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miércoles, 23 de marzo de 2011

¡Deslocalizados de todos los no-lugares, uníos!

por Amanda Nuñez y Marisa Perez - "El Faro Crítico"

Planteamiento

Queremos plantear el tema de nuestra intervención acerca de la “Ausencia de un sujeto político” con una pregunta: ¿podemos pensar un sujeto político sin un lugar, sin un espacio donde habitar, sin tierra, si agua y sin aire?

Creemos que esta pregunta ha servido de mucho en las luchas anteriores pero que, debido a la inflación de sujetos creada por el capital, parece que queda borrada para plantear otra más radical y que debemos construir: ¿No será que, en realidad, de lo que carecemos es de un lugar político?, o quizá, ¿carecemos absolutamente de lugar?

Pensamos que no sólo debemos construir la pregunta sino que, a la par que la construimos y somos conscientes de aquello que cada vez tenemos menos, debemos construir lugares.

Nuestra pregunta se remonta a las condiciones reales que vivimos (no “en” que vivimos):

No debemos olvidar que el Capitalismo ha pasado de sus formas de agotamiento del tiempo (la industria que robaba el tiempo incluso de la infancia, las camas calientes, etc.) a una globalización o mundialización radical. La mundialización ha conseguido fluidificar y extender las formas del capital más ferozmente que en otras ocasiones por una razón: porque ha ocupado el planeta. Es decir, porque ha ocupado todo lo que antes eran lugares y lo han convertido todo en un no lugar, en el mero fluir de la mercancía por un espacio abstracto que es el mercado mundial.

Si ya Marx decía en El Capital que el mercado nacía en las fronteras de las comunidades y que ello hacía que, internamente, ese fenómeno también se diera dentro de las comunidades (p. 107 edición SXXI), ¿no habrá ocurrido que las comunidades se han deshecho? Y la prueba es la apelación a “La sociedad” constantemente y no a las “Comunidades”. De este modo, incluso el multiculturalismo se encuentra con el grave problema de encontrar derechos de comunidades y culturas diferentes cuándo sólo ha pensado en individuos-sujetos de consumo aislados y unidos yuxtapuestamente en una sociedad mundial con una sólo televisión devoradora no sólo de tiempo, sino también de cualquier lugar que no sea el enfrente de sus rayos catódigo-digitales…o, en todo caso, en Estados-Nación homogeneizados por todo el universo como garantía tan sólo del Mercado y las propiedades privadas.


Parte Crítica
De este fenómeno tenemos muchos ejemplos.

1. Las empresas pueden cambiar de localización velozmente dejándonos sin ni siquiera derecho a huelga, pues si se amenaza con una falta o exceso de producción la empresa, simplemente, se va del lugar. Antes lxs deslocalizadxs eran lxs proletarixs, ahora son ambxs.

2. La inmigración creciente deslocaliza a lxs trabajadores pero no les da un nuevo lugar parar vivir mientras sus países cambian de paisaje a una velocidad tan atroz que ya ni siquiera parece que podamos volver donde están nuestros antepasados. Incluso la inmigración ya no se da tanto en la forma de ir de un lugar a otro sino en tener que viajar constantemente en busca de las empresas y fábricas que cambian también constantemente de lugar. Todo ello sin olvidar los no-lugares (con la cara más o menos maquillada) donde se suelen estancar aquellxs que ya sin lugar no caben en las tierras de llegada: nueva versión de las fronteras.

3. Pero no sólo la inmigración laboral. Tanto en empresas como en la Academia y los Ministerios se ha tomado un tono de “movilidad” muy peligroso. Por ello, cualquier preparación significa no poder construir nada en ningún lugar. Significa no estudiar ni prepararse en ningún oficio sino viajar y tener movilidad disponible. Un constante ir y venir en becas, congresos y turismos para que no se pueda hacer nada distinto que recibir mensajes de control de las compañías telefónicas cada vez que se llega a un lugar nuevo del que habrá que partir inmediatamente…quizá por ello los anuncios de automóviles dan esa doble cara: hay que viajar constantemente y el único lugar que se tendrá es el coche. O quizá por ello la arquitectura fluida y llamada últimamente “postmoderna” sólo crea cubículos como “la chica nómada de Tokio” de Toyo Ito (http://www.arqhys.com/articulos/moderno-arquitecto.html) de movilidad absoluta los cuáles sólo poseen una cama, una televisión (ya mejor un i-phone que te permite llagar a la “información y el ocio” sin tener que estar sentado frente a la pantalla de la tv o del ordenador) y una papelera.

