que podría dejar de serlo...Cuidadito que salir a la calle a quejarnos nos puede desestabilizar la democracia como en Senegal: "uno de los pocos países de África que no ha tenido conflictos sangrientos" según me dice el telediario....uyuyuyuy, con lo fea que ha sido la noticia anterior...uf, volver a eso!!! Por cierto, que lxs senegalesxs que viven en España, groditxs y sonrientes, dicen, en boca de una "mujer negra", que en África es donde está el futuro y que dejen de venir en cayucos. Por supuesto, este es un mensaje dedicado a lxs adolescentes NEGROS que se juegan la vida en los cayucxs, no como aquí, que piden hasta que no les quiten los muebles de la clase!!!: Niñxs negros, vosotros que sufrís, quedaros allí, allí está vuestro futuro.

¡¡¡Y quinta noticia!!! (no está mal la cadena sintáctica, ¿eh?):

5. Evo Morales, ese indio con cara de indio, amigo de Chávez, de los conquistados rebeldes que no dejan a repsol coger el petróleo y dar beneficios a ese país analfabeto de indios...xch. Ese tal Evo pega, muchísimo a sus "minusválidos".

O sea, que unxs niñxs pijos europeos que quejan de una tontería y se quejan de que les hayan pegado un poquito (lo cual tendrían que hacer sus padres), cuando se está masacrando minusválidxs en Bolivia!!!!

Sí señorxs, hay algo más frágil que lxs niñxs...!!! lxs minusválidxs!!!! (y ese mecanismo ya lo conocemos...¿en el metro, a un migrante gitanx, se le da más dinero cuando lleva un niño en brazos o cuando es "lisiadx"?)

Desde luego, a un indio no se le da dinero...y, por cierto, a alguien que tiene otra motricidad o no tiene todo lo que la regla "común" (¡¡realidad!!!, como lxs locutores del telediario!!) ha establecido que tiene que tener un encantador humano, no se le ve. Sólo para ser mostrado dolorido, sufriendo alguna agresión o sus propias heridas, diferencias o...rarezas. Está claro que ese es su único derecho y visibilidad. Por lo demás, son invisibles y tienen que serlo. Y aquí, donde se quejan lxs niñxs sanitxs y gorditxs, nuestrxs "minusválidxs" nunca se quejan, incluso aparecen en la once y en los debates de "tengo una pegunta para usted señor presidente"...y en algún telediario por alguna hazaña personal o que el Estado haya hecho por "ellxs (en bloque lxs motrices, mentales, ciegxs, espina bífida, y "enfermedades raras", junto con amas de casa y demás ámbito privado y oculto de nuestras sociedades)". O bien aparecen en los anuncios detestados por aquellxs que ven la realidad en los telediarios. Contentxs, mostradxs y apadrinadxs sólo están en el mundo no real de la publicidad, aquella que ya sabemos que nos manipula.

Moraleja (que no Morales): Que el 15M está muerto porque no tenía razón de ser. Y que mucho cuidadito, pueblo!!, porque como venga cualquiera y os quiten la democracia...mal vamos: o tenemos un dictador modus arabigus, o uno modus africanus, o uno modus comunistus indius.

Pero no os preocupéis, Hillary Clinton y nuestra policía, esa que educa de verdad --sólo quien te quiere bien te hará llorar-- y no los profesores incompetentes que no quieren trabajar y quieren cobrar mucho (qué insolidaridad con lxs paradxs!!) velan por nosotrxs.

Un vídeo para que lo comprendamos, motivada su búsqueda por Marisa:





Un beso y en televisión a la carta tenéis el telediario de hoy. Si no lo encontráis, no importa, lo has visto mil veces, siempre es igual y lo verás mil veces más...así según va sucediendo y te lo van contando.

sábado, 14 de enero de 2012

Los residuos del capitalismo

por Giorgio Falco - Traducción de Ricardo Micco para el "El Faro Crítico"

Un recorrido en la nueva geografía de la periferia milanesa, entre escombros y edificios de vidrio, donde el capitalismo italiano ha depositado sus desechos.


Lorenteggio - Milán - Italia
Para llegar a nuestro lugar de destierro la mejor manera (no la más rápida) es coger el tranvía número 14, hasta su final de trayecto, Lorenteggio. Cruzamos la zona sur oeste de Milán, a través de los ex polígonos industriales celebrados por el mantra de la recalificación.

Recalificar. Uno de los verbos fetiche desde los ochenta hasta hoy. Recalificar un barrio, una ex área productiva, un trabajador despedido.

Esta zona de Milán se despliega en los dos lados del ferrocarril, desde Porta Genova viaja a lo largo del Naviglio Grande (canal del rio Ticino, antes navegable, ndt). Desfilan, justo a continuación de las viviendas residenciales, los fantasmas del siglo diecinueve de Ansaldo, Bisleri, General Electric, Riva Calzoni, Parisini, Osram, Richard Ginori y  Cartiere Burgo.

Miles de trabajadores cogieron el transporte público después de la guerra, desde los pueblos del perímetro y los otros barrios de la ciudad, los autobuses ya estaban abarrotados a las cinco de la mañana para alcanzar las puertas de las fábricas, a tiempo para el primer turno de las seis.

Desde por lo menos tres décadas, la industria ha ocultado su lado menos atractivo para limitarse a la superficie del marketing y la exaltación del agregado artificial del consumo: ha pactado con la finanza y engendrado una nueva geografía. Desde el inicio de los ochenta el precio de los inmuebles se ha convertido en pura representación, estamos pasando por el glamour de Via Tortona y Via Solari, estudios de producción y posproducción televisiva, gráfica, showrooms, atelier, agencias de una inexplicada imagen. El sucedáneo de esta representación es el evento televisivo, tan voraz de comérselo todo, incluso el aire a legitima arqueología industrial devaluada a fetichismo, como en Via Giambellino 50. La retorica de la clase obrera es usada como plus por los vendedores de inmuebles.

En el grande espacio de Via Savona, a la altura del puente, la Osram fabricaba bombillas. A la izquierda del tranvía (y ahora necesitamos torcernos un poco como cuando subimos sobre la mesa para desenroscar una bombilla fundida), un poco apartados, los edificios construidos por Acli (asociación de trabajadores católica, ndt). Estos edificios, construidos al inicio de la década del nuevo milenio, marcan dos partes bien distintas de Via Giambellino. Justo después del semáforo, pasada una delegación del sindicato CGIL, el vehículo se abre la vía entre las viviendas protegidas construidas en los años 30, en plena época fascista, edificios de cuatro plantas, con el yeso desconchado que dibuja figuras abstractas en los muros, con las parábolas que brotan sobre los balcones de pisos a menudo vacíos y ladrillados para evitar okupas. Pegados a los muros de estos edificios, se distinguen grandes paneles publicitarios, bajo de ellos los carritos abandonados de los supermercados vagabundean y parecen tener vida independiente, sin la moneda en la cerradura.

En periodo de campaña electoral, los años pasados, sobre estos mismos muros destacaba siempre la grande cara de Berlusconi, el maquillaje contrastaba de manera significativa con el yeso deshecho de los edificios que la rodeaban y soportaban. En frente, resiste el cartel del Pussycat, uno de los últimos cine porno de Milán. A continuación, Plaza Tirana, y luego la recta avenida que llega al final de la corsa. La acera derecha es Milán, si cruzamos la calle estamos en Corsico. Las líneas de confines son lugares que desvelan conductas que suelen ocultarse. En Canton Ticino (región de la Suiza italiana, ndt) por ejemplo, los suizos han construido un vertedero a pocos metros del borde con Italia. Y también aquí, entre Milán y Corsico, la situación es parecida: se trata siempre de desechos, pero de otro tipo.

Caminamos hacia los palacios de vidrio, bajo un cielo uniforme y pesado. Sobre seis de estos edificios destaca el logo de Vodafone. En el otoño de 2007, Vodafone llevó a cabo la venta más grande (hasta ahora) de trabajadores en Italia: 914 personas reubicadas desde las sucursales en toda Italia y cedidas por esa multinacional (con beneficios de millones de euros) a una pequeña empresa, Comdata Care, creada al día, una caja vacía nacida para recoger el negocio (las actividades vendidas) más que los trabajadores. Comdata Care se sitúa en el edificio de la casa madre, Comdata, a 300 metros de Vodafone, pero es como si fuesen 3000 kilometros, justo al borde entre Milán y Corsico.

Desde lejos, el edificio de Comdata parece la cárcel de Opera (uno de los penitenciarios de Milán, ndt). Es un bloque rectangular, cuatro plantas de hormigón extendidas en horizontal, puntilladas de ventanillas cuadradas. En este edificio, sin marcas ni logos, trabajan unos ochenta supervivientes de aquella operación financiera, titulada “enfoque y especialización de competencias”, como está escrito en el convenio ministerial del 2007. La venta de 914 personas ha sido posible gracias a uno de los artículos más controvertidos de la ley 30, la dichosa “cesión del ramo empresarial” que, en la práctica, rende inútil el artículo 18 de la Ley del Trabajo (artículo que estableciendo una indemnización altísima de hecho impide el despido improcedente, ndt). Para hacer una flor hace falta una rama / para hacer una rama hace falta el árbol, escribía Gianni Rodari en la letra de una antigua canción, sin embargo para los legisladores italianos, los de derecha que se entusiasmaron con esta ley como los de izquierda que los siguieron en el gobierno y no la cancelaron (agarrados en la patética contradicción entre flexibilidad y precariedad), la rama es independiente del árbol, no es estrictamente ligada a la planta y puede ser podada en cualquier momento. La rama puede tener vida autónoma, más bien ya era autónoma antes de la poda.

En los días de la venta un ejército de expertos sostuvo la operación: “No cambiará nada”, decían, los trabajadores estarán protegidos por siete años, la duración del acuerdo. Había que mirar adelante, hacia nuevas metas. Lo decía (y sigue diciéndolo) Pietro Ichino (diputado del partido de centro-izquierda PD, ndt) cuyo bufete defendería luego a Vodafone de las demandas de los trabajadores. Pier Luigi Celli, exdirector de Omnitel, la empresa italiana absorbida por Vodafone, escribió en el Corriere della Sera que “la seguridad (del empleo) a toda costa está trayendo a los trabajadores más daño, a largo plazo, que verdaderas mejoras”.

Ya en el año 2010 el trabajo por el cual 914 personas fueron cedidas se había trasladado en Galati, Rumania. Una infracción del punto 11 del acuerdo ministerial, según el cual “no está prevista ninguna forma de subcontrato para las actividades objetos del acuerdo”. Galati es una ciudad de 300 mil habitantes, en la orilla del río Danubio, al borde con Moldova. Algunos trabajadores italianos de Comdata Care se fueron a Galati para la formación del personal rumano que luego trabajaría en su lugar.
Siempre hay alguien dispuesto a la eliminación de otra persona, aún si, paradójicamente, esto lleva a auto eliminarse. Las empresas como Comdata (con plantillas de miles de empleados) utilizan en mayoría a interinos o personal con contratos de bajo nivel y a menudo la misma tarea la desempeñan trabajadores con cuatro distintos contratos. Comdata es proveedor de más de 40 grandes empresas, como Telecom y Wind (telefonía), Enel, Eon, Edison (energía), Banca Mediolanum, Mondadori. Empresas como Comdata utilizan un sistema de encadenamiento a la baja por el cual, en Galati, se emplea mano de obra rumana en competición con la moldava, que vive a pocos minutos de distancia, impulsando los viajes entre fronteras entre Galati y Cahul, la ciudad moldava al otro lado del confine. Un trabajador en Galati cobra 1000 rones para 6 horas y 10 minutos de lunes a sábado. 1000 rones son 230 euros al mes.

El neologismo que describe esta práctica de dura explotación, deslocalización, apareció en el diccionario ya en 1991, nada más caer el comunismo en Europa del este. Sin embargo, en los años 90, deslocalizar representaba la producción material de bienes: lavadoras, coches… En los años 90 las empresas del sector telecomunicación, seguros o bancos todavía invertían en la formación del personal en Italia. Pero en la última década el único objetivo ha sido el ahorro y el aumento de las ganancias. A este capitalismo depredador, sin cultura del trabajo, le falta no sólo la ética sino también un objetivo industrial a corto plazo, se concentra únicamente en el informe diario de las piezas producidas o practicas despachadas sin que le importe el cómo. Es un capitalismo que considera los lugares como un accesorio sin importancia, gracias a la tecnología. El verdadero lugar de la deslocalización es ningún lugar, la indeterminación fluctuante, es el flujo de datos que llega a un terminal en las afueras de Galati, donde la mano de obra y las oficinas cuestan mucho menos que en Milán.

El trabajo inmaterial traído a Rumania por las empresas italianas es la representación de un fantasma, como las naves milanesas vacías o convertidas a otro uso. Los clientes de una compañía telefónica o de un banco, por ejemplo, tienen que enviar por fax copia de su tarjeta de crédito, el IBAN y el DNI. Se trata de datos privados, los clientes titubean, dudan, pero al final envían todo a un número italiano. La tecnología convierte los faxes en formato electrónico, para gestionarlos en cualquier zona del planeta, en nuestro caso en Galati, donde los trabajadores hablan también italiano. Los DNI del los clientes viajan en el etéreo digital y se topan con el teclado de una empleada que se levanta a la primeras luces en Cahul, Moldova, sale en el hielo de la mañana y coge el autobús hasta el confine y de allí la coincidencia por Galati donde teclea el nombre de usuario para el acceso a la red de una empresa italiana, la contraseña derivada del nombre del novio o del hijo, y desde ese instante la empleada está ganando, para una jornada de 6 horas, 9,58 euros, o sea 1,59 euros por hora.

El capitalismo italiano tiene el problema de gestionar la eliminación de los residuos, sean industriales o humanos. Ha consignado las personas en edificios anónimos al margen de las ciudades, a lo largo de las líneas de confine, en la espera que lo débiles vínculos contractuales (ya en su mayoría violados) caduquen. Igual que ocurre en algunas estaciones de ferrocarriles olvidadas, donde carros tóxicos esperan su destino durante años, antes de desaparecer quien sabe dónde. En el caso de Vodafone, la mayoría de los 914 residuos era formada por mujeres entre los 30 y 40 años, con hijos. En el grupo había también discapacitados y algunos sindicalistas indeseados.

Desacostumbrados a formas de lucha colectiva, educados desde décadas según el mito dominante que el conflicto laboral es algo vergonzoso, sinónimo de derrotados y perdedores, a los trabajadores  se requiere un esfuerzo individual, callado y aséptico, para enfrentarse a una legislación que sólo puede agravar situaciones ya graves y endémicas, ignoradas por una política ensimismada y esclava de otros poderes. Y un gobierno político como lo de Monti, disfrazado de técnico, de médico de cabecera con la bata del paternalismo, sólo puede empeorar las cosas, aplazando la edad de jubilación mientras, en la realidad, los trabajadores son indeseados ya a los 40, a menos que no acepten condiciones rumanas o, mejor, moldavas.
A pocos centenares de metros de Comdata, se halla un área de 260 mil metros cuadrados, vallada y precintada por la fiscalía desde noviembre de 2010. Es la antigua cantera Garegnano, cuya extensión llega hasta el final de la línea de metro y hasta el borde de la cárcel Beccaria (cárcel para menores de edad, ndt).

En esa cantera por muchos años se ha sepultado todo tipo de residuo industrial y urbano, amianto, diluentes, metales pesados y dioxina. La junta anterior había autorizado la construcción de viviendas, oficinas, tiendas para acoger más de 5000 personas. Desde luego el agua está envenenada. Los ancianos, que tenían huertas sobre esa tierra, han comido alimentos contaminados.

Los padrones olvidan que los residuos, de cualquier tipo, aún si comprimidos y callados, finalmente liberan el mal que con dolor han sufrido y encerrado en si, y el morbo se expande por doquier desde las entrañas de la tierra a la superficie, en forma de trágica y alegra liberación.


Fuente: www.ilmanifesto.it  

lunes, 9 de enero de 2012

Capítulo quinto de una serie de relatos autónomos y articulables entre sí

por Jose Luis Diaz Arroyo - "El Faro Crítico"

No había asunto que exigiese urgencia alguna. La memoria de Sharon fallaba cada día más. Faltaba el gancho, una primera palabra que tirase de la secuencia. ¿Empezar por algún lugar que no fuera el comienzo? También intentó rescatar algo del medio y fijar cierto armazón que permitiera ya no tanto edificar una torreta bien asentada, sino, más bien, montar la carpa diasporádicamente espaciosa de un circo. Comenzó allá y dejó que el discurso que había preparado con Begoña, Sam y Víctor apareciese de un modo distinto.  

Enyentre: dos árboles / la luna y mi imperceptible sombra a media noche pegado al suelo / la armadura de sí menor de su silbido y el recuerdo de cómo era antes.
Sininminenciádese: susurran las ramas sin hojas / las nubes se oscurecen y tensan en busca de un relámpago / se va y está más aquí que nunca.
Mientrasiadonde: se mantenga esta secuela imperfecta / permanezca todo cuasi apagado conozco más las zonas bellas / la muestra no diga lo contrario.
Consegunosí: el parecer escotado de un ensueño / maniobras sinestésicas oclusivas que esclarecen su amor propio / la violenta ligazón quimérica que nos reúne.
Asemejacábenhay: una acera polvorienta / lo que suscita un charco del suelo / alegrías exigentes.
Desdehaciasusú: ya / nosotros / el fuego.
Antesiundemis: el altar mayor de la plaza del mundo / la no apropiación de mis cosas a través de ellas / un visillo prismático de nuestra posición anterior.  

Con la fingida apariencia de una sonrisa espontánea, Sharon miró las ruinas del templo, arriba, muy arriba, en el acantilado. Su cuello tuvo que alzarse tanto que llegó a olvidar, incluso, a quién esperaba y qué hacía allí.
Se oyó una carcajada. Alguien alzó la voz al cielo. Un rudo gemido sin respuesta colmó un acantilado cercano. ¿Dónde estaba todo el mundo? Sin niños jugando a la pelota, corriendo tras una bola de aire insensible a los golpes auráticos de sus pies, las calles parecían excesivamente recargadas. No había apetito alguno que liberase los paseos, las amplias avenidas con zonas verdes fingidas, los falsos colegios o las pistas de desplazamiento masivo humano.
El cantar de la comba se había extendido demasiado. Sus lecciones resonaban con frecuencia. Claro que el barquero había dicho que las niñas bonitas no pagan dinero, pero, ¿y las feas?, ¿y los niños tontos, guapos o ambidiestros? Exigido por la emergencia de no caer sobre la acordada cuerda, uno estaría dispuesto a renunciar a su propia belleza, a algún que otro capricho accesorio, pero nunca a cuestionarse por el pago, por la necesidad de cruzar el río, de usar la barca del barquero. Yo no soy bonita, no tengo dinero, y realmente me da igual no pasar la barca porque en esta ribera del río se está de puta madre, parecía pensar Sharon.
Un coche se detuvo frente a ella ocupando los dos carriles de la avenida.
Peter O´donell bajó del coche.
- Buenos días Sharon, me alegro que hayas sido puntual, he traído el contrato para que lo firmemos cuanto antes y meter ya mismo las máquinas excavadoras... si nos damos prisa creo que para finales de año tendremos la primera fase concluida. La llamaremos fase Gutentleb, en honor a tu padre... ya verás, será precioso... cada casa con su jardín propio orientado hacia el mar y...
O´donell se detuvo ante el silencio de Sharon. Sus labios, rostro y cuerpo decían nada.
- ...y claro, por supuesto todo esto respetando el medio ambiente. Sharon, sé que esas cuestiones te preocupan, así que he incluido en el proyecto final que cada vivienda tenga lo último en paneles solares. ¡Y todo de serie! No te puedes imaginar como avanza esa tecnología, con un par de ellos bien situados podemos conseguir un rendimiento energético de 1200W/m2, las facturas de la compañía eléctrica se reducirán una barbaridad. Es una maravilla, ¿verdad?
- No, no hay acuerdo, ni trato, ni nada parecido. Haremos algo distinto en este lugar, ¿se entera señor O´donell?
- Pero Sharon. Si no firmas vas a cometer un gravísimo error. Las condiciones que te ofrezco son inmejorables, y todo por la amistad que me unía a tu padre...
- Le digo lo mismo, hemos pensado que esta tierra tiene otros planes.
- ¿Hemos?, niña el terreno es tuyo, no deberías dejarte manipular por esa gente rara que acoges en tu casa. Y además, por tu enfermedad, necesitas cuidados especiales, profesionales... si tu padre viviera no permitiría nada de esto.
- ¿Sabe qué O´donell?, que justamente por mi enfermedad apenas recuerdo a mi padre. Y sinceramente, si era tal y como usted le describe, no le puedo decir que me entristezca carecer de esa referencia tan determinativa.
Marc O´donell, enfurecido, entró en su coche y se alejó a toda velocidad.
Sharon se quedó a solas. Vigorosamente miró de nuevo a lo alto, al contorno del acantilado que presentía el final encuentro con las olas y el cielo. Había una capilla derruida, casi cochambrosa, y un camino zigzagueante llevaba hasta allí.
Avanzó protegiendo sus ojos de la luz cenital del mediodía, cuidándose de que el reflejo lanzado por el mar no la deslumbrara.
- ¿Qué tal ha ido? - preguntó Víctor todavía desde lejos cuando vio aproximarse a Sharon.
- Quedan confirmadas nuestras sospechas: O´donell es un capullo integral. Me ha soltado la idéntica cantinela de siempre.
- Bueno, para algunos eso era más que una sospecha...
Rieron y bromearon durante un buen rato y se repartieron las tareas del día. Víctor y Sam continuarían buscando piedras para levantar el muro sur de la capilla. Sharon, junto a Begoña, comenzaría ese día la temporada de recogida de castañas.
Antes de partir, Sam estiró su cuerpo. Dejó que el sol lo bañara. No es que quisiera calentarse, era primavera, no hacía mucho frío. Tampoco pretendía que su piel tomase tonos más oscuros, no al menos en principio.
- Buenos días amigo sol -dijo en voz alta.
Siempre se sorprendía al escucharse decir aquello. El día no era sin sol, el buen día era pues el buen sol, y el sol además le cuidaba, recibía y acariciaba mientras permitía, también, que su base fisiológica metabolizara ciertas substancias necesarias para su cuerpo. “Qué buen amigo es, y yo a cambio”, pensaba a veces, “estoy, no hay a cambio”.
- Buen sol sol soleante – rectificó enseguida.
- Buen sol para ti también, ¿nos vamos? - respondió Víctor y marcharon.
Ambos caminaron hacia al castañar mientras canturreaban. En los árboles abundaban los frutos maduros. Los más, ya habían caído al suelo y los jóvenes se alegraron de tener que trabajar sentados.
- Oye Sam, ¿qué es eso que hay ahí?
- ¿Dónde?
La vista de Víctor era cada día peor y sólo pudo levantar el brazo apuntando hacia la playa.
- Allí.
Era un hombre tendido, un cuerpo durmiente en la arena. Avisaron a Sharon y Begoña y pronto todos le rodearon.
- ¿Estará muerto?
- No, todavía respira, escuchad.
El oído de Begoña era cada día peor y sólo pudo pedir a sus compañeros algo de silencio. El mar se calmó.
- Sí, está vivo - reconoció Víctor.
Le dieron la vuelta y vieron que llevaba un uniforme. Llevaba algo escrito en el pecho.
- Son números y letras pero apenas se aprecian. Tal vez por el relieve... - comentó Sam.
El tacto de Sam era cada día peor y sólo pudo rastrear las cifras bordadas sobre el uniforme del hombre tendido.
- Dice 587-B.
- Que extraña numeración... - respondió Sharon - ¿qué querrá decir?
Que a quien le fallaba la memoria fuera quien mejor se hacía entender, que el que no veía mucho fuese quien más profundamente observara, que el que no oyera fuera sin duda quien mejor atendía, y que quien apenas podía tocar resultase ser el que mejor conocía los contornos de lo tocado, no sorprendió en absoluto a Trebor, aún sin saber él mismo que su nombre era Trebor. Tal vez esto tuviera que ver algo con aquello, y tal vez también tuviera que ver con que cuando abrió los ojos, en efecto sin tener noción alguna de dónde venía o qué hacía allí, miró a los cuatro y sonrió. Ni se preguntó ni les preguntó nada a los jóvenes. “ Tengo mucho hambre “ es lo único que dijo. Y marcharon a comer.

domingo, 4 de diciembre de 2011

15M La revolución como una de las bellas artes



Este libro no pretende dirigir nada, y menos lo indirigible, no pretende ser conciencia de nada ni de nadie. No pretende imponer unos programas fijos dados de antemano. Este libro sólo pretende dar que pensar, aportar ideas y, sobre todo, dotarnos de espacios, de cuestiones y perspectivas, y de tiempos diversos para que podamos pararnos a pensar sobre aquello que ocurre, sobre el cambio que están viviendo nuestras sociedades y poder aportar a ese cambio, lugares, pues ahora se abre el lugar de nuestra oportunidad.


Somos un grupo heterogéneo que trabajamos desde hace tiempo en imágenes, pensamientos, economías, políticas, investigaciones y acciones conjuntas. El nombre “Faro Crítico” indica que nuestra labor es precisamente la de orientar (no dirigir), la de poder iluminar vagamente los límites y linderos para que los barcos de nuestro mundo sepan que pueden encallar si van más allá de su límite propio, del lugar donde pueden habitar.


Este libro es un conjunto de artículos heterogéneos que enfoca, desde diversas perspectivas el Acontecimiento 15 M; desde la crisis, sin la necesidad de la crisis; desde algunos modos de la postmodernidad, contra una forma capitalista de postmodernidad; desde enfoques históricos, éticos, filosóficos, éticos, físicos, etc.


Un conjunto articulado de análisis de un acontecer que parece articular las diversas izquierdas.


Este libro, en esta situación concreta, no pretende dirigir nada, sí animar a que no desfallezcamos. Quizá en este momento es cuando la crisis puede ser definitiva para cambiar el in-mundo en el cual la sociedad del bienestar nos dejó sumidxs y adormecidxs. Es hora de pensar, es hora de actuar. Juntxs.


Documental sobre "15M La revolución como una de las bellas artes"






Presentación sobre "15M La revolución como una de las bellas artes" en Universidad de Murcia (Junio 2012)
http://tv.um.es/video?id=36481&autoplay


Presentación Sala Triángulo en Madrid (02 de Diciembre de 2011):







Presentación Traficantes de Sueños en Madrid (29 de Diciembre de 2011): 
Escuchar Audio

Entrevista en Tegi:
http://www.tegimedios.com/index.php/tegi-entrevista-a-los-autores-del-15m-la-revolucion-como-una-de-las-bellas-artes.html

Editorial:
http://www.edicionesamargord.com (tienda on-line)
http://www.edicionesamargord.net (blog)

martes, 25 de octubre de 2011

Capítulo cuarto de una serie de relatos autónomos y articulables entre sí

por Jose Luis Diaz Arroyo - "El Faro Crítico"


Por ausencia absoluta de cualquier mínima capacidad de concentración, abandonó los apuntes encima de la cama. Flexionó un poco más las rodillas para oler su propia piel. No le gustó el olor, todavía era demasiado parecido al de Tom. Echar un poco de vaho sobre la superficie y frotar para que reluciera de nuevo ya no era suficiente. Se hacía necesario cambiar el perfume de su vida. Otro detergente, otro suavizante, cambiar también colonia y desodorante. Todos ellos ya no valían, acechaban sus recuerdos demasiado a menudo, con excesiva vehemencia. “Tal vez si me tomo un trago los olores cambien solos”, pensó Greta. Y dio comienzo a la salmodia auto-justificadora que, como cada noche, pretendía apaciguar su conciencia. “Todo es pasajero, yo no tengo culpa de nada”, se dijo y bebió. “Las decisiones nunca son erróneas, hay que avanzar” y bebió de nuevo. “Yo solamente quiero no sufrir y estar bien” y acabó la botella de ron.
Tomó impulso y la silla giró azarosamente hasta toparse con su cama. Encendió la pantalla del ordenador y buscó los restos de Tom. Frente a ellos, habló tal y como su asesor psíquico le había recomendado.

Me preguntas por qué lloro
me
me
por qué lloro a medias sin ti
tú que te ti
tú que te fuiste sin avisar
o me avisas
te
te
¿o me avisaste y no te recibí?

Un bis es tan difícil una vez
allí y no aquí
una vez muerto
no te vi ni recibí
y aún estás
aquí a medias sin mí
sólo con mi a medias sin ti
mi miedo a la existencia
miedo existencial a lo que se queda en tus fotos
to fo contigo los dos
siempre sonriendo
to do contigo los fos
siempre un flash arriba al que miramos juntos.

¿Juntos?
Al mismo t por separado
t

y yo
sin encontrarnos
capturados en una rápida instantánea de nuestra separación primorosamente arraigada.

Si preguntas por si
mejor así que no un sí
mejor así que no sin mí
mejor así que sin la menor tolerancia a la basura galáctica que se desprende de tu interés.
¡Interés para qué!
Caminar juntos
tomar té sin querer tomar nada de ti
sin olvidar las ventajas de ser un transeúnte acompañado
de ser uno que hace camino acompañado
de no ser
eso sí
acompañado
me propongo responder sólo por acasos hipotéticos
a la sutura tectónica que me agita y exige
apodícticamente
que me deslinde de ti.

Tom Shadow había muerto ya hacía tres meses. Cuando las extrañas circunstancias de su muerte se aclararon, un torrente de preguntas y dudas acecharon a sus amigos y familiares. Pero sólo Greta se sintió, tal vez por ser la última en verle, deshecha y, en cierta medida, responsable de su suicidio. Tan desgarrada y triste como se hallaba, una noche más, alcohol y angustia se continuaron mezclando frente a la pantalla del ordenador.
Greta contuvo unos segundos el hipo pero finalmente vomitó parte del alcohol que había ingerido. Sin apenas alterarse, lamió los restos que quedaban en sus labios y miró una vez más las fotos de Tom. “Anda, no recordaba que hubiésemos estado en esa playa, qué guapo estás”, escribió rápidamente con el teclado, “qué bañador tan bonito llevas aquí, ¿es el que te compraste en los Harrod´s?”. Sus manos volaban llevadas por un movimiento sostenido que hacía que los dedos se confundieran y multiplicaran sobre el teclado. Señalaban vías pre-situadas en su mente que instantáneamente se hacían letras. Una digitalización más, una piscina enorme sin bordes ni escaleras, “en aquella estuvimos, en esta no, ¿y qué te parece este color para las cortinas del baño?”. Cada comentario de Greta iba acompañado de un click sobre la foto observada. Siempre un narcisista “ME GUSTA”, y la desilusión de comprobar que ya hacía más de cien días que no se renovaba ningún contenido. “Tom, como conozco tu clave, ¿no te importará que cuelgue alguna cosita nueva en tu facebook, verdad?”.
Aguardó unos segundos la respuesta virtual de Tom. Desencantada por la espera se levantó al baño mientras gruñía reprochando el descuido de su ex-novio. Con Greta ya de vuelta, botella en mano, Tom, por fin, respondió.
- Basta ya, déjame en paz. Permite que me vaya de una vez. Me quise ir, ¿recuerdas?. ¿Por qué no me respetas, por qué me atrapas todavía aquí? Aquí ya soy inodoro, no me puedes tocar, ni oír, ¡déjame que alcance también la invisibilidad!
- Ni de broma, Tom. Aquí podemos seguir estando juntos, aquí todavía te puedo ver y contar mis cosas. Por cierto, ¿sabes que ayer vi a tu primo Juan y su mujer está embarazada?, ¡ah!, bueno ya casi se me olvidaba, ha pasado algo super fuerte, los cereales super-chocs, tus favoritos, han renovado su edición de “avances de la nueva ciencia”. Y ha habido una revolución en Portugal...
- ¡No!, bórrame por favor, no quiero que quede nada de mí expuesto. Entiérrame de una vez, y que sea de día para que pueda gozar, por fin, de algo de sombra, aunque sea de la sombra de una lápida etiquetada que no deja de emborronarse y aclararse al son que marca el día y la noche.
Greta asintió llena de furia. Era su última voluntad, cómo no obedecerla, cómo no respetar sus deseos aunque ello conllevara la disolución de toda interdependencia.
Tecleó en el buscador “dar de baja a cuenta de facebook”. Tan sólo siguió instrucciones: introdujo la clave de acceso de Tom y, ya desde su cuenta, buscó un botón muy grande que decía “dar de baja a la cuenta”. Ante él esperó, “Bien, si esto es lo que deseas, yo te ayudaré en tu suicidio...”.
Greta esperó a que amaneciera y cliqueó el botón. Pegó otro trago y soltó la botella que cayó al suelo.
Se levantó y comprobó, ya desnuda frente al espejo del baño, lo delgada y estilizada que estaba. Tras una ducha, marchó a trabajar como un día más, tratando de obviar que por la tarde tendría que volver a enfrentarse a sus apuntes.
Al llegar a la calle el autobús 738 ya se estaba alejando. Aceleró el paso en un intento de persecución que rápidamente se mostró insuficiente, y continuó caminando, más despacio, en busca de la siguiente parada.
Alguien gritó a su espalda, mas Greta, que no paraba de recordar que si no hubiera tenido que lavarse y secarse el pelo esa mañana no habría llegado tarde a la parada, no escuchó nada.
Más voces aparecieron tras ella, un griterío parecía seguir sus pasos. “Sí, sí, sí, no nos vamos de aquí!!”, y también, “Que no, que no, que no nos vamos ya!!”. Mientras tanto Greta, ajena a la alegría de los cánticos, no cesaba de dar vueltas a la pérdida del bus. Ahora pensaba que llegaría tarde de nuevo al trabajo, que tendría que aguantar las miradas y silencios tensos de su jefe, y que nada de esto pasaría si pudiera comprarse un coche, no uno cualquiera, sino el coche de sus sueños. Agobiada y plácidamente adormecida por la cantinela, sólo se enteró de que había sido engullida por la muchedumbre cuando quiso detenerse para buscar un cigarrillo en el bolso. Se sintió movida, llevada más allá de donde su voluntad marcaba, y se sintió bien. Pero la sensación duró poco, tan poco como el tiempo que la muchedumbre tardó en dejar de ser masa.
Greta giró la esquina de su calle y se topó con el parque de Eastwood. Cada árbol, cada fuente y cada parada de autobús estaba rodeada de gentes que al ver las que seguían a Greta comenzaron a gritar también.
“¡¡Estamos y vamos, estamos en los márgenes!!”, fue el grito que dejó de arrastrar a Greta. Tras ella centenares de personas comenzaron a pasarla por delante y a ocupar arcenes, medianas, árboles y paradas de autobús.
Preguntó a una joven qué ocurría, si huían de algo, y ésta sólo le pudo responder que no, que por fin, no huían ni se dejaban llevar, sino que vivían y hacían públicos los lugares en los que habitualmente no se estaba. “Estamos dignificando la ciudad, llevando a ciudad esta cosa donde hasta ahora sólo residíamos”, respondió también, pero Greta se quedó extrañada por la respuesta y siguió mirando alrededor en busca de alguna causa que explicara todo aquel jaleo. Una pancarta que decía “POR TREBOR, TU SACRIFICIO NO QUEDARÁ EN BALDE”, pareció cumplir sus expectativas. Ese tal Trebor sería el líder de estas gentes, seguro que algún maleante que habría sido justamente prendido y cuyas dudosas virtudes habrían sido exageradas y tomadas como ejemplo identificatorio por el resto. “Seguro que estas gentes se hacen llamar Trebistas, Treboristas o algo así”, pensó.
Algunas sirenas de policía sonaron a lo lejos. Greta se sintió más tranquila.

martes, 19 de julio de 2011

¡VIGILAD AL VIGILANTE!

por FKastro - "El Faro Crítico"


Fuimos reconvertidos en acumulación, introducidos en caminos, encerrados en depósitos. Civilizados a golpe de fármacos. Sometiendo nuestro tiempo al cronómetro de un deber que no es el nuestro. Nuestros afectos los trasladamos a la clandestinidad. Las irregularidades que veíamos y vemos renacer una y otra vez, aísladas en lo recóndito. Nuestras diferencias las pulimos en pos de lo idéntico. Hemos cumplido con las instrucciones infinitas, con los nombres que sustituían a otros nombres. Adoptamos eufemismos que nos subrayan. Psiquiatrizamos nuestras anomalías. Normalizamos relaciones, referencias y conflictos. Somos servicios a ofrecer, tiendas propias con nuevas líneas de temporada. Ni siquiera sabemos si teníamos voluntad, voz, volumen, Verdad. Pero hemos seguido encontrándonos, una y otra vez, con que, lo mejor de nosotros, lo que somos, brota regular y estacionalmente. Pero colonizados, hemos decidido resignarnos por miedo, necesidad o integración.

Hemos discutido hasta que suena la campana que avisa del desastre. Hemos huido de la diferencia como si fuera nuestra ruina, psiquiátrica ó no. Noches aciagas de soledad, incomprensión y silencio, que nos han obligado a recomponernos al día siguiente, donde iniciamos repetidamente la apertura de nuestro stand.
Pero toda esta disciplina, toda esta labor por cuidarnos, por preservarnos ante lo incierto de cualquier desenlace, no ha impedido que una y otra vez nos señalen, nos apunten con el dedo como seres ortopédicos, desangelados, siempre a medio hacer, a medio completar.

Hemos puesto de nuestra parte, pero aún así, no han dejado de vigilarnos.

Todos nosotros reconocemos el poder invisible que nos ha unificado en nuestras trayectorias vitales: Familias, profesores, jefes, banqueros, políticos, policías. Han procurado observarnos minuciosamente para detectar nuestras anomalías, y entonces clasificarlas, diagnosticarlas, separándonos brevemente del circuito de la normalidad, para arreglarnos, para borrar lo distinto, la mancha sin forma, y después, colonizados por lo repetitivo, nos han devuelto al circuito de la normalidad vigilada.

Disciplinándonos continuamente.

Ellos tienen voz, y cuerpo, y se saben instrumentos de vigilancia, dispositivos de poder, vectores de autoridad. Han jugado con las cartas (marcas, siempre marcadas) de la necesidad, la psiquiatría o el miedo. Y sobre todo, en ningún momento, desde una televisión, el trazado definido de una arquitectónica, o el hábito del resto, NO HAN DEJADO DE VIGILARNOS. Modelar es su objetivo. Borrándonos para ser el resto.

Pero ya no, se acabó. Seres desangelados, ortopédicos. Anomalías aisladas hasta la mudez. Ahora nosotros vamos a vigilar al vigilante. A las autoridades que ilegalizan.

Estaremos allí, todos los seres a medio hacer, a medio construir. Nos plantaremos con nuestras armas: Pupilas y voz. Cuando ejerzáis vuestra reordenación, nos uniremos en lo público para controlaros. Porque nuestro control va a ser seguiros, observaros y hablaros.

Nuestra amenaza es que no hay desenlace definido.
Vigilaremos al vigilante, que ante la inversión, sentirá el vértigo de un papel que no puede representar. Pasearemos a distancia, cerca quizás, de policías o banqueros, de jefes que extorsionan o funcionarios que ejecuten desahucios.

Vamos a vigilar a los vigilantes del orden, para que comprueben el vértigo de lo plural, de lo público. Ya inscribisteis sobre nuestros cuerpos las reglas a fuego, dejándonos agotamiento y trastornos. Pero os seguirán nuestras voces. Y no sólo dónde ejerzáis vuestra clasificación y autoridad. Pasearemos a vuestro lado, como espejo del escarnio público, para que vosotros, vigilantes de lo único que debe hacerse, al menos durante un día, dejéis de ser vigilantes de lo privado, para haceros como todos nosotros: Público.

Somos irregulares, anomalías, pero no podemos continuar con vuestras miradas severas, con vuestras leyes que nos quieren hacer desaparecer. Cuando paseéis por las calles (públicas) con vuestros allegados (públicos) estaremos ahí.

Toda calle será plaza, toda persona será pública.

Vuestra autoridad es la nuestra. Porque vuestro escenario de marginación, clasificación y contención, es también el nuestro. Cuando ilegalicéis, desahuciéis y prohibáis, seguiremos ahí, en el único lugar donde las diferencias que nos habéis impuesto que escondamos, podemos mostrarlas entre iguales.

Que no cunda el pánico, que no salten las alarmas esquizofrénicas de lo único. Sólo observaremos y hablaremos. Esas serán nuestras armas. Las únicas, que tras este tiempo cronometrado, siempre nos pertenecen. A nosotros, a estos seres desangelados, ortopédicos, a medio hacer, a medio construir. A medio completar.

jueves, 7 de julio de 2011

Capítulo tercero de una serie de relatos autónomos y articulables entre sí

por Jose Luis Diaz Arroyo - "El Faro Crítico"

Mero. Un mero. Un mero cobarde. Salva un mero cobarde. Salvaguarda un mero cobarde. Salvaguarda a un mero cobarde. Quien salvaguarda a un mero cobarde. Quien salvaguarda frente a un mero cobarde. Quien se salvaguarda frente a un mero cobarde. De quien se salvaguarda frente a un mero cobarde. ¿De quién se salvaguarda frente a un mero cobarde? ¿De quiénes se salvaguarda frente a un mero cobarde? ¿De quiénes se salvaguardan frente a un mero cobarde? ¿De quiénes no se salvaguardan frente a un mero cobarde? Pienso, ¿de quiénes no se salvaguardan frente a un mero cobarde? Y pienso, ¿de quiénes no se salvaguardan frente a un mero cobarde? Yo pienso, ¿de quiénes no se salvaguardan frente a un mero cobarde? Yo pienso mientras duermo, ¿de quiénes no se salvaguardan frente a un mero cobarde? Yo pienso aún mientras duermo, ¿de quiénes no se salvaguardan frente a un mero cobarde?
De nuevo, una noche más, se había pedido a sí mismo no hacerlo. Con su otorgamiento, llegó mucho antes. Sentado en el filo de la cama, trató de ordenar aquella madeja onírica. Tomó un papel y escribió unas pocas ideas que completasen las anotaciones de la mañana anterior. Enseguida llenó el folio.
Ya en pie se estiró y alzó la persiana del cuarto repitiendo en voz alta la liturgia de todos los días: “hoy será el mejor día de tu vida, alégrate”.
Marcó unos pocos números en el teléfono.
- Tintorería de Peter.
- Hola, soy el doctor Tom Shadow quería saber si podría recoger el traje que les dejé.
- Claro doctor Shadow, ya lo tenemos preparado.
- Perfecto, en treinta minutos pasaré a por él.
- Nos vemos entonces doctor.
Colgó el teléfono y, aún entre bostezos, se preparó una taza de café. Se asomó al brebaje y la finísima columna humeante que escapaba de la taza le acarició la nariz. Algunos recuerdos agradables acudieron de inmediato: aquel viaje a Portugal, sus gentes sencillas y despreocupadas, los enormes campos verdes, su selva virgen, naturaleza fuera del alcance del tiempo y... Greta. Recordó que debía hablar con ella, pero sería más tarde, antes debía completar su lista de tareas para hoy.
Se metió en la ducha y puso el temporizador en tres minutos y treinta y cinco segundos. Se secó, vistió y salió a la calle.
Enseguida llegó a la tintorería.
- Hola doctor, le estaba esperando, aquí tiene su traje, ¿qué me va a dejar hoy?
- No Peter, muchas gracias, hoy... no tengo nada – y miró al suelo tratando de disculparse.
Peter, el dueño de la tintorería, miró también al suelo extrañado. Hacía quince años, desde que el doctor era estudiante, que cada día sin falta le había llevado alguna prenda, ya fuese una corbata, una camisa con una mancha difícil o un pantalón para planchar.
- Muy bien..., que tenga un buen día doctor, hasta mañana.
- Adiós Peter.
Salió de la tienda y caminó muy deprisa hasta el portal. Dejó el traje en casa y tomó su lista. “Esto ya está”, y tachó la primera frase de una serie de cinco líneas. “Ahora tengo que recoger mis discos de casa de Marc, ahhh, pero antes bajaré los pájaros a la vecina”. En una hora ya estaba de vuelta, la segunda y tercera línea de su lista tachadas y dispuesto a afrontar la cuarta que sugería hablar con Greta.
- Hola Greta.
- Hola, ¿qué tal?
- Bien, ¿ya estás en la ciudad?, ¿fue todo bien?
- Sí, he llegado hace un par de horas, ya te contaré.
- Vale, yo también te quería contar algunas cosas, ¿cuándo podemos quedar?
- Pues mira, tengo treinta minutos libres y estoy muy cerca de tu casa, si quieres puedo pasarme por allí.
- Perfecto, pues te veo ahora entonces.
Tom colgó y comprobó en su lista cuál era la próxima tarea a realizar. “Treinta minutos, perfecto, tiempo suficiente para que los ingredientes se cuezan a fuego lento”, pensó mientras entraba en la cocina. Se subió a una silla y sacó del armario una bolsa de papel marrón muy desgastada y arrugada en la que se podía leer “ESPECIAS”. De ella tomó un par de botellitas de cristal de colores y formas distintas. La primera fina y cilíndrica, llena de un espeso líquido verde que trataba de asomarse tras la alargada etiqueta que sobradamente daba soporte material a la fórmula química escrita en ella. La segunda, muy curva casi esférica pero recortada por los extremos, contenía un polvo blanco, fino, muy fino. Mezcló dos partes de líquido verde por una de polvo blanco en un cazo y echó un vaso de agua. Lo agitó y agitó hasta formar un masa homogénea de un color verde muy tenue, y le ofreció la mezcla al fogón más cercano, que ya encendido esperaba el cazo. “Según leí en aquel recetario ha de calentarse veintitrés minutos con treinta y cinco segundos”, pensó Tom mientras programaba la cocina.
El timbre de la puerta sonó, era Greta.
- ¡Hola Greta!, ¡qué rápida has sido! No has tardado ni nueve minutos y medio. Pasa a mi habitación.
- Ya te dije que estaba cerca – y le dio un beso en los labios al que Tom respondió tímidamente- que ganas tenía de verte, estas dos semanas se me han hecho larguísimas.
- Sí, yo también tenía ganas de verte y contarte...
- Dime Tom, ¿sabes algo nuevo del trabajo?, ¿no me digas que ya te han hecho jefe de departamento?
- No, no tiene nada que ver. Solo quería decir que me voy, no te voy a volver a ver más.
- ¿Cómo?, ¿pero...?
- Sí, no voy a estar ya más por aquí y quería despedirme de ti, que guardases un buen recuerdo mío.
- Pero, ¿por qué?, ¿ha ocurrido algo?
- Nada particular, lo de siempre, pero esta vez he decidido dejar todo e irme.
- Entiendo... ya estás otra vez con tus tonterías de dejar el trabajo e irte a vivir a yo que sé que selva. Mira Tom, ya has tenido en otras ocasiones estos extraños impulsos, y tu asesor psíquico los consiguió conducir hacia lo que de verdad importa, ¿por qué no pides hora con tu cabina de análisis?, seguro que te pueden dar cita para esta misma mañana.
- Imposible, no tengo tiempo, ¡ese es el problema! Pero aunque tuviese... ¿tiempo para qué?, ¿para emplearlo en lo que de verdad importa?, ¿y me puedes decir que coño es eso que de verdad importa?, ¿y a quién le importa?
- Pues lo que todos queremos conseguir desde niños, ¿lo recuerdas?, tú siempre lo tuviste clarísimo: estudiar una buena carrera y trabajar en ella, ¡sí!, trabajar todo lo que podamos para optar cada vez a mejores puestos, puestos más importantes y contribuir a aumentar nuestra riqueza, ¿qué otra cosa si no?
- No sé, pero eso no. No lo siento como mío, no ahora... ¿no te das cuenta?, estamos dentro de una dinámica tan rápida... no paramos, nuestra vida es un continuo ir y venir a y de ningún sitio. ¿De verdad consideras que a este constante alimentarnos de nosotros mismos se le puede llamar libertad? Sí, mira un escaparate, cómprate algo bonito, lo que quieras, y siéntete bien, libre y dichosa por ser quien eres. Yo ya no puedo. Ya lo tengo decidido Greta, solo querría que mantuvieras un buen recuerdo mío.
- Mira Tom, ya me están empezando a cansar tus gilipolleces, ¿y qué vas a hacer, dejar tu trabajo?, ¿y entonces qué, buscarás otro o incluso...? - Greta no pudo tapar la carcajada que llevaba ya frases gestándose al amparo de las aparentemente absurdas palabras de Tom - ...no trabajarás?, ¿te convertirás en un inútil desviado? Estás loco. Pues escucha Tom, se acabó, estoy harta de tus excentricidades. Cuando me llames para volver a verme, ¿sabes lo que te voy a decir?
- Me da igual, no ocurrirá. Te repito que no me gustaría que conservaras un mal recuerdo de mí. Ahora si no te importa marcharte, todavía me quedan cosas que hacer antes de mediodía.
Greta partió de la casa sin decir ni una palabra más, dejando la puerta de su habitación cerrada y la de la calle abierta.
Tom entró de nuevo en la cocina. El fuego ya se había apagado y la mezcla comenzaba a enfriarse. “Bien, ahora tengo que esperar a que cuaje un poco, no tardará más de tres minutos y medio”. Dejó el cazo del fogón y corrió de nuevo a su habitación, hacia el escritorio.
Tomó el folio de papel que pocas horas antes había llenado por una cara y escribió por la otra. Enseguida se detuvo y leyó en alto.

Si estuviera pegado a un cubo podría vivir la emoción de agotar un línea
fina
recta
un margen
una arista que pende de un punto
pequeño y liviano
disimuladamente frágil
que se une y bifurca con el único fin de rotar y forzar el elemento torsionador del espacio
90 grados
a un lado u otro.

El giro hacia ya
destrozaría el mapa neuronal
trazado cada domingo a medio día
cada comienzo de año
cada arranque de la primavera
tergiversaría las redes químicas de corto alcance
sus centros neurálgicos
paraxiales
que sobreexponen todo salto acrobático a la periferia de mi vida plana
desaberrada y oblata
con un olor tan fuerte a éxito
que mi maniobra de evasión
aún fallando estrepitosamente
se contaría como un uno.

La tendencia autoaniquiladora no es nueva en mí
llevo paseando con un rifle
de manufactura mundial
apuntando a mi sien
desde que aprendí a unir letras
a leer automatizadamente
forzado a codificar y decodificar algoritmos callados
pasos de baile coreografiados
marcados por un encerado pendular
que me forja como tirador
sobre espejos de carne y hueso.

¿Qué haré cuando ya no sea?
suena tan raro planear una vida sin mí
sin mis inclinaciones sofocadas
sin mis obsesiones
sin las represalias orientadas a socavar mi campo de acción
¿a quién castigaré entonces?
suena tan raro planear una muerte que no sea para otro

No hay resorte geométrico que contenga mi cobardía
y aún así me temerán
porque ¿de quiénes no se salvaguardan frente a un mero cobarde?

Dejó de leer y firmó el texto con su nombre. Buscó en su bolsillo derecho la lista de tareas y tachó la cuarta línea, ya solo quedaba la quinta, escrita en letra mayúscula vestida de rojo.
De vuelta en la cocina, tomó una cuchara llena del brebaje, la miró y olió detenidamente decidiéndose finalmente a dar el primer bocado, “no sabe mal del todo, en dos horas empezará a hacer efecto, poco a poco me quedaré dormido y todo habrá terminado” . Y tachó la última nota programada para ese día, escueta, que decía: 13.05 horas, SUICIDIO.
El teléfono del salón sonó.

martes, 7 de junio de 2011

¡¡¡No nos representan!!!

Amanda Núñez , Fernando Castro, José Luís Manchón, María Luisa Pérez, Teresa Oñate (UNED) para "El Faro Crítico"


Estos días activos, cansados, festivos, alegres y, por fin, políticos, realmente políticos nos están dando mucho que pensar a todas y todos.

No sólo nos están dando qué pensar sino que están retomando posiciones de filosofía política muy interesantes que ya parecían olvidadas por los comunismos platónicos y los anarquismos clásicos que últimamente habitan en los debates punteros de lxs intelectuales. Y es que este movimiento con multiplicidad de nombres, cuya proliferación hace imposible encontrar si se llama 15-M, Toma la plaza, Democracia Real Ya, PCE, PCPE, CNT, FAI, etc.; quizá tenga todos esos nombres o ninguno. En ello encontramos lo principal de esta acción que por fin y conscientemente se denomina “sin sujeto”, “sin representación”, a favor de afirmar máximamente el acontecimiento, sin castrarlo de antemano, dejándolo bien sujeto en algún lugar de la estructura capitalista. Es un intento de ruptura con la cultura del individualismo, y una apuesta clara, por la recuperación del ámbito de lo político-comunitario. Es precisamente el espíritu lo que está consiguiendo la perseverancia en el lugar, después de la explosión inicial. Es la comunidad recientemente creada, la que nos liga, y a la que ya no queremos renunciar nunca más. La depresión no cabe en esta primavera. Sobra amor en las plazas. Las plazas se han convertido en templos donde lo sagrado sustituye, por el momento, las ansias de consumo ilimitado. Consumo, que nos configura, como miembros y cómplices de una sociedad, que se ha prostituido en el intento de garantizar su bienestar material, a través de la legitimación del despliegue global de la barbarie.

Si hacemos memoria acerca de palabras como “derecha e izquierda” o del concepto “representación”, encontramos que su origen es un hecho histórico (y por tanto transformable). Este hecho se denomina Estado Nación o Estado Burgués, también Estado Moderno. Y es que, no es baladí que la representación tuviera el origen en la discusión entre Rousseau y Spinoza con Hobbes acerca de si el Contrato Social debe ser participativo (como se dice en Rousseau y Spinoza); o una cesión de todos los poderes al Leviatán (sea cómo sea su estructura) en el caso del Hobbes, es decir, representación. Tampoco es baladí que la diferencia entre izquierda y derecha se produjera en la Revolución Francesa donde los Girondinos conservadores se situaban a la derecha y los Jacobinos revolucionarios a la izquierda…ambos en una suerte de Parlamento ya altamente representativo, continuando la tradición del despotismo ilustrado ejercido por los reyes a quienes cortaron la cabeza (paso del Leviatán desde una Monarquía a una Asamblea de élites).

Si seguimos haciendo memoria, encontramos que entre las páginas más lúcidas de El Capital de Marx ya se asocia el Estado al Capital como forma que le da legitimidad pues se basa, como muy bien indican ya algunos de los contractualistas (no Rousseau ni Spinoza) en la sustentación de la propiedad privada y en el sufragio censitario dependiendo, única y exclusivamente, de esas mismas propiedades expropiadas originalmente.

Pero no se trata de una expropiación anterior en un tiempo cronológico, sino de una expropiación que se da cada vez que debemos comprar o alquilar una casa, cada vez que no nos dejan hablar, cada vez que nos dictan qué hacer, cómo producir, cómo pensar, qué decir o qué votar.

Y, si no nos equivocamos en nuestro diagnóstico, este acontecimiento político incipiente y frágil aún, pide eso exactamente: ¡que no nos expropien más!; que las gentes no necesitamos especialistas que nos digan qué es la política y cómo debemos actuar, que no nos vendan ni nos compren, ni nos saquen bonitas fotos en la prensa del poder que sólo distorsiona lo que HAY; que ningún partido político capitalice algo que no les pertenece pues no desea ser ideología, que no nos acallen de nuevo con las mil estructuras políticas pensadas de antemano que nunca atienden a lo que hay, a la vida, a la pluralidad de gentes, de plantas, de soles que HAY.
Por ello creemos que habría que establecer no negatividades sino algunos límites a la hora de que este movimiento pueda pensar y actuar, que pueda acontecer el acontemiento y no muera sepultado en especialidades. Sólo evitar algunas malos hábitos que tienen mucho más que ver con el poder que con la potencia de cambio, alegría, vida, pensamiento y acción.

La primera de ellas es que nos acostumbremos a que la vida, lo que nos rodea, la lluvia y el sol no tienen sujetos. No son producidos por nadie que les tenga que dar impronta ni forma. Así que, ¿por qué lo va a tener la política que es el modo de relacionarnos en comunidad con otrxs y con lo otro: con el sol, con la tierra, con el agua, con las creencias, etc.? Propondríamos que evitemos lo más posible ponerle un solo nombre y un grupo de especialistas que lo canalicen de un solo modo. Lo bueno de este movimiento es que se declara sin consignas, sin ideología…y, por lo tanto, sin sujeto –ya sea éste individual o partido político–. Y, en el caso de que los haya, que se sepan tales, que se sepan reemplazables y no fundamentales ni verdaderos porque la única verdad es el acontecimiento mismo y la única responsabilidad es que no se muera asfixiado en pequeñas luchas de poder que lo quieren encerrar en las garras de algunxs, volviendo a expropiarnos lo que no era nuestro ni suyo pero nos concernía a todxs.

La segunda de ella está relacionada con la primera. Si hay sujeto, ya sea grupo de especialistas ya sea individuo que se proponga como sabio, no nos quedará otra vez nada más que la representación. Nos volverán a expropiar, ya no hablará nada a través de nosotros sino que hablaremos según los dictados de alguien. En cualquier caso los habrá…pero, volviendo a la misma prudencia anteriormente expuesta, tendremos que modular que haya los menos intermediaros posibles entre esas leyes buenas de las que habla Rousseau en el Contrato Social, leyes que provocan en las gentes la participación en su democracia, y las gentes mismas. O lo que es lo mismo, evitar de todas las formas que las leyes, a base de alejarse mucho de lo que necesitamos, se conviertan en “malas” para nosotros y despotencien la participación activa como viene sucediendo desde hace ya demasiado tiempo, de tal forma que ya nos cuesta imaginar una actividad continua en política simultaneada con nuestras vidas y problemas cotidianos.

La tercera de ellas, otro vicio al que ya estamos demasiado acostumbradxs y que siempre nos expropia, es la centralización y unidireccionalidad. Ni valen para todo lugar las mismas leyes, ni para todo tiempo, ni para toda la gente. Sería interesante probar un modelo de estructura que dejara márgenes para esta flexibilidad tan elástica como la vida misma. No se trata de adoptar la fosilidad aparentemente cambiante del Capital y sus bolsas y la variación de la deuda, sino sólo y una vez más, que nos demos cuenta de que ni nuestras vidas son nuestra propiedad privada, ni nuestras leyes, ni nuestras aguas, ni nuestrxs hijxs. Se trata de saber que es necesario el cuidado y que la democracia no es algo que se hace de una vez por todas en no se sabe qué origen de un Estado, sino que, al igual que la expropiación se da cada vez que nos callan y que nos dictan cuál es nuestro modo de habitar (nuestra ética, etología y política), la democracia deja de ser cuando no la cuidamos, la cultivamos, la hacemos ni la pensamos. Pensar la democracia como el espacio vacío, el ágora o plaza pública, el hueco de lo no dado nunca y donde todo es posible ser pensado.

La última de ellas es la ideología. La vida no tiene ideología. Desear vivir y cuidar-nos (a nosotrxs, entre nosotrxs, a favor de la democracia y en contra de la expropiación sistemática y continua). Por ello, ¿para qué encuadrar estas leyes básicas por ser primeras en un sistema u otro?, ¿por qué nos van a pensar nuestras gramáticas a pesar nuestro?, ¿por qué van a distinguir de antemano lo que es naturaleza, lo que es humano, lo que es inmigrante, lo que es autóctono, lo que es amigo, enemigo, mujer, hombre, etc?, ¿por qué no cambiarlas de mil formas como mil nombres tiene este movimiento? Éste es quizá el paso más difícil. Al igual que todos ellos es a largo plazo y, al igual que los anteriores será muy difícil y, cada vez que nos descuidemos, se nos colará la gramática hegemónica o alguna de sus colaterales. Pero, si hay sistemas que puedan hacerse cargo de su existencia, de la existencia de esas gramáticas del poder que impiden las acciones, los pensamientos, dictándoles de antemano qué hay que decir y hacer; se podrán tomar medidas creativas que acepten a los poetas dentro de la ciudad. Ya que poetas seremos todxs y cada unx y no se constituirá una comunidad como viene siendo la costumbre de las sociedades mal-acostumbradas: a base de enemigos, exclusiones o chivos expiatorios (la peor estructura de poder que ha habido nunca y que curiosamente se presenta con carta de naturaleza).
Por ello hay que cuidarse de la mera negatividad (forma ideológica con carta de naturaleza). Por supuesto debemos decir “NO”, pero es más importante los diversos “Sí” que se pueden dar. Y si este movimiento no pasa a los síes plurales, puede morir en una pequeña descarga de queja sin cambiar nada.

***

Lo queremos todo, pero también debemos estar dispuestos a darlo todo. Y es que, una acción política considerada como pertinente en un mundo agonizante huele demasiado a renuncias materiales, a dar la vuelta, a replegar las velas y dejar al enemigo que llevamos dentro, sin el rito sacrificial y lucrativo del cual se alimenta. Exorcismo en toda regla. Si no renunciamos a mantener nuestra posición privilegiada, dependiente absolutamente del sistema capitalista, pasaremos a ser conservadores y legitimadores del estado actual de las cosas, por poco que nos guste.

La satisfacción de supuestas necesidades materiales que se han convertido en aparentemente necesarias unido a la seguridad física que brinda el biopoder, nos esclaviza y a la vez, legitima un orden criminal del mundo, sin medida, que no quiere tener en cuenta las limitaciones del planeta, y que ha puesto toda la potencia creativa de la técnica al servicio de un expolio sistemático y multidimensional, donde no se aplica el mínimo principio de prudencia. No estamos ya sólo ante un escenario clásico de conflicto político, donde la lucha de clases ocupa todo el espectro ya que distintas problemáticas como la precarización de las condiciones de vida derivadas del deterioro medioambiental afectan a la totalidad de la población. La bio-aniquilación que promueve el propio avance del Capitalismo, va desplazando hacia la lucha por la supervivencia, el debate ideológico. Los últimos desastres nucleares, son un claro ejemplo.

Estos últimos años se ha entendido por dignidad, no el concepto que tenía que ver con el decoro y la urbanidad que se le acuñó durante siglos, sino al concepto con el que lo políticamente correcto lo ha imbuido, que no es otro que el de la capacidad de consumir. La capacidad de adquirir, proveer, ó poseer ha hecho que los individuos sean considerados dignos. El orgullo, que sería un paso más allá en ese periplo de la adquisición y en ese asentamiento de la dignidad como capacidad de consumo; sería lo consumido, lo ya adquirido, que además aumenta, y debe aumentar, de continuo. El orgullo de lo que se tiene (y hablo en presente), de lo consumido, adquirido, crecido y aumentado.
Si el movimiento de los Indignados es sólo una lucha por recuperar la dignidad (capacidad de consumir), seguiremos excluyendo a los marginados del tercer mundo, sobre los que levantamos el manipulado orgullo del haber consumido. Aún siendo necesario adscribirse a cualquier propuesta de las asambleas ciudadanas, sigue existiendo la preocupación por retornar a esa falsa dignidad acuñada por el capitalismo.

La sociedad capitalista, ha convertido a todas las formas de vida, en general, en medios para un lucrativo fin. En el caso del ser humano, en particular, le ha usurpado su dignidad y reventando las estructuras sociales que tradicionalmente han unido a las comunidades y pueblos, nos han dejado huérfanos. La indignación, en las sociedades capitalistas, es inherente a la propia estructura de la sociedad. Y la frustración de aquellos que se reconocen como indignados, y a la vez, esclavizados por la riqueza, se convierte en enfermedad. Abrir la posibilidad a la perduración del acontecimiento, implica por lo tanto, dejar de obturar el emerger de la verdad. El totalitarismo al que aspira el poder económico capitalista, a través de la aniquilación de diferencias y la homogeneización de territorios, culturas y mentes, solamente puede ser contestado, saltando en marcha de su acelerada y nihilista carrera hacia el sin sentido. Al tomar suelo de este mortal hacia atrás, siempre nos encontramos en las plazas, entre “nosotros”.

***

Tras estas pequeñas e imprescindibles prudencias que se pueden denominar en afirmativo: con-vivir, actuar, construir, pensar. Creemos que debemos cuidar este acontecimiento que nos atraviesa: escuchar, aprender, hacer cada unx lo que pueda; a largo y corto plazo y no dejarlo morir en la desilusión o la asfixia que es la suya y la nuestra.

Lo que negamos y contra lo que estamos es esto: contra la repetición indiferente de los políticos (como clase); contra los banqueros; contra la burocracia y la gerontocracia, contra la violencia y la globalización de la guerra permanente en forma de circulación de naturalezas, humanxs, estudiantes, divisas, etc. Contra el funcionamiento corriente del Capital como lógica de la guerra y la venganza dialéctica de la enfermedad indiferente de la historia. Lo que afirmamos es la diferencia: por un lado la alteridad, la pluralidad de las culturas y de las diferencias enlazadas por las acciones participativas, cívicas que devuelven a la democracia su lazo social y su lenguaje vivo: en acción cotidiana. Y por el otro lado, en cuanto a la alteridad constituyente de la naturaleza viva (la phýsis) y de lo sagrado indisponible, afirmamos el reconocimiento y el cuidado constante de esa alteridad; de esa diferencia límite de lo humano, sin la cual no hay el misterio de lo divino inmanente. La traducción ecologista y común de esas tesis admite plurales registros y nombres pero no puede, en ningún caso, subordinar la diferencia, la alteridad y el límite a ninguna identidad universal o abstracta, ni tampoco disimular el primado de la solidaridad con los más débiles de entre nosotros, en todos los casos. Ello incluyendo el ser del acontecer mismo de la diferencia en los lenguajes y en el silencio. En lo común compartido, en la vida de los cuerpos, y en la creatividad abierta del espacio y el tiempo –por un lado telemático y por el otro cotidiano y próximo, más cerca de la cotidianidad y las comunidades de vecinos y más cerca del acontecer de lo sagrado y el misterio en la cotidianidad participativa–.

Que nadie nos represente, que nadie hable por nosotros y que estas palabras se unan a las palabras de muchxs de nosotrxs, actuales e inactuales o transhistóricos. Aquellxs que hablamos ahora a través de este acontecimiento y aquellxs que nos llaman desde el acontecimiento filosofía, por ejemplo. Filosofía no como un dogma sino como una petición activa de dejar ser, dejar pensar, dejar crear, dejar participar y compartir, desde el cuidado crítico de la diferencia.

Seguimos y seguiremos pensando y actuando, por lo tanto, este texto, las discusiones y las recepciones quedan siempre abiertas a la participación heterogénea y común.

miércoles, 1 de junio de 2011

No pongan siglas a SOL

por Elvira Bobo - "El Faro Crítico"
22 de mayo de 2011

Por si acaso pensaban que los de Sol estábamos corriéndonos una gran juerga colectiva y jugando a niñatos revolucionarios de pacotilla de un Cuéntame del s.XXI hay carteles y miradas que dejan claro: “0% botellón” y “quien quiera violencia que se vaya a casa”. La gente está cabreada e indignada, ilusionada y contenta -y también viceversa que diría Benedetti- ¿les parece poco?

¡Si lo han dicho los clásicos hasta la saciedad!: la democracia es el mejor de los sistemas, pero, puesta a degenerar, deviene el peor. Y en eso estamos mientras desde las tertulias se nos mira intentando etiquetarnos: que si sociatas tratando de dar un vuelco-cacerolada a las elecciones, que si perrosflauta, vagos y maleantes, que si niñatos sin ideas o dispuestos a cargarse la democracia que tanto sudor y lágrimas costó conquistar. Otros hablan de simulacro de revolución, de ingenuos sin guillotina ni quema de conventos y así no se va a ningún sitio. ¿Y por qué tiene que ser todo como siempre? ¿Y por qué no hacer una jugada nueva, con reglas sin inventar, por si acaso?

Yo no sé cómo se ve desde fuera, ni cómo va a terminar. Por eso escribo hoy y desde dentro, debajo de unos plásticos improvisados y llenos de carteles en los que se lee que si hemos salido a la calle por “la roja-oé”, ¿cómo no salir por nuestro futuro? Lo bueno, lo nuevo, es que nadie está pensando ni tolerando el “virgencita que me quede como estaba” que con Franco estábamos peor ni tampoco el coctel molotov y el calabozo. Todo eso lo hemos oído mil veces, pero muchos no hemos nacido con Franco, ni con la Guerra Fría, ni con Mayo del 68. Los tertulianos de los 50 han tenido sus vidas, han peleado sus batallas y cada uno responderá ante sus conciencias. Pero nosotros, los de 20, 30, 40 y más, unos con camisetas de Zara (Inditex, of course), otros de mercadillo y otros con americana y corbata -lo juro- estamos en otra historia. ¿No hay democracia? Pues demostremos que pueden generarse cambios sin borreguismo y sin violencia. Las cosas son lo que son y no el nombre que se les ponga. Porque ocurre que estamos hasta el moño de los carteles electorales, de los debates pactados, de asesores de imagen y de programas en papel couché que son las peores promesas, esas que no hay que cumplir. ¿Y nos piden programa y siglas?

Lo tendrán; la historia tiene un guión y se va escribiendo a golpes, con zurcidos, con vueltas atrás, a borbotones y sin minuciosidad aparente –como un cuadro impresionista-, pero cuando te alejas de las manchas y de los trazos gruesos, aparecen figuras, movimientos, sentidos.

La famosa “generación ni ni” no tiene casa, ni trabajo, ni palabras. Vive en el mal menor, bajo la excusa falaz del “podría ser peor” y de una incuestionable democracia que huele más a podrido en cada legislatura –pero alégrate de que puedes votar y al menos tienes un sueldo precario y cochambroso-. Ante eso hay quien empieza a hablar de segunda transición porque los héroes de la primera ya no son los nuestros. No tenemos Franco contra el que luchar ni falta que nos hace, pero sentimos el agua al cuello de un soterrado silencio, de un malestar sordo y sin nombre que se ha encontrado en Sol para decir con mil voces que “oeoeoe-lo llaman democracia y no lo es”. Claro que adopta las formas de serlo, está bien camuflado el engaño –no por casualidad las universidades públicas forman expertos en comunicación política adiestrados magistralmente para “vender la burra” y perpetuar la manipulación y el eufemismo- y engarzado todo ello con un capitalismo que no sólo nos arruina los bolsillos sino que nos anestesia la capacidad de pensar y de sentir. Hartos de oir que con 150 canales de televisión en el salón somos los seres mejor informados del planeta. Porque se les olvidó decir que así, tres o cuatro hijos de perra pueden colarse en nuestro salón por 150 autopistas directas para repetirnos insaciablemente su ristra de eufemismos que nos roban el tiempo y el lenguaje y nos hablan de “fuerzas de paz”, de “expedientes de regulación”, de “paquetes de medidas” o de “yes we can” o de “fondos de alto riesgo que te forras”. Y como han encontrado las palabras biensonantes (que tontos tontos, no son), pues nos revisten la realidad de algodón de feria para colarnos muertos que parecen vivos porque sólo se llaman daños colaterales, para colarnos cambios de situación vital llamados “ere” por no decir “vete a la calle” u operación libertad duradera para no reconocer “quiero via libre para quitar del medio a quien me estorbe en mis inconfesables y sustanciosos planes”. Y usan la palabra, sólo la palabra y nada menos que la palabra. Y nos la roban. Y nos han robado el placer y el arte porque a la postre es lo que nos hace libres. Y si usted puede, encuentre un rato de ocio el domingo en el centro comercial. No se queje. Y nos han robado los matices y la poesía, porque el mundo es una gran película americana: poli bueno-poli malo. Así que las alternativas son pocas. Como en Ben Hur: “o estas conmigo o estás contra mí”.

¿Resignación, pues? No. Hartazgo y sentimientos. Y eso está ocurriendo en Sol, donde las miles de personas sienten que forman parte de un “lo-mismo”, de un tejido verdadero, de un verdadero acontecimiento político que está ocurriendo justo en los bordes del sistema.

Dicen también que ha habido envidia de Túnez o de Egipto y que nos hemos subido a un burro que no es el nuestro porque aquí no hay dictador que derrocar. Miren, chapeau por las revueltas de estos países árabes, las hemos seguido, aplaudido, nos han emocionado y hemos aprendido de ellas. Pero hoy nuestro malestar y angustia colectivos, el “no nos representan”, la enmohecida e incuestionable democracia, la angustia del primer mundo son losas más intangible que los Ben Alís o los Mubaraks, pero también enemigos contra los que es digno y necesario luchar. Diríamos con Sabina que “nos sobran los motivos”. Amodorrados en el hartazgo estamos mucho peor que lanzando los dados de un nuevo acontecimiento que quizá tenga un final verdaderamente político, colectivo, audaz y habitable.

Y siguen los analistas de despacho con el ¿y adónde va esto? Se sabe cómo empieza y como algunas grandes películas no se sabe cómo acaban, final abierto y libertad pero, señores, hay que verla, hay que ser fiel al acontecimiento y en Madrid, en España, está siendo ahora. Despertándonos o desperezándonos de la gran borrachera de líquido amniótico en la que nos han mecido mientras nos cantaban la nana del sistema que nos cobija. Pero el líquido se ha vuelto tóxico, nos asfixiamos y no sabemos por qué, luego resulta que acceden a llamarlo crisis económica y los que nos meten en ella nos van a sacar. No se vuelvan locos, ni antisistema, ni anarquistas, ni perroflautas, ni oportunistas. No se trata de eso, hay gente de todos los colores, hay personas y no se le pide carné ni siglas a nadie.

Cabreados, indignados, ilusionados y buscando un horizonte nuevo alejado del inicial líquido amniótico, sobrios y contentos. Así estamos. Podría pulir el artículo, pero me voy a Sol.

sábado, 21 de mayo de 2011

MANIFIESTO DE RESISTENCIA AL TIEMPO CRONOMETRADO


por FKastro - "El Faro Crítico"

Te tocó o no, o lo elegiste, o surgió, o estabas allí. Y en algún momento puede que regreses a la brujería del valor, al miedo al exilio, o que incluso navegues indefinidamente en busca de tierra.

Quizás en ese proceso no levantes nuestras manos, ni tus pulmones vibren al compás de nosotros. Incluso podemos acabar simplemente habitando tus recuerdos, restándonos valor, ensayándonos con gestos que han perdido el hábito.

Lamentarás alguna cosa, pero generalizarás, relativizarás, afirmarás con voz grave que tienes muchos yos, y tus palabras habrán acabado siendo el cálculo de una probabilidad.

Ese día, el día en que nos conviertas en aritmética aún no ha llegado. El futuro que te rebajará a curiosidad aún no se ha escrito.

Aún estamos aquí. NO te ha tocado ser valor, ser sistema, ser miedo, o ser cansancio.

Aún no hay fatiga. Todavía resistes. Sigue habiendo futuro a recorrer.

Estamos aquí.

Síguenos.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Capítulo segundo de una serie de relatos autónomos y articulables entre sí

por Jose Luis Diaz Arroyo - "El Faro Crítico"

- Cuéntamelo de nuevo, por favor, cuéntame que ocurrió en aquel baño.

Colchón almohadillado y lleno de espuma
que duermes todo el día
y vives por la noche
con la persiana medio echada
y el ruido de los frenos de un choche que se han cansado de sujetar
el armazón niquelado que por sí sólo puede correr
en trayectorias ascendentes que tienden al accidente inmediato
o mediado por alambres
fibra metálica que enerva mi caparazón
muelles
sostén resonante que finge conversaciones
y goma de mascar
por favor: usar y tirar.

Desafío un volantazo que
manifiestamente
me saca de un camino
lleno de baldosas resbaladizas
que se acaban de pulir y encerar
y están marcadas con tinta indeleble
que perpetuamente prescribirá
una caída rápida hacia el centro
con la gracia de la gravedad
como aliado ocasional
que nunca falla.

Dime colchón
¿por qué dejaste escapar ese pequeño muelle?
Se alza
ondulante y refinado
dispuesto a amortiguar mi puesta en escena.
Sin el menor interés en ti
en saber si el tacto del metal me agrada
o me frustra
sin saber si soy adicto
aun sin conocerte
a tus maneras espirales
quiero descansar sobre ti
y pincharme una y otra vez
mientras reboto y choco contra la pared.

El ladrillo se torna precioso.
La pared se afila
y sangra el tercer ojo
llora también
no puede dejar de insuflar energía a mi rostro.
Ya no tengo cabida en este habitáculo plano
ya no está tu confort
tu pereza y propaganda.
Me voy
ya estoy
cuando un segundo noctámbulo te despierte
a las tres o más tarde
no pienses en mi rencor.
Ahí te quedas colchón.

- ¡Bendita memoria la tuya, Trebor! Así que finalmente lo entendiste, pero dime, ¿cómo volviste a caer, qué ocurrió cuando te capturaron?
Desde un agujerito, en una diminuta rendija a la que sólo yo podía asomarme, observé lo que había: una sala de interrogatorio. Fui yo mismo el primero en cuestionar algo en ese lugar, tal vez el único que lo hiciera. En todo lo demás no había sino respuestas ya dadas de antemano que no necesitaban de interrogación alguna. Sólo gritos, violencia, pero no ruido. La evidencia que resulta evidente ya antes del supuesto cuestionamiento evidenciador sólo puede hacerse partícipe violentamente. Alguien llamó a la puerta. Tres personas entraron en la sala.
- Trebor Rodríguez Guzmán, se encuentra en el Juzgado Rápido nº XXVIII del Tribunal Mayor de Ciudad Sony de Madrid- dijo inmediatamente una de las figuras.
Asentí como si aquella información fuese trivial. Ajeno a toda sorpresa y sin poder dejar de sonreír, eché un vistazo a las tres personas que se habían sentado frente mí. Las tres con el pelo corto, las tres con traje gris y corbata, las tres mujeres.
- ¡Señor Alsborg! - gritó de nuevo- ¿está usted escuchando?, no sé si se imagina lo grave de su situación, ha quebrantado usted algunas reglas fundamentales de nuestra Corporación.Las penas a las que se enfrenta son importantísimas.
La sonrisa que acariciaba mi rostro se esfumó, flotó unos segundos en el aire, dubitativa, para finalmente concentrarse y humedecer mi frente, todo el rostro. Durante unos segundos mastiqué una respuesta, dejando que se formara sin prisas, que tomara cuerpo poco a poco.
- ¿Se refiere a lo del saxofón? – dije mientras sacudía la cabeza.
La fiscal cambió radicalmente el semblante, frunció el ceño y abrió los ojos de par en par.
- ¿No le parece suficiente señor Rodríguez? No es este el momento de poner en tela de juicio nuestras leyes, no es la función de este tribunal. Usted nació en esta Corporación, se crió en ella y decidió firmar voluntariamente, una vez cumplida la mayoría de edad, el contrato de ciudadanía. Ha sido usted el que ha decidido unilateralmente romperlo, y eso está penado de acuerdo a lo que usted mismo aceptó.
- Claro, nuestras leyes... y dígame, si este no es el lugar indicado para cuestionarlas, ¿cuál será?, ¿qué huecos, qué resquicios, dejan esas leyes para que se de una evaluación crítica de ellas mismas?
Definitivamente el rostro del fiscal tembló. La mujer de la derecha, que todavía no había hablado, tosió y no permitió que la fiscal me respondiera. Tomó la palabra con un tono más calmado y conciliador.
- En cualquier caso señor Rodríguez, usted todavía es acusado, sus cargos están por demostrar. Soy Carmen Jiménez, su defensor jurídico de oficio y le puedo garantizar que esta Corporación le dará un juicio con la máxima neutralidad. Tengo que informarle que los principales cargos que la fiscalía presenta contra usted son los de robo, posesión y uso de un instrumento de distracción del tipo B-12, ausencia injustificada de su deber de trabajo diario, actividades tipificadas como delito en la leyes 17BZX/2019, 1253HE/5 y 284-LR, y uso ilícito de su derecho de uso del espacio público. Dígame señor Rodríguez, ¿cómo se declara usted?
Guardé silencio. Mi pensar rebasaba aquel formalismo judicial. Había muchas cosas que decir, demasiadas, y ninguna útil en mi defensa. De hecho tantas y tan diferentes que, lejos de convertirse en un caos inexpresable, se ordenaron y convergieron hacia algo tan frágil que sacudió a las tres mujeres.
- Simplemente... quería tocar con mis amigos – y no dije nada más.
La sencilla frase voló por la sala, llenó hasta el hueco más insignificante, y permitió revelar el auténtico ser del trío: figuras de piedra, inmóviles pero sin vida. Lo único a lo que pudieron echar mano fue a su guión. El acusado se declara culpable, dijeron las dos mujeres a la vez y, como un resorte automático, la que todavía no había hablado decidió violar también la palabra.
- Yo soy la inspectora mental asignada a este caso, mi función es la de fijar el origen de su desviación para determinar la naturaleza de la pena, si usted necesita mera reclusión o más bien reclusión con re-direccionamiento psíquico. Veo en su historial de ciudadanía que en los últimos meses ha faltado bastante a sus citas en la cabina de análisis, ¿me podría decir exactamente a qué se debe?
No hubo respuesta. La inspectora mental continuó.
- Señor Rodríguez, está en juego la cuantía de su pena, así que le recomiendo que responda a mis preguntas. La última imagen identitaria que conservamos de su inconsciente nos decía algo sobre su familia. Era un animal, exactamente un caballo, así que dígame, al escuchar la palabra “caballo”, ¿qué es lo primero, sea lo que sea, que se le pasa por la mente?
Dientes... pensé y miré a la inspectora con los ojos muy abiertos y brillantes, como presagiando un momento de lucidez que tardaría tiempo en repetirse.
- Estáis ahí sentadas en sillas de oro, en asientos de auto-convencimiento. Miradlos, rasgad tan sólo un poco vuestros altares para que de verdad reluzcan. Y entonces, por una vez, probad el tacto de la verdad, su frágil superficie, el exaltador sabor del amor. Vivid, por favor, y vivid bien. Olvidaos de pestes, virus y catástrofes, ellas no os persiguen, ¿por qué no podéis vosotros dejar de arrinconarlas? Estirad vuestros cuerpos, explorad hasta la última pulgada de su ser, sentíos vivos y entonces, tal vez, vuestro espíritu os siga. ¿Cómo pretendéis ser inmortales si nunca habéis muerto? Bebed de las cristalinas aguas del manantial de la eterna juventud y, tened por seguro, que sucumbiréis ante vuestros dioses. Bebed de las aguas de la vida y el sagrado elixir de los dioses vendrá a la tierra.
Las tres mujeres se miraron entre sí sin dar crédito a lo que escuchaban. La inspectora mental comenzó a tomar notas. Apuntó algo, una palabra no muy larga, y la subrayó una y otra vez. No tardó mucho en interrumpirme.
- Señor Rodríguez me temo que su caso es mucho más grave de lo que imaginé. Su desviación está sin duda muy arraigada. Tendencias mesiánicas y destructivas, por no hablar de la ausencia absoluta de culpa y arrepentimiento por las faltas cometidas. Me temo que voy a recomendar su apartamiento total de nuestra sociedad y el más severo re-direccionamiento psíquico.
Las tres figuras se levantaron y salieron de la sala por la misma puerta que las había permitido entrar. En poco más de un minuto ya estaban de vuelta.
La fiscal tomó la palabra y comenzó a leer un documento escrito a máquina.
- Trebor Rodríguez Guzmán, el Juzgado Rápido nº XXVIII del Tribunal Mayor de Ciudad Sony de Madrid le declara culpable de los cargos de robo, posesión y uso de un instrumento de distracción, de ausencia injustificada de su deber de trabajo diario, y de violación de su derecho a reunión pública en un espacio permitido para ello. Se le condena a aislamiento indefinido en el Centro de re-direccionamiento psíquico de Rivas ciudad del Sol. Será trasladado allí de inmediato.
Sin tiempo a respuesta alguna, cuatro guardias entraron en la sala y me llevaron a un helicóptero que esperaba fuera, ya con las hélices en movimiento y con otros tantos policías en su interior.
En poco más de media hora ya me encontraba en mi celda. Allí, ya sin cadenas ni esposas, me quedé solo en la oscuridad, en silencio, anclado en la penumbra más fría con la única compañía del recuerdo del gran caballo y del relucir de sus dientes.
Recordé a Sigmund, Parker y Amadeo, dónde estarían, ¿habrían sido capturados también?, ¿les volvería a ver? Una voz atronadora interrumpió mis pensamientos. Las paredes comenzaron a hablar. Trebor Rodríguez, se encuentra en la prisión de máxima seguridad de Rivas.
Tras la voz, las paredes se iluminaron y mostraron su auténtico rostro. Los muros, que hasta el momento se habían mantenido grises y oscuros, cambiaron, se tornaron gigantescas pantallas en las que las palabras pronunciadas aparecían en enormes letras rojas que saltaban vertiginosamente de un muro a otro. Aquí y allá, de pantalla en pantalla, corriendo de izquierda a derecha y luego al frente, y luego detrás para volver a la izquierda y dejar paso a otras palabras que seguían muy de cerca a la voz. Ha sido condenado a reclusión perpetua. Su celda es la 587/B. En ella pasará 10 horas al día, el tiempo restante se distribuirá del siguiente modo: 12 horas en la cabina de re-direccionamiento psíquico, 50 minutos de paseo en el patio interior, 20 minutos de desayuno, 25 minutos comida y 25 minutos para la cena.
Por unos segundos el silencio y la oscuridad volvieron a la habitación. Tras el huracán multimedia las paredes recuperaron su tono gris y apagado. Otra voz anunció la hora de la comida.
- Hora de comer, tiene 25 minutos - y la puerta de la celda se abrió permitiendo el paso de dos guardias que me sacaron de la celda y me llevaron hasta el comedor.
El único sonido que se escuchaba era el rasgar de los cubiertos contra el fondo de los platos metálicos.
Los guardias me llevaron a una silla vacía, dejándome a solas con un plato lleno de una pasta blanca y amorfa. Sin pasar ni un momento probé la comida, contemplando la posibilidad de escupirla si el sabor no me agradaba. Sorprendido por el buen sabor me dirigí al hombre que tenía justo al lado.
- Bien, al menos está rico.
El hombre ni se inmutó e insistí mirando ahora a la cara de su compañero de mesa.
- Disculpa soy nuevo, me debería haber presentado primero, mi nombre es Trebor.
- Además de nuevo eres estúpido – me respondió sin tan siquiera mirarme a la cara.
- Disculpa a 365-G, pero ya sabes que tenemos poco tiempo para comer y no aguanta dejarse algo en el plato. Yo sin embargo hoy no tengo demasiado hambre. ¿Cuál es tu nombre? – comentó despreocupadamente el preso que se sentaba frente a nosotros.
- Trebor.
- Cómo se nota que llevas aquí poco tiempo. Aquí todos nos llamamos por el número de nuestra celda. El simpático con el que ya has tenido la suerte de charlar es 365-G, el que está tu lado es 196-D, y así.
- No lo sabía. Bueno pues mi número es el 874-VC, o algo así.
- Pues más vale que te lo aprendas bien, aquí no nos gusta llamar a la gente por su nombre de la calle, bueno, a no ser que tengas un buen apodo. Mira, por ejemplo, ese de ahí en frente es “el asesino de la gorra”, y todos le llamamos gorras.
- ¿El asesino de la gorra?
- Claro, seguro que te suena, asesinó a 15 personas en poco más de dos años, seguro que has oído hablar de él en alguna ocasión. Dejaba junto a sus víctimas una gorra roja, esa era su firma.
Aterrado por la sonrisa que vestía en todo momento el rostro de mi compañero de mesa, asentí sin dejar de mirar sus ojos verdes pistacho. Sin lugar a dudas disfrutaba relatando las hazañas criminales ajenas, creando un ranking en función del número o la crueldad con que cayeron las víctimas. Enseguida continuó hablando.
- Mira, y a aquel grandullón, al “violador del ascensor”, le llamamos el ascensorista. Creo que violó a más de treinta personas, le daban igual hombres que mujeres. Bueno chico perdona que yo no me haya presentado, soy 1287-K y era terrorista, me encargué de más de diez atentados mortales antes de que me pillaran. Pero dime, tú que hiciste, ¿a cuántos te cargaste?
- Yo... – por un momento dudé, pensé en mentir, anunciar que había eliminado a cientos o miles de personas con mis propias manos, contar que era el mayor asesino del mundo y que merecía estar allí más que ningún otro de los presentes, pero no pude, miré de nuevo la masa blanquecina que llenaba mi plato y terminé la frase rápidamente esperando que parte de la información se perdiera por el camino-...yo robé un saxofón y me pillaron tocándolo.
- ¿Un saxofón? – respondió 1287-K elevando alarmado el tono de sus palabras.
El preso miró a un lado y a otro buscando miradas cómplices de desaprobación y ante su ausencia decidió invocarlas alzando él mismo la voz, poniéndose de pie y gritando a toda la sala sin ningún reparo. Eres basura muchacho, ¡un puto desviado! los inútiles como tú están destrozando a esta Corporación, maldito vago de mierda, ¡escoria!, ¡eso es lo que eres!
El resto de presos alzaron la cabeza guiados por aquel sádico director de orquesta y se unieron a los insultos. En unos segundos el coro aumentó de violencia. Unos me zarandeaban, me empujaban de un lado a otro. Otros, sin embargo, me agarraban, tiraban de mis ropas para dejarme desnudo y humillarme ante todos los presentes. Yo me dejaba llevar, mera vela en la tempestad, aun a riesgo de romperme en mil pedazos.

No tardé mucho en caer al suelo, ya desquebrajado, inconsciente y harto de encajar las patadas y golpes de asesinos, violadores, fiscales, jueces...
Después solo recuerdo un pitido terrible que marcó la entrada en el comedor de decenas de policías. Algunos me alzaron y llevaron a la enfermería.