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martes, 10 de junio de 2014

Centro menguante

Francisco José Martínez - El Faro Crítico

Si algo ha quedado claro en las últimas elecciones al parlamento europeo ha sido la grave erosión que el centrismo, en sus tres versiones, conservador, liberal y (mal llamada) socialdemócrata, ha sufrido. El también mal llamado euroescepticismo, que en su inmensa mayoría es la denuncia del déficit democrático que aqueja a la UE desde su fundación unida a una crítica de la política de recortes del estado de bienestar que ha sido la base del consenso social que ha reinado en Europa desde la postguerra, ha crecido también en todas sus versiones, de izquierda y de derechas.

Lo que parece estarse agotando es una noción simplemente mercantil y además neoliberal de Europa. Los avances hacia una mayor integración política y social están estancados y el poder real lo detentan unos tecnócratas no elegidos que se pliegan a las exigencias de los mercados vaciando de contenido la política y la democracia. Los gobiernos elegidos democráticamente obedecen a imperativos exteriores que les hacen ir contra su propia ciudadanía.

Mientras que Europa era una madre nutricia que con sus fondos generosos cubría las deficiencias de los estados miembros el déficit democrático era sentido solo por los politólogos y algunos partidos de izquierda. Pero cuando de Europa no vienen ya fondos sino imperativos de austeridad forzada y selectiva y de recortes sin tasa, el déficit democrático se ha hecho palpable e insoportable  para toda la población europea.
Dada que la redistribución se sitúa en el nivel de los Estados miembros y que el margen de maniobra de estos cada vez es más estrecho, se hace visible de manera creciente la pérdida de poder de los gobiernos, Por ello, hay que entender a los euroescépticos de derechas, no tanto por sus  rasgos xenófobos a pesar de la importancia de esto sino como intentos de resistir a ese abandono paulatino de la soberanía nacional en manos de tecnócratas no elegidos e incontrolables. Tanto los votantes de Le Pen como los euroescépticos ingleses y alemanes lo que rechazan fundamentalmente es la pérdida de soberanía que se delega en poderes externos.

Si no se puede calificar simplemente de euroescépticos a los críticos de derechas del actual proceso de estructuración económica que no política de la UE menos se puede aplicar este calificativo a los que desde la izquierda no queremos menos sino más Europa, pero una Europa cohesionada políticamente , con una política social , fiscal y económica común, así como con una política exterior y de defensa coordinada de forma independiente y liberada de las constricciones derivadas del atlantismo y de la pertenencia a la OTAN. Una potencia europea con un protagonismo en la esfera exterior en colaboración con todos los países , una defensa de los derechos humanos  y una colaboración no subordinada con los Estados Unidos en el mantenimiento de la paz y la cooperación internacionales.

De todas formas este deterioro del centro sólo será beneficioso si la izquierda es capaz de atraerse no tanto a los partidos socialistas como a sus votantes buscando ampliar el frente de izquierdas en dirección a un frente ciudadano y democrático que pueda integrar a personas incluso del centro político. Los cambios que se hacen imprescindibles en España y en Europa no se pueden llevar a cabo sólo por la izquierda transformadora, sino que es precisa una apertura al centro izquierda de los partidos socialistas y verdes e incluso hacia el centro político propiamente dicho. La trasformación será de mayorías amplias o no será.  Y además esa amplia alianza tiene que tener una dimensión europea porque igual que no fue posible el socialismo en un  solo país, ahora tampoco es posible la socialdemocracia en un solo país, entendiendo por socialdemocracia el control político del desarrollo económico con un amplio sector público, unos servicios sociales potentes, una política fiscal radicalmente redistributiva y una política de paz y cooperación en la esfera internacional.


Los cambios recientes relacionados con la erosión del centro y del bipartidismo que lo encarna son una buena noticia, pero queda una tarea muy grande por hacer y esa tarea hay que afrontarla sin triunfalismo pero también sin pesimismo. Algo ha comenzado a moverse, se trata de impulsar el movimiento, de no detenerlo y de evitar que gire en el vacío.

domingo, 4 de diciembre de 2011

15M La revolución como una de las bellas artes



Este libro no pretende dirigir nada, y menos lo indirigible, no pretende ser conciencia de nada ni de nadie. No pretende imponer unos programas fijos dados de antemano. Este libro sólo pretende dar que pensar, aportar ideas y, sobre todo, dotarnos de espacios, de cuestiones y perspectivas, y de tiempos diversos para que podamos pararnos a pensar sobre aquello que ocurre, sobre el cambio que están viviendo nuestras sociedades y poder aportar a ese cambio, lugares, pues ahora se abre el lugar de nuestra oportunidad.


Somos un grupo heterogéneo que trabajamos desde hace tiempo en imágenes, pensamientos, economías, políticas, investigaciones y acciones conjuntas. El nombre “Faro Crítico” indica que nuestra labor es precisamente la de orientar (no dirigir), la de poder iluminar vagamente los límites y linderos para que los barcos de nuestro mundo sepan que pueden encallar si van más allá de su límite propio, del lugar donde pueden habitar.


Este libro es un conjunto de artículos heterogéneos que enfoca, desde diversas perspectivas el Acontecimiento 15 M; desde la crisis, sin la necesidad de la crisis; desde algunos modos de la postmodernidad, contra una forma capitalista de postmodernidad; desde enfoques históricos, éticos, filosóficos, éticos, físicos, etc.


Un conjunto articulado de análisis de un acontecer que parece articular las diversas izquierdas.


Este libro, en esta situación concreta, no pretende dirigir nada, sí animar a que no desfallezcamos. Quizá en este momento es cuando la crisis puede ser definitiva para cambiar el in-mundo en el cual la sociedad del bienestar nos dejó sumidxs y adormecidxs. Es hora de pensar, es hora de actuar. Juntxs.


Documental sobre "15M La revolución como una de las bellas artes"






Presentación sobre "15M La revolución como una de las bellas artes" en Universidad de Murcia (Junio 2012)
http://tv.um.es/video?id=36481&autoplay


Presentación Sala Triángulo en Madrid (02 de Diciembre de 2011):







Presentación Traficantes de Sueños en Madrid (29 de Diciembre de 2011): 
Escuchar Audio

Entrevista en Tegi:
http://www.tegimedios.com/index.php/tegi-entrevista-a-los-autores-del-15m-la-revolucion-como-una-de-las-bellas-artes.html

Editorial:
http://www.edicionesamargord.com (tienda on-line)
http://www.edicionesamargord.net (blog)

martes, 7 de junio de 2011

¡¡¡No nos representan!!!

Amanda Núñez , Fernando Castro, José Luís Manchón, María Luisa Pérez, Teresa Oñate (UNED) para "El Faro Crítico"


Estos días activos, cansados, festivos, alegres y, por fin, políticos, realmente políticos nos están dando mucho que pensar a todas y todos.

No sólo nos están dando qué pensar sino que están retomando posiciones de filosofía política muy interesantes que ya parecían olvidadas por los comunismos platónicos y los anarquismos clásicos que últimamente habitan en los debates punteros de lxs intelectuales. Y es que este movimiento con multiplicidad de nombres, cuya proliferación hace imposible encontrar si se llama 15-M, Toma la plaza, Democracia Real Ya, PCE, PCPE, CNT, FAI, etc.; quizá tenga todos esos nombres o ninguno. En ello encontramos lo principal de esta acción que por fin y conscientemente se denomina “sin sujeto”, “sin representación”, a favor de afirmar máximamente el acontecimiento, sin castrarlo de antemano, dejándolo bien sujeto en algún lugar de la estructura capitalista. Es un intento de ruptura con la cultura del individualismo, y una apuesta clara, por la recuperación del ámbito de lo político-comunitario. Es precisamente el espíritu lo que está consiguiendo la perseverancia en el lugar, después de la explosión inicial. Es la comunidad recientemente creada, la que nos liga, y a la que ya no queremos renunciar nunca más. La depresión no cabe en esta primavera. Sobra amor en las plazas. Las plazas se han convertido en templos donde lo sagrado sustituye, por el momento, las ansias de consumo ilimitado. Consumo, que nos configura, como miembros y cómplices de una sociedad, que se ha prostituido en el intento de garantizar su bienestar material, a través de la legitimación del despliegue global de la barbarie.

Si hacemos memoria acerca de palabras como “derecha e izquierda” o del concepto “representación”, encontramos que su origen es un hecho histórico (y por tanto transformable). Este hecho se denomina Estado Nación o Estado Burgués, también Estado Moderno. Y es que, no es baladí que la representación tuviera el origen en la discusión entre Rousseau y Spinoza con Hobbes acerca de si el Contrato Social debe ser participativo (como se dice en Rousseau y Spinoza); o una cesión de todos los poderes al Leviatán (sea cómo sea su estructura) en el caso del Hobbes, es decir, representación. Tampoco es baladí que la diferencia entre izquierda y derecha se produjera en la Revolución Francesa donde los Girondinos conservadores se situaban a la derecha y los Jacobinos revolucionarios a la izquierda…ambos en una suerte de Parlamento ya altamente representativo, continuando la tradición del despotismo ilustrado ejercido por los reyes a quienes cortaron la cabeza (paso del Leviatán desde una Monarquía a una Asamblea de élites).

Si seguimos haciendo memoria, encontramos que entre las páginas más lúcidas de El Capital de Marx ya se asocia el Estado al Capital como forma que le da legitimidad pues se basa, como muy bien indican ya algunos de los contractualistas (no Rousseau ni Spinoza) en la sustentación de la propiedad privada y en el sufragio censitario dependiendo, única y exclusivamente, de esas mismas propiedades expropiadas originalmente.

Pero no se trata de una expropiación anterior en un tiempo cronológico, sino de una expropiación que se da cada vez que debemos comprar o alquilar una casa, cada vez que no nos dejan hablar, cada vez que nos dictan qué hacer, cómo producir, cómo pensar, qué decir o qué votar.

Y, si no nos equivocamos en nuestro diagnóstico, este acontecimiento político incipiente y frágil aún, pide eso exactamente: ¡que no nos expropien más!; que las gentes no necesitamos especialistas que nos digan qué es la política y cómo debemos actuar, que no nos vendan ni nos compren, ni nos saquen bonitas fotos en la prensa del poder que sólo distorsiona lo que HAY; que ningún partido político capitalice algo que no les pertenece pues no desea ser ideología, que no nos acallen de nuevo con las mil estructuras políticas pensadas de antemano que nunca atienden a lo que hay, a la vida, a la pluralidad de gentes, de plantas, de soles que HAY.
Por ello creemos que habría que establecer no negatividades sino algunos límites a la hora de que este movimiento pueda pensar y actuar, que pueda acontecer el acontemiento y no muera sepultado en especialidades. Sólo evitar algunas malos hábitos que tienen mucho más que ver con el poder que con la potencia de cambio, alegría, vida, pensamiento y acción.

La primera de ellas es que nos acostumbremos a que la vida, lo que nos rodea, la lluvia y el sol no tienen sujetos. No son producidos por nadie que les tenga que dar impronta ni forma. Así que, ¿por qué lo va a tener la política que es el modo de relacionarnos en comunidad con otrxs y con lo otro: con el sol, con la tierra, con el agua, con las creencias, etc.? Propondríamos que evitemos lo más posible ponerle un solo nombre y un grupo de especialistas que lo canalicen de un solo modo. Lo bueno de este movimiento es que se declara sin consignas, sin ideología…y, por lo tanto, sin sujeto –ya sea éste individual o partido político–. Y, en el caso de que los haya, que se sepan tales, que se sepan reemplazables y no fundamentales ni verdaderos porque la única verdad es el acontecimiento mismo y la única responsabilidad es que no se muera asfixiado en pequeñas luchas de poder que lo quieren encerrar en las garras de algunxs, volviendo a expropiarnos lo que no era nuestro ni suyo pero nos concernía a todxs.

La segunda de ella está relacionada con la primera. Si hay sujeto, ya sea grupo de especialistas ya sea individuo que se proponga como sabio, no nos quedará otra vez nada más que la representación. Nos volverán a expropiar, ya no hablará nada a través de nosotros sino que hablaremos según los dictados de alguien. En cualquier caso los habrá…pero, volviendo a la misma prudencia anteriormente expuesta, tendremos que modular que haya los menos intermediaros posibles entre esas leyes buenas de las que habla Rousseau en el Contrato Social, leyes que provocan en las gentes la participación en su democracia, y las gentes mismas. O lo que es lo mismo, evitar de todas las formas que las leyes, a base de alejarse mucho de lo que necesitamos, se conviertan en “malas” para nosotros y despotencien la participación activa como viene sucediendo desde hace ya demasiado tiempo, de tal forma que ya nos cuesta imaginar una actividad continua en política simultaneada con nuestras vidas y problemas cotidianos.

La tercera de ellas, otro vicio al que ya estamos demasiado acostumbradxs y que siempre nos expropia, es la centralización y unidireccionalidad. Ni valen para todo lugar las mismas leyes, ni para todo tiempo, ni para toda la gente. Sería interesante probar un modelo de estructura que dejara márgenes para esta flexibilidad tan elástica como la vida misma. No se trata de adoptar la fosilidad aparentemente cambiante del Capital y sus bolsas y la variación de la deuda, sino sólo y una vez más, que nos demos cuenta de que ni nuestras vidas son nuestra propiedad privada, ni nuestras leyes, ni nuestras aguas, ni nuestrxs hijxs. Se trata de saber que es necesario el cuidado y que la democracia no es algo que se hace de una vez por todas en no se sabe qué origen de un Estado, sino que, al igual que la expropiación se da cada vez que nos callan y que nos dictan cuál es nuestro modo de habitar (nuestra ética, etología y política), la democracia deja de ser cuando no la cuidamos, la cultivamos, la hacemos ni la pensamos. Pensar la democracia como el espacio vacío, el ágora o plaza pública, el hueco de lo no dado nunca y donde todo es posible ser pensado.

La última de ellas es la ideología. La vida no tiene ideología. Desear vivir y cuidar-nos (a nosotrxs, entre nosotrxs, a favor de la democracia y en contra de la expropiación sistemática y continua). Por ello, ¿para qué encuadrar estas leyes básicas por ser primeras en un sistema u otro?, ¿por qué nos van a pensar nuestras gramáticas a pesar nuestro?, ¿por qué van a distinguir de antemano lo que es naturaleza, lo que es humano, lo que es inmigrante, lo que es autóctono, lo que es amigo, enemigo, mujer, hombre, etc?, ¿por qué no cambiarlas de mil formas como mil nombres tiene este movimiento? Éste es quizá el paso más difícil. Al igual que todos ellos es a largo plazo y, al igual que los anteriores será muy difícil y, cada vez que nos descuidemos, se nos colará la gramática hegemónica o alguna de sus colaterales. Pero, si hay sistemas que puedan hacerse cargo de su existencia, de la existencia de esas gramáticas del poder que impiden las acciones, los pensamientos, dictándoles de antemano qué hay que decir y hacer; se podrán tomar medidas creativas que acepten a los poetas dentro de la ciudad. Ya que poetas seremos todxs y cada unx y no se constituirá una comunidad como viene siendo la costumbre de las sociedades mal-acostumbradas: a base de enemigos, exclusiones o chivos expiatorios (la peor estructura de poder que ha habido nunca y que curiosamente se presenta con carta de naturaleza).
Por ello hay que cuidarse de la mera negatividad (forma ideológica con carta de naturaleza). Por supuesto debemos decir “NO”, pero es más importante los diversos “Sí” que se pueden dar. Y si este movimiento no pasa a los síes plurales, puede morir en una pequeña descarga de queja sin cambiar nada.

***

Lo queremos todo, pero también debemos estar dispuestos a darlo todo. Y es que, una acción política considerada como pertinente en un mundo agonizante huele demasiado a renuncias materiales, a dar la vuelta, a replegar las velas y dejar al enemigo que llevamos dentro, sin el rito sacrificial y lucrativo del cual se alimenta. Exorcismo en toda regla. Si no renunciamos a mantener nuestra posición privilegiada, dependiente absolutamente del sistema capitalista, pasaremos a ser conservadores y legitimadores del estado actual de las cosas, por poco que nos guste.

La satisfacción de supuestas necesidades materiales que se han convertido en aparentemente necesarias unido a la seguridad física que brinda el biopoder, nos esclaviza y a la vez, legitima un orden criminal del mundo, sin medida, que no quiere tener en cuenta las limitaciones del planeta, y que ha puesto toda la potencia creativa de la técnica al servicio de un expolio sistemático y multidimensional, donde no se aplica el mínimo principio de prudencia. No estamos ya sólo ante un escenario clásico de conflicto político, donde la lucha de clases ocupa todo el espectro ya que distintas problemáticas como la precarización de las condiciones de vida derivadas del deterioro medioambiental afectan a la totalidad de la población. La bio-aniquilación que promueve el propio avance del Capitalismo, va desplazando hacia la lucha por la supervivencia, el debate ideológico. Los últimos desastres nucleares, son un claro ejemplo.

Estos últimos años se ha entendido por dignidad, no el concepto que tenía que ver con el decoro y la urbanidad que se le acuñó durante siglos, sino al concepto con el que lo políticamente correcto lo ha imbuido, que no es otro que el de la capacidad de consumir. La capacidad de adquirir, proveer, ó poseer ha hecho que los individuos sean considerados dignos. El orgullo, que sería un paso más allá en ese periplo de la adquisición y en ese asentamiento de la dignidad como capacidad de consumo; sería lo consumido, lo ya adquirido, que además aumenta, y debe aumentar, de continuo. El orgullo de lo que se tiene (y hablo en presente), de lo consumido, adquirido, crecido y aumentado.
Si el movimiento de los Indignados es sólo una lucha por recuperar la dignidad (capacidad de consumir), seguiremos excluyendo a los marginados del tercer mundo, sobre los que levantamos el manipulado orgullo del haber consumido. Aún siendo necesario adscribirse a cualquier propuesta de las asambleas ciudadanas, sigue existiendo la preocupación por retornar a esa falsa dignidad acuñada por el capitalismo.

La sociedad capitalista, ha convertido a todas las formas de vida, en general, en medios para un lucrativo fin. En el caso del ser humano, en particular, le ha usurpado su dignidad y reventando las estructuras sociales que tradicionalmente han unido a las comunidades y pueblos, nos han dejado huérfanos. La indignación, en las sociedades capitalistas, es inherente a la propia estructura de la sociedad. Y la frustración de aquellos que se reconocen como indignados, y a la vez, esclavizados por la riqueza, se convierte en enfermedad. Abrir la posibilidad a la perduración del acontecimiento, implica por lo tanto, dejar de obturar el emerger de la verdad. El totalitarismo al que aspira el poder económico capitalista, a través de la aniquilación de diferencias y la homogeneización de territorios, culturas y mentes, solamente puede ser contestado, saltando en marcha de su acelerada y nihilista carrera hacia el sin sentido. Al tomar suelo de este mortal hacia atrás, siempre nos encontramos en las plazas, entre “nosotros”.

***

Tras estas pequeñas e imprescindibles prudencias que se pueden denominar en afirmativo: con-vivir, actuar, construir, pensar. Creemos que debemos cuidar este acontecimiento que nos atraviesa: escuchar, aprender, hacer cada unx lo que pueda; a largo y corto plazo y no dejarlo morir en la desilusión o la asfixia que es la suya y la nuestra.

Lo que negamos y contra lo que estamos es esto: contra la repetición indiferente de los políticos (como clase); contra los banqueros; contra la burocracia y la gerontocracia, contra la violencia y la globalización de la guerra permanente en forma de circulación de naturalezas, humanxs, estudiantes, divisas, etc. Contra el funcionamiento corriente del Capital como lógica de la guerra y la venganza dialéctica de la enfermedad indiferente de la historia. Lo que afirmamos es la diferencia: por un lado la alteridad, la pluralidad de las culturas y de las diferencias enlazadas por las acciones participativas, cívicas que devuelven a la democracia su lazo social y su lenguaje vivo: en acción cotidiana. Y por el otro lado, en cuanto a la alteridad constituyente de la naturaleza viva (la phýsis) y de lo sagrado indisponible, afirmamos el reconocimiento y el cuidado constante de esa alteridad; de esa diferencia límite de lo humano, sin la cual no hay el misterio de lo divino inmanente. La traducción ecologista y común de esas tesis admite plurales registros y nombres pero no puede, en ningún caso, subordinar la diferencia, la alteridad y el límite a ninguna identidad universal o abstracta, ni tampoco disimular el primado de la solidaridad con los más débiles de entre nosotros, en todos los casos. Ello incluyendo el ser del acontecer mismo de la diferencia en los lenguajes y en el silencio. En lo común compartido, en la vida de los cuerpos, y en la creatividad abierta del espacio y el tiempo –por un lado telemático y por el otro cotidiano y próximo, más cerca de la cotidianidad y las comunidades de vecinos y más cerca del acontecer de lo sagrado y el misterio en la cotidianidad participativa–.

Que nadie nos represente, que nadie hable por nosotros y que estas palabras se unan a las palabras de muchxs de nosotrxs, actuales e inactuales o transhistóricos. Aquellxs que hablamos ahora a través de este acontecimiento y aquellxs que nos llaman desde el acontecimiento filosofía, por ejemplo. Filosofía no como un dogma sino como una petición activa de dejar ser, dejar pensar, dejar crear, dejar participar y compartir, desde el cuidado crítico de la diferencia.

Seguimos y seguiremos pensando y actuando, por lo tanto, este texto, las discusiones y las recepciones quedan siempre abiertas a la participación heterogénea y común.

miércoles, 23 de marzo de 2011

¡Deslocalizados de todos los no-lugares, uníos!

por Amanda Nuñez y Marisa Perez - "El Faro Crítico"

Planteamiento

Queremos plantear el tema de nuestra intervención acerca de la “Ausencia de un sujeto político” con una pregunta: ¿podemos pensar un sujeto político sin un lugar, sin un espacio donde habitar, sin tierra, si agua y sin aire?

Creemos que esta pregunta ha servido de mucho en las luchas anteriores pero que, debido a la inflación de sujetos creada por el capital, parece que queda borrada para plantear otra más radical y que debemos construir: ¿No será que, en realidad, de lo que carecemos es de un lugar político?, o quizá, ¿carecemos absolutamente de lugar?

Pensamos que no sólo debemos construir la pregunta sino que, a la par que la construimos y somos conscientes de aquello que cada vez tenemos menos, debemos construir lugares.

Nuestra pregunta se remonta a las condiciones reales que vivimos (no “en” que vivimos):

No debemos olvidar que el Capitalismo ha pasado de sus formas de agotamiento del tiempo (la industria que robaba el tiempo incluso de la infancia, las camas calientes, etc.) a una globalización o mundialización radical. La mundialización ha conseguido fluidificar y extender las formas del capital más ferozmente que en otras ocasiones por una razón: porque ha ocupado el planeta. Es decir, porque ha ocupado todo lo que antes eran lugares y lo han convertido todo en un no lugar, en el mero fluir de la mercancía por un espacio abstracto que es el mercado mundial.

Si ya Marx decía en El Capital que el mercado nacía en las fronteras de las comunidades y que ello hacía que, internamente, ese fenómeno también se diera dentro de las comunidades (p. 107 edición SXXI), ¿no habrá ocurrido que las comunidades se han deshecho? Y la prueba es la apelación a “La sociedad” constantemente y no a las “Comunidades”. De este modo, incluso el multiculturalismo se encuentra con el grave problema de encontrar derechos de comunidades y culturas diferentes cuándo sólo ha pensado en individuos-sujetos de consumo aislados y unidos yuxtapuestamente en una sociedad mundial con una sólo televisión devoradora no sólo de tiempo, sino también de cualquier lugar que no sea el enfrente de sus rayos catódigo-digitales…o, en todo caso, en Estados-Nación homogeneizados por todo el universo como garantía tan sólo del Mercado y las propiedades privadas.


Parte Crítica
De este fenómeno tenemos muchos ejemplos.

1. Las empresas pueden cambiar de localización velozmente dejándonos sin ni siquiera derecho a huelga, pues si se amenaza con una falta o exceso de producción la empresa, simplemente, se va del lugar. Antes lxs deslocalizadxs eran lxs proletarixs, ahora son ambxs.

2. La inmigración creciente deslocaliza a lxs trabajadores pero no les da un nuevo lugar parar vivir mientras sus países cambian de paisaje a una velocidad tan atroz que ya ni siquiera parece que podamos volver donde están nuestros antepasados. Incluso la inmigración ya no se da tanto en la forma de ir de un lugar a otro sino en tener que viajar constantemente en busca de las empresas y fábricas que cambian también constantemente de lugar. Todo ello sin olvidar los no-lugares (con la cara más o menos maquillada) donde se suelen estancar aquellxs que ya sin lugar no caben en las tierras de llegada: nueva versión de las fronteras.

3. Pero no sólo la inmigración laboral. Tanto en empresas como en la Academia y los Ministerios se ha tomado un tono de “movilidad” muy peligroso. Por ello, cualquier preparación significa no poder construir nada en ningún lugar. Significa no estudiar ni prepararse en ningún oficio sino viajar y tener movilidad disponible. Un constante ir y venir en becas, congresos y turismos para que no se pueda hacer nada distinto que recibir mensajes de control de las compañías telefónicas cada vez que se llega a un lugar nuevo del que habrá que partir inmediatamente…quizá por ello los anuncios de automóviles dan esa doble cara: hay que viajar constantemente y el único lugar que se tendrá es el coche. O quizá por ello la arquitectura fluida y llamada últimamente “postmoderna” sólo crea cubículos como “la chica nómada de Tokio” de Toyo Ito (http://www.arqhys.com/articulos/moderno-arquitecto.html) de movilidad absoluta los cuáles sólo poseen una cama, una televisión (ya mejor un i-phone que te permite llagar a la “información y el ocio” sin tener que estar sentado frente a la pantalla de la tv o del ordenador) y una papelera.

4. A ello se une la cuestión del urbanismo imposible que sólo genera lugares donde no es posible la reunión (pues son los centros comerciales y allí todo es un flujo continuo de estímulos y “ocios” que impiden el ocio de la política o el de simplemente hablar), donde se da un agotamiento en los transportes que atraviesan las nadas entre ciudades sin ágora ni plaza pública y urbanizaciones gigantes atomizadas en pequeños cubículos sin mancomunidad ninguna…(y todo lo que dice José Luis). No lugares donde no habitar que nos abocan a las redes “virtuales” donde se habita en el no-lugar permanente.

5. Pero no sólo se trata de los espacios físicos concretos. Si el problema actual es la ecología, se debe precisamente a que la mundialización ha conseguido eliminar todo lugar…y, por supuesto, como ya dice Marx en el Capital: han puesto precio a aquello que no tiene ni valor, es decir, a la tierra misma. Pero ya no sólo a la tierra en forma de fronteras y propiedades privadas, sino al aire, al agua, a los árboles, a las ondas, al magnetismo. Todo controlado, ocupado y anulado en la esterilización aséptica y homogenaizante de cada lugar. Hasta que la tierra entera no sea más que un gran aeropuerto, igual en todas partes del mundo.

6. Aunque tampoco se trata de los espacios sólo físicos, también en los simbólicos. ¿Qué lugar tienen aquellxs despedidxs anticipadamente que están inutilizados para trabajar por exceso de edad pero no llegan a la franja de jubilación?, ¿y lxs eternamente jóvenes que no podemos ni trabajar, ni ser mayores pero tampoco ser niñxs y tenemos que estar en el duro estado fluido y cambiante de la adolescencia deslocalizada en busca de empresas siempre móviles que expulsan a gente y no toman a nadie?; pero ¿Qué pasa incluso con lxs jubiladxs? Ellxs tampoco tienen lugar desde hace mucho…y ahora ya no saben ni a qué edad podrán hacerlo, ¿y lxs ancianxs, lxs niñxs sin parques encerrados cual propiedad privada, lxs adolescentes eternos sin bares donde descansar, sin plazas que no estén llenas de policía, los animales, las plantas, etc?, ¿Y lxs propixs trabajadores? Si parecía que trabajar era el único lugar simbólico, tampoco parece serlo en este mundo donde en cualquier momento la empresa se deslocaliza, disminuye, cambia a subcontratas, amenaza despidos baratos, amenaza con que hay que tener movilidad y disponibilidad, etc.

7. ¿Quién tiene lugar? No es baladí que las protestas en Tunez y Egipto y la revolución ya asfixiada fueran por un lugar donde habitar y se hicieran desde las plazas públicas. Posiblemente el capital ya haya ocupado y esterilizado incluso esas propuestas prometiéndoles el lugar abstracto y comunicado al infinito del capital.

8. Pero, ¿Qué tiene lugar? Porque ya ni siquiera la economía está en un banco mundial ni nacional ni nada; es más es el fantasma que no tiene lugar sino que sólo es carencia-deuda ilocalizable.


Parte filosófica

A su vez, este movimiento ya ha sido anunciado múltiples veces. En el Manifiesto Comunista ya nos hablan Marx y Engels de un mercado mundial (frente a la “internacional” o “los pueblos unidos”) y de que si el proletariado se caracteriza por algo no es sólo por no tener nada, sino por no tener lugar. Por ser ya el abstracto creado a imagen y semejanza de los sueños del burgués: sin tiempo pero también sin lugar.

El problema es estético.

Ahora bien, o deseamos volver a un mundo cualitativo donde los lugares están dados de antemano y los linajes de sangre y tierra se refieren a ellos en comunidades cerradas (suena muy nacional-socialista); o intentamos pensar el lugar no desde lo ya constituido sino como aquello tan frágil que si no se construye y cuida a cada vez no es suprimido. (esto tiene que ver con cositas de origen, de contrato social y cantidades intensivas que ampliaremos juntos o expondré cuando no sean las 4 de la mañana y no esté muerta)

Y ya que me ha dado el cansancio sólo apuntar que si tiempo y espacio son categorías aristotélicas y, por lo tanto, hacen un predominio del predicado proposicional, Kant los convierte en a prioris de una subjetividad trascendental. Es decir, (la cosita esta copernicana) son del sujeto (muy burdamente dicho). Aun así, a Kant no se le escapa para nada que, evidentemente, espacio y tiempo son condiciones de la estética y la percepción y no ninguna forma de ellos (es decir, que podemos saber que nos falta lugar porque el espacio es condición y lo mismo con el tiempo). Pero tampoco se le escapa que el espacio es la forma de la exterioridad y que si sólo el tiempo ya construye un sujeto, el espacio lo deshace.

Por ello creo que lo que hay que buscar y construir es el lugar de lo político.

Y creo que ya sigo mañana.

Firmado:
Marisa y Amanda e sus mil chácharas en el breve espacio entre café y café, cigarrillo y cigarrillo.

martes, 15 de marzo de 2011

LA OBLIGACIÓN DEL SER FELIZ

por FKastro - "El Faro Crítico"

Obligado a ser felizSiempre habéis sabido que en vuestro ADN coloqué un mandato: Estáis obligados a ser felices.

Para ello, pensasteis que la eucaristía se encontraba en una muralla de barro cocido, en promontorios de adosados de arcilla cocinada, en esos tabiques, ladrillos, puertas y ventanas, en un espacio donde construir el mandato: Sé feliz... y el proyecto os descubrió como colonizadores. Como conquistadores del barro, como pobladores del fango de viviendas que se derriten velozmente con el soplo de una crisis.


Demasiado rápido para vuestras pupilas calidoscópicas, hipnotizadas por ese primer mandamiento, el precepto que os llevará a ser embaucados por ladrillos y tahúres: En la salvación de la felicidad vale todo.


¿Coartada?. La felicidad, claro, pero una felicidad que funciona. Un utilitarismo sin finalidad, que esconde un reverso: El sometimiento a la práctica de un sistema dominante y represivo de cartas marcadas.


El camino al Ser feliz ya viene trazado: Codicia, tecnología, química. ¡Ah, perdón!: Felicidad, funcionalidad, espacio....Y como el itinerario de un viaje, peregrináis como colegiales eternos de mirada simétrica en los límites de una enfermedad oculta.


La heroicidad roza la imbecilidad y la realidad se hace caricatura, tanta, como la técnica que domina vuestros refugios de arcilla cocida. Aparatos electrónicos que cumplen la máxima del relleno continuo. Ni un espacio vacío. Completad todo, hasta la última cavidad.


Recordad que lo diáfano es el vértigo de los síntomas. Cread un catálogo, un escaparate, una panoplia que os ayude a ser otros, que os obligue a ser felices.


Saturaros por el detalle, por las referencias, no por el autor. Por la curiosidad, no por la pasión. Esculpíd vuestras sonrisas en el rostro, someteros a una dictadura en el que las relaciones profilácticas, el buenrollismo, lo confundáis con civismo.


Vuestras prevenciones, vuestra higiene, abandonan la caricatura para ejercer el terrorismo del eso no se toca, no se dice, no se hace. Siempre lo único. Y es ahí, en la semejanza de formas diplomáticas, en la igualdad de carcajadas huecas, donde os constituís en sociabilidad. Relaciones espontáneas, comunicaciones fugaces, correspondencias que sean siempre atajos, para salvaguardar el tiempo libre. Falso espacio virgen, el lugar amañado en el que simuláis. En el que una y otra vez intentáis repoblar lo cronometrado, lo tasado, lo comprado. Día tras día, año a año.
En cada uno de vuestros pasos cordiales en el tiempo libre, os hacéis productores-consumidores-esclavos.


Ese tiempo libre es servidumbre: Tenéis que comprarlo para ganarlo. Hay que hacerlo valer para no perderlo, es fuerza productiva. El camino ya nació marcado: Mejora tu tienda on-line.
Falsa victoria que os impone ser creadores de contenidos nuevos, en señas que os reconozcan de otra manera (siempre vacías, siempre falsamente funcionales) y así no ser sólo bebés, consumidores, trabajadores. ¿Tiempo libre?. Sí, con franjas horarias y con la obligatoriedad de ser feliz, o simplemente ser. Y en ese tiempo ocioso y esclavista, os convertís en prisioneros.
Si no seguís el ritmo os quedáis fuera. Si lo respaldáis, enfermáis.


Cuando consumís antibióticos en los inexistentes valores relaciones de objetos adquiridos en caja, descubrís la mentira. Pero mantenéis el tipo, el civismo de antes. Esos objetos que conquistan el espacio son estrategias del deseo, vaciedades instantáneas de veneno invisible, pero siempre tóxico.


De inmediato, ante la falla que descubrís, os autoevaluáis para volver a ser novedades, y sin daros cuenta, en ese continuo intento de mejora os hacéis más frágiles, tenues, quebradizos La reflexión o la erudición, quizás os convertiría en titanes, en resistencia sin metal, pero todo eso no forma parte de lo instantáneo. No es un atajo. No sirve.


Puede haber en esa inspección interior, en ese reconocerse de continuo, un atisbo de NO, un regazo golpista.. Pero la negatividad es censurada, categorizada y aislada en tedio o sobreesfuerzo, en enemigos de lo efímero, de lo instantáneo. El NO es despedazado para aumentar la vergüenza, para alargar los síntomas.


Corréis, entonces, hacia la técnica, repitiéndoos el mantra: “Tiene que funcionar, tiene que funcionar”, aunque a vuestro ya pésimo diagnóstico se le una ahora el doping, el stress. Más fatiga.


Colócate, ponte en forma, sustráete a lo externo, protégete en lo interno. Hazte valer. Proyéctate... ¿Dónde?. Si ya está todo colonizado, y, ¿por qué conservarse tanto?, ¿por qué cuidaros tanto entre vosotros?. Sólo se cuida quien está enfermo.
El veneno del cuidado.... ¡Os saturáis para estabilizaros!.


Ya no es apetito ni necesidad. Es competencia, son consideraciones técnicas y económicas, que categorizan para neutralizar. Que incrustan la realidad no caricaturesca, dolorosa, real, en proporciones lejanas o reducidas. La Abundancia, Mito, Uno, enormidad del monstruo, aplasta las dosis homeopáticas de la izquierda, las rocía de contradicciones adheridas: Sindicalistas de derechas, antiabortistas a favor de la pena de muerte, etc.


Es tan sencillo emanciparos para poder explotaros.


Os concedemos vuestras luchas de liberación. Tenemos un catálogo, vosotros también. Tenéis un inconsciente, nosotros también. ¿Liberación sexual?. Sex-Shop. ¿Ecologismo?. ONG. ¿Acaso creéis que el tiempo libre no es suficiente buldózer ideológico contra vuestras quejas?. Vuestras manifestaciones callejeras son productores-consumidores en el tiempo libre. Vuestra manifestaciones multitudinarias son ocio, antibióticos, anestésicos.


Ocuparos del ser feliz. Sabéis que es una obligación.


¿Y el estar?


Dejad al estado del Bien-estar. Padre, madre, que nos quitaron algo para volver a dárnoslo. Educación pensiones, redes infinitas de transporte inútil... ¡Ay, si siempre ha sido vuestro!. Siempre os perteneció, pero os lo quitamos para volver a dároslo... ¿O es que pensasteis que un sirviente podía ser amo?.


Adversarios. No neutrales.


Afirmemos lo Imposible.