4. A ello se une la cuestión del urbanismo imposible que sólo genera lugares donde no es posible la reunión (pues son los centros comerciales y allí todo es un flujo continuo de estímulos y “ocios” que impiden el ocio de la política o el de simplemente hablar), donde se da un agotamiento en los transportes que atraviesan las nadas entre ciudades sin ágora ni plaza pública y urbanizaciones gigantes atomizadas en pequeños cubículos sin mancomunidad ninguna…(y todo lo que dice José Luis). No lugares donde no habitar que nos abocan a las redes “virtuales” donde se habita en el no-lugar permanente.

5. Pero no sólo se trata de los espacios físicos concretos. Si el problema actual es la ecología, se debe precisamente a que la mundialización ha conseguido eliminar todo lugar…y, por supuesto, como ya dice Marx en el Capital: han puesto precio a aquello que no tiene ni valor, es decir, a la tierra misma. Pero ya no sólo a la tierra en forma de fronteras y propiedades privadas, sino al aire, al agua, a los árboles, a las ondas, al magnetismo. Todo controlado, ocupado y anulado en la esterilización aséptica y homogenaizante de cada lugar. Hasta que la tierra entera no sea más que un gran aeropuerto, igual en todas partes del mundo.

6. Aunque tampoco se trata de los espacios sólo físicos, también en los simbólicos. ¿Qué lugar tienen aquellxs despedidxs anticipadamente que están inutilizados para trabajar por exceso de edad pero no llegan a la franja de jubilación?, ¿y lxs eternamente jóvenes que no podemos ni trabajar, ni ser mayores pero tampoco ser niñxs y tenemos que estar en el duro estado fluido y cambiante de la adolescencia deslocalizada en busca de empresas siempre móviles que expulsan a gente y no toman a nadie?; pero ¿Qué pasa incluso con lxs jubiladxs? Ellxs tampoco tienen lugar desde hace mucho…y ahora ya no saben ni a qué edad podrán hacerlo, ¿y lxs ancianxs, lxs niñxs sin parques encerrados cual propiedad privada, lxs adolescentes eternos sin bares donde descansar, sin plazas que no estén llenas de policía, los animales, las plantas, etc?, ¿Y lxs propixs trabajadores? Si parecía que trabajar era el único lugar simbólico, tampoco parece serlo en este mundo donde en cualquier momento la empresa se deslocaliza, disminuye, cambia a subcontratas, amenaza despidos baratos, amenaza con que hay que tener movilidad y disponibilidad, etc.

7. ¿Quién tiene lugar? No es baladí que las protestas en Tunez y Egipto y la revolución ya asfixiada fueran por un lugar donde habitar y se hicieran desde las plazas públicas. Posiblemente el capital ya haya ocupado y esterilizado incluso esas propuestas prometiéndoles el lugar abstracto y comunicado al infinito del capital.

8. Pero, ¿Qué tiene lugar? Porque ya ni siquiera la economía está en un banco mundial ni nacional ni nada; es más es el fantasma que no tiene lugar sino que sólo es carencia-deuda ilocalizable.


Parte filosófica

A su vez, este movimiento ya ha sido anunciado múltiples veces. En el Manifiesto Comunista ya nos hablan Marx y Engels de un mercado mundial (frente a la “internacional” o “los pueblos unidos”) y de que si el proletariado se caracteriza por algo no es sólo por no tener nada, sino por no tener lugar. Por ser ya el abstracto creado a imagen y semejanza de los sueños del burgués: sin tiempo pero también sin lugar.

El problema es estético.

Ahora bien, o deseamos volver a un mundo cualitativo donde los lugares están dados de antemano y los linajes de sangre y tierra se refieren a ellos en comunidades cerradas (suena muy nacional-socialista); o intentamos pensar el lugar no desde lo ya constituido sino como aquello tan frágil que si no se construye y cuida a cada vez no es suprimido. (esto tiene que ver con cositas de origen, de contrato social y cantidades intensivas que ampliaremos juntos o expondré cuando no sean las 4 de la mañana y no esté muerta)

Y ya que me ha dado el cansancio sólo apuntar que si tiempo y espacio son categorías aristotélicas y, por lo tanto, hacen un predominio del predicado proposicional, Kant los convierte en a prioris de una subjetividad trascendental. Es decir, (la cosita esta copernicana) son del sujeto (muy burdamente dicho). Aun así, a Kant no se le escapa para nada que, evidentemente, espacio y tiempo son condiciones de la estética y la percepción y no ninguna forma de ellos (es decir, que podemos saber que nos falta lugar porque el espacio es condición y lo mismo con el tiempo). Pero tampoco se le escapa que el espacio es la forma de la exterioridad y que si sólo el tiempo ya construye un sujeto, el espacio lo deshace.

Por ello creo que lo que hay que buscar y construir es el lugar de lo político.

Y creo que ya sigo mañana.

Firmado:
Marisa y Amanda e sus mil chácharas en el breve espacio entre café y café, cigarrillo y cigarrillo.

martes, 21 de septiembre de 2010

Territorismo

por JOSE LUIS MANCHÓN - "El Faro Crítico"
Metástasis urbanística - Rivas VaciaMadrid
Es un hecho, que estamos inmersos en un proceso global de Urbanización del mundo (1). Es fácil percibirlo, visitando las cada vez más extensas periferias de muchas de las grandes aglomeraciones urbanas, donde el campo ha pasado a asemejarse a un archipiélago fragmentando dentro del mar de hormigón, y las ciudades han perdido su afuera, para convertirse en un continuo.

Lo esencial de porqué se está produciendo esta depredación ingente del territorio, no ha sido aún suficientemente pensado. Las proporciones de las desastrosas consecuencias económicas, medioambientales y sociales del proceso, han copado la reflexión sobre el problema y no han permitido entender, que el sistema capitalista en su conjunto, estaba utilizando la irreversibilidad del urbanismo para fijar materialmente un modelo único de vida.

La implantación del modelo de ciudad desparramada de tipo anglosajón (2), sobre el cual ha cabalgado el gigantesco negocio de la especulación urbanística que se ha dado en nuestro país en los últimos diez años, y que ha sido un proceso muy agresivo con el medio ambiente, con la cultura y con la arquitectura tradicional de este país, es el modelo elegido, como exportable a todo el planeta. Su implementación acelerada y salvaje, se sitúa además, en el origen de la profunda crisis económica actual. Si el urbanismo es el espejo de una civilización, su moderno reflejo nos trae imágenes de exceso, explotación y desigualdad. Como explica el antropólogo, Manuel Delgado, en La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del ‘modelo Barcelona’, la desigualdad en la urbe capitalista, no es un accidente, sino el elemento consustancial que permite hacer de ella un factor de enriquecimiento de una minoría a costa del trabajo y de la miseria de una inmensa mayoría.

El “Territorismo”, es un proceso orientado a la dominación, por alienación (3) de la población, a través de la imposición material de un modelo urbanístico uniforme, con gran capacidad de aniquilación de territorio y sobredeterminación de formas de vida. Se ejerce exclusivamente desde el poder -solo los grandes capitales tienen capacidad para financiar grandes proyectos urbanísticos- y simboliza una proyección en el territorio muy determinada, de un modelo de ciudad dispersa, radicalmente alejado de cualquier vocación de satisfacción a una supuesta demanda social. Creación de una segunda naturaleza de tipo urbano, orientada a la legitimación del poder que la impuso, a través de la marginación ó exclusión directa de determinados usos y costumbres asociados al “Lugar”, y la magnificación de un modelo de vida orientado al consumo y al trabajo, que solo se puede dar de una forma tan normalizada, en estos prefabricados ambientes. Pensar el proceso de urbanización del mundo, desde el punto de vista de la “Dominación”, desvela de repente al pensamiento la dimensión ideológica de un proceso, que persigue la parálisis creativa de los pueblos.

La alianza del poder privado con lo público, a través de las áreas de urbanismo institucionales, para expoliar un recurso común como es el territorio, es un acto de barbarie. Por esta razón, la tramitación administrativa de los planes urbanísticos y de las grandes infraestructuras de comunicación, se suelen realizar en nuestras democracias representativas, con la máxima discreción. El objetivo es eliminar, toda posibilidad de interferencia ciudadana en el trámite, ya que el lugareño tiene mucho que perder y casi nada que ganar, en estos procesos depredadores de “Lugares”. Este sistema de decisión, como combinación de los intereses del mercado liberal y la democracia representativa, sería un claro ejemplo de lo que Toni Negri ha venido a denominar “El Imperio”. Los intereses económicos privados, quedan unidos así a los del político, que ve colmados sus deseos de transformación, de una forma espectacular, cómoda y, en demasiados casos, personalmente lucrativa. El viajero percibe esta realidad con perplejidad, ante la visión de los nuevos barrios, que aparecen de pronto en el horizonte, como surgidos de la nada.

El “Territorismo” es el camino hacia el subdesarrollo, de la mano del crecimiento ilimitado postulado por la sobremodernidad (4).




1 La destrucción del modelo de ciudad mediterranea


Lo único que parece eterno en la epocalidad que nos ha tocado vivir, es el desbordamiento al infinito de la actividad económica de sobre-explotación y sobre-producción. El fin de esta actividad acelerada parece estar en ella misma, y al galope de la codicia, va dejando una estela de destrucción muy difícil de asimilar. Este modelo de crecimiento ha torpedeado a la ciudad mediterránea en nuestro país.

La ciudad mediterránea entraría en lo que se ha venido a denominar “Conjuntos Arquitectónicos Orgánicos”. Ciudades levantadas lentamente, en muchos casos por los propios “lugareños”, integradas eficientemente en su entorno medioambiental inmediato, y adaptadas completamente a las características y necesidades de sus pobladores. Son como bulbos que de pronto maduran en algún cruce de la estructura rizomática que representa el conjunto de caminos vecinales que articula un territorio. Las ciudades mediterráneas han sido y son, complejos urbanísticos a escala humana, con espacios dirigidos al encuentro social, como las plazas, donde la ciudad muestra su sentido más aristotélico: “La vida buena que solo puede darse en común”. Históricamente, las formas de vida de las ciudades han sido condicionadas por su arquitectura y su trazado urbanístico, determinando en cierta medida, la forma de comprensión de la realidad, y en que condiciones se produce la relación entre sus habitantes o que formas de relación son excluidas.

La ciudad de estilo mediterráneo está en crisis. En España, y en otras partes del mundo, las grandes fortunas quisieron explorar en la última década, las posibilidades de negocio que abría, el deseo de propiedad del proletario respecto a la vivienda. La respuesta fue generosa, y el poder económico y político se alió para contarnos, a través del lienzo en blanco del “Territorio”, una historia demasiado repetitiva de mutilación, destrucción, prepotencia, engaño y corrupción. La metástasis urbanística que estamos viviendo como parte de un proceso global de “Urbanización del mundo” ha dado lugar al encuentro físico de muchas ciudades y a la eliminación del afuera, quedando el entramado urbano como un continuo asfixiante, sin posibilidad de fuga. Nuestras ciudades, como cuerpos orgánicos, se desintegran, y sus habitantes también, al perder la identidad conformada a través de las relaciones que propiciaba este singular entramado urbanístico.


1.1 Aniquilación “Horizontal” de la ciudad mediterránea


La ciudad mediterránea es un núcleo compacto, en altura, que propicia el encuentro social y comunitario, entre sus habitantes, y que responde a un “Ethos” que ha predominado en sus calles a través de sucesivas generaciones de ciudadanos que la han habitado. También es un ejemplo de economicidad en el aprovechamiento de recursos, que tiene muy en cuenta la capacidad de carga del ecosistema sobre el cual se asienta. Es en definitiva, un modelo demasiado sospechoso y poco rentable, como para que los grupos de poder asentados sobre las bases del capitalismo, no deseen imponer en este espacio, ciertas “mejoras”. Mejoras que, utilizando criterios de dominación y de maximización de la plusvalía, se van a acometer en dos tiempos.



El modelo anglosajón de ciudad desparramada, es el que proyecta más fielmente sobre el terreno, la ideología capitalista de sobreproducción industrial ordenada a través de una cadena de montaje. Es un modelo repetitivo y planificado a través de un tipo de dibujo técnico, donde el cuadrado y el rectángulo son soberanos. Con un alto consumo de suelo, materiales y energía derivado de la implantación de un modelo de ciudad orientado a la motorización, sus habitantes pasan a vivir en el tránsito. Es un espacio de proyección ideológica, donde el aislamiento y el individualismo representado por la vivienda unifamiliar, adquiere relevancia en detrimento de los pisos en altura y los espacios públicos. Es el espacio encomendado a los promotores, constructores, urbanistas, políticos y arquitectos, que recibirán pingües beneficios como pago a su colaboración en la transformación del mundo en un continuo urbanizado.

1.1.1.1 Del Lugar a la Mercancía


El “Lugar” antropológico es definido por Marc Augé como lugar de encuentro, de cruce, un lugar de identidad, relacional e histórico. Pueden ser itinerarios que pasan y recorren distintos lugares de reunión, caminos que conducen de un lugar a otro en los cuales los individuos se reconocen dentro de un espacio que le es propio; encrucijadas donde los hombres se citan; lugares de reunión como los mercados, ciertas plazas, ciertas calles, siempre las mismas. La ciudad Mediterránea tradicional, es sin lugar a dudas, un “Lugar”.

Para que un “Lugar” se convierta en mercancía, es necesario negar el valor -social, histórico, ambiental- que contiene en si mismo, desplazándolo. Este nuevo emplazamiento del valor se llama “Valor de intercambio”. Considerando que el “Lugar” puede ser considerado también, como una obra de arte, es precisamente esta apreciación valiosa, lo primero que negará la operación de mercantilización del “Lugar”. Lo que se pone en venta precisamente, no es el lugar en si, sino su aniquilación como condición de posibilidad de que se pueda dar el proceso de urbanización.

Este primer paso es discreto, y conlleva en muchas ocasiones la preparación del terreno, eliminando ó desvirtuando todo aquello que pudiera considerarse digno de protección, para no poner en peligro la totalidad del proceso.


1.1.1.2 De la Mercancía al Matema.


Una vez que el “Lugar” ha sido adquirido para la “Ordenación de su Territorio”, empieza la transformación. Materialmente, mientras transcurre este proceso, no ocurre nada aparentemente, pero poco a poco al “Lugar”, se le va a imponer desde un despacho, un nuevo modo de ser, una nueva esencia; un Matema (5).

El “Matema” va a ser el responsable de matar al “Lugar”. La intuición poética necesaria para crear un sitio acogedor y confortable, está exiliada en los estudios de planificación urbanística. El Urbanista, este especialista de la sobremodernidad, representa la usurpación del derecho de un pueblo, para participar en el diseño y construcción de su ciudad y su hogar, que en este caso va a realizar un especialista en nombre de una idea matematizante de orden. Es un gran depredador de la multiplicidad y su “Pulsión de muerte” respecto al desorden visual, lo va a poner a disposición del impulso de homogeneización del poder capitalista. El urbanista percibe como sublime, la belleza de una retícula cuadriculada proyectada sobre la extensión espacial que considera caótica. No es una estructura cualquiera, ya que es precisamente la que permite el máximo aprovechamiento, y por lo tanto la máxima explotación. La fabricación de ciudades, con las misma insensibilidad con que una máquina fábrica cualquier artefacto es, sin lugar a dudas, un atentado contra la sociedad civil como fuerza creativa.

El afuera de la ciudad va a ser renombrado numéricamente y posteriormente segmentado en figuras geométricas a través del tiralíneas. El “Lugar” pasa a ser representado en el papel como un mapa en blanco a escala, sin relieve y sin historia, donde se proyectará a través de la línea recta, un escenario “espectacular” de vida. Un simulacro de “Lugar”.

1.1.1.3 Del Matema al Solar


El modelo ideal platónico ya está diseñado sobre el papel, y el papel, como pura potencia que es, lo soporta. Lo primero que habrá que hacer en el terreno, por lo tanto, será “Desterritorializarlo”. Será necesario lijar la superficie, dejarla lisa e indiferente, para luego poder proyectar el modelo. Las escavadoras dejarán tras un laborioso trabajo, un “Solar”.

La palabra “Solar” evoca soledad, desolación, melancolía y desconsuelo, pero sobre todo, vacío. Es la antesala a la conformación de un espacio que será ocupado por una población muy específica. Son los individuos aislados todo-modernos, condenados a vagar y no morar. El solar también refleja un estado; el de la espera resignada ante lo inevitable.



El vacío pide siempre ser rellenado, pero esta vez, el relleno será pura mercancía. Habrá que nombrar de una forma históricamente evocadora y con algún matiz que implique nobleza, a la futura urbanización, para intentar dar un sentido al sin-sentido.

El solar se convertirá en una ciudad dormitorio o una urbanización de segunda residencia. Estará iluminada uniformemente, circunvalada por una autopista, contendrá zonas verdes con columpios de pvc y buenos accesos a los macro-centros comerciales. Un “No Lugar” habitado por nómadas-sedentarios motorizados, cuya vida transcurre en un continuo desplazamiento ordenado y monótono.

Marc Augé, cuando definió el término “No Lugar”, no incluyó estas estructuras en su definición. Quizás porque no cayó en la cuenta, que la ciudad dormitorio de tipo residencial es un sitio de tránsito, para los refugiados del trabajo. La estancia nocturna en la ciudad se convierte en una parte más del continuo desplazamiento entre “No-Lugares” que constituye la vida tipo del moderno urbanita.

La creación de estos espacios son un atentado al espíritu original de la ciudad tan grave como lo fue en su tiempo, la creación las zonas de descanso llamadas slums (6) en los suburbios industriales del siglo XIX. El hacinamiento, lo cuadriculado del diseño, el carácter muy marcado de almacén de mano de obra y el destrozo del medio natural, son los nexos comunes entre aquellas y estas aglomeraciones, que lo que buscan es un rendimiento económico del suelo y a la vez, colocar estratégicamente a la mano de obra, para que se oriente de una forma casi natural, al consumo, al trabajo y al transporte. La disciplina y el control a través de la subdivisión de las clases sociales, cada una en su barrio; de las familias, cada una en su casa; y de los individuos, cada uno en su habitación, reproduce una organización departamental muy utilizada en los centros de producción. La disposición espacial de la ciudad se convierte así, en un sutil sistema de auto-control.

Las urbanizaciones modernas tienen algo de fantasmagórico, de simulacro de ciudad, de falso. Han sido planificadas y no responden a necesidades reales de una población, que hasta hace muy poco, era soberana en la configuración de los lugares donde vivían; actividad de la que se apropiaron los actores que confluyen actualmente en el planeamiento urbanístico. La producción de sentido que debería emanar de estos emplazamientos, debe ser fabricada. Todo un aparato publicitario intentará legitimar una estética bizarra, normalizándola a través de su inclusión en la representación del modelo de éxito de la sociedad. Como toda producción de sentido con calado social, se convertirá en el espejo donde los miembros del sistema intentarán reconocerse, por todos lo medios posibles.

El “No Lugar” existe, pero no configurará ningún tipo de sociedad orgánica. Es sitio de paso de un tránsito de tipo nihilista. Un movimiento iterativo de idas y venidas, donde la permanencia tiene vocación de curva-fuga infinita.


1.1.2 Segundo tiempo: La implosión urbanística de las ciudades y la destrucción del adentro a través de la sustitución del casco-histórico.


El crecimiento en extensión es sencillo, ya que se realiza a través de los lugares rurales, en un terreno que no ofrece resistencias a la configuración de cualquier tipo de diseño urbanístico.

La modernización de los centros históricos a través de su demolición, sigue otra lógica, ya que es un proceso más lento, y mucho más lastrado por la multiplicidad de intereses que confluyen. En todo caso, la dominación ideológica del modelo de vivienda de tipo anglosajón, mercantilizado a través de la propaganda, y por otra parte, el fenómeno simultaneo de desprecio por lo viejo y de apertura a la novedad, condena sistemáticamente al casco histórico de nuestras ciudades no monumentales, a su decadencia.



Las generaciones que han sido educadas en la sobremodernidad, se acercan a lo antiguo con una mezcla de curiosidad turística y extrañamiento, respecto a que este tipo de “arcaicas” producciones artísticas tuvieran algo que ver con ellos. Aunque para muchos, gran parte de su infancia probablemente ha transcurrido en el interior de alguna casa baja a pie de calle, o en un pequeño edificio de pisos, estas viviendas no se encuentran dentro de su colección de deseos impuestos. La consecuencia de este planteamiento es el abandono por los jóvenes del casco histórico, y la creación de un cinturón urbanístico de nueva construcción a su alrededor. En esta periferia es donde los jóvenes auto-desheredados de la ciudad antigua se alojan, mientras los centros históricos se asfixian, rodeados por una muralla que suena al hueco de los muros de pladur (7).

1.1.2.2 De centro histórico a ruina.


Si el centro histórico no es lo suficientemente singular como para tener la posibilidad por si solo de generar rentabilidades turísticas, comenzará un proceso de decadencia que será tolerado por los poderes públicos, incapaces en muchos casos de reunir simultáneamente en sus expectativas para la ciudad, presente, pasado y futuro.

Cuando “La Resistencia”, conformada por una manada de ancianos empeñados en encalar sus casas, arreglar los desconchones y regar las macetas, se rinde ante el Mobbing inmobiliario (8) ó da con sus huesos en el nuevo cementerio, entonces el descuido y las expectativas de negocio finalmente se adueñan del lugar, y empiezan los derribos.

1.1.2.3 La sustitución del casco histórico, y su conformación como No-Lugar.


Los edificios nuevos, irrumpen en el centro histórico, como si fueran transplantes insensibles al “Lugar” donde se insertan. Traen la sobremodernidad al mismo centro de la ciudad, y son la causa directa de que finalmente, los antiguos modos de vida, desaparezcan. El trazado de las calles se mantiene, pero la ciudad se transforma, y el frescor de los antiguos interiores, es sustituido por el inodoro hormigón y su sonido; el del aire acondicionado. El espíritu de la ciudad cambia a través de los nuevos criterios estéticos. La plaza pública se convierte en un parking subterráneo, y las luces de neón incrustadas en el suelo, simulan una pista de despegue. El corazón de la ciudad antigua, se para, y es sustituido por un corazón artificial, enganchado a un marcapasos.

La razón por la cual es posible esta operación, sin provocar grandes protestas, es por su naturaleza “Espectacular”. Lo moderno aparece aquí, cargado de su propia propaganda auto-elogiosa, que provoca en la mayoría una aceptación pasiva de lo que viene impuesto, sin posibilidad de réplica.

1.2 Aniquilación “Vertical” de la ciudad mediterránea
El aire es un espacio por conquistar. Nos pertenece a todos, y por lo tanto, cualquiera puede apropiarse de él. Una vez que se adquiere una porción de terreno, la columna de aire que descansa sobre la parcela, se convierte en el cielo privado del propietario recién estrenado.



La sobremodernidad tiene un modo de ser que podríamos nombrar con una sola palabra, “Exceso”. El proyecto por antonomasia donde se materializa la vanidad del poderoso es, sin lugar a dudas, el rascacielos. El rascacielos representa un proyecto de opresión psicológica de la población, a través del arrojamiento de la escala humana a la diminuta insignificancia. El Capital financiero, gran promotor de estos edificios, muestra al mundo el “Totalitarismo” al que aspira una voluntad de poder muy específica, que quiere cambiar radicalmente la forma del mundo a su imagen, para que así, le guarde servidumbre .

Tener la posibilidad de transformar el SkyLine de una ciudad a través de un conjunto de “Penes” que amenazan continuamente con penetrar las nubes, y llegar hasta allí donde el cielo cristiano ubica a la divinidad, es un ideal estético bastante difundido entre los poderosos que ansían la gloria que la historia reserva, para los autores de proyectos de proporciones faraónicas. La costosa ejecución de la construcción de un rascacielos, y los desafíos que plantea, es traducida por la ciudadanía, como un mensaje de fuerza, capacidad de organización, poderío económico y voluntad de poder; también por una especie de violencia. Una vez terminado, su imponente figura recubierta por vidrio tintado, lanza un mensaje de superioridad y opacidad a toda la ciudad, generando un sentimiento de insignificancia e incluso, opresión, entre aquellos que no tuvieron nada que ver con su diseño y posterior construcción. El rascacielos sobre-moderniza la ciudad, dotándola de un espacio inflamado, sobredimensionado, ineficiente e inseguro, que se fuga de la cotidianeidad con su elevación respecto al suelo. Cotidianidad que siente ahora extrañamiento respecto a una figura entre demoníaca y paternalista, que representa simbólicamente y de una forma extrema, la tensión entre la tradición y la modernidad.

Los grandes rascacielos, aunque en un principio no se complementan con la ciudad en la cual se insertan, se acaban convirtiendo en iconos, y la ciudad empieza a reconocerse a través de sus elevados edificios en todas las guías turísticas. Abandona definitivamente la escala humana, y se deshumaniza.

2 El sujeto del NO-Lugar: el inhabitante
Al inhabitante (9) es difícil ubicarle, ya que casi siempre, se encuentra en tránsito. La sobremodernidad ha convertido en nómadas a sus hijos, y ya no moran allí donde se encuentran, ya que siempre están en movimiento, desplazándose hacia otro “No Lugar”, en una nihilista búsqueda de la felicidad prometida.

El modelo de vida normalizada propuesto a este sujeto, se asienta sobre tres ejes: Vivienda en zona residencial, trabajo en un parque empresarial bien comunicado por grandes vías de comunicación y ocio vinculado al consumo en el centro comercial. La dificultad de la modernidad para definir espacios públicos en las ciudades producidas industrialmente, tiene como consecuencia la perdida de su inteligibilidad como un “Lugar” habitado por una colectividad, y la imposibilidad de que se plasmen valores colectivos en su configuración. Es el sitio perfecto para que se desarrolle el individuo sin tiempo, aislado e individualista postulado por el sistema Capitalista, que es aquél derivado de un lenguaje político únicamente centrado en la preservación de las libertades individuales, necesarias para legitimar sobre todo, el derecho al consumo ilimitado. La ciudad se convierte así en una trampa donde la dimensión hospitalaria de lo gratuito es marginal o inexistente.

El “Inhabitante” considera a la ciudad como un mal necesario y desconfía de ella lanzando miradas furtivas y huidizas, a sus vecinos. La ciudad no tiene nada que ver con su intimidad, y se comporta ante ella como un espectador pasivo. La casa se cierra hacia sus usos interiores y sus puertas se blindan como un acto de defensa respecto al espacio público que representa la calle. La tristeza que exhiben estas grandes extensiones urbanísticas tiene que ver con un modo de ser de la ciudad que es despreciable, hasta para el que las habita.

El “Inhabitante” se relaciona de forma pseudo-comunitaria, con sus vecinos, a través de la gran superficie comercial. Las grandes marcas comerciales se han apropiado del vacío de lo público, dejado por este tipo de urbanismo, y han diseñado zonas comerciales inmensas, que reproducen ficciones de entramados urbanos de calles y plazas, para acompañar el simulacro de exótico paseo que realiza el ocioso consumidor. Muere el pequeño comercio en los céntricos cascos, y la actividad comercial se desplaza al ambiente techado y periférico del centro comercial. Lo público se privatiza y se convierte en zona de consumo.

En todo caso, el “Inhabitante” está íntimamente ligado al sitio, a través de una relación fantasmal. Su casa es una mercancía que se revaloriza, y cuya estructura material solo será reformada, si con los cambios se prevé un mayor valor de intercambio. Su talante huraño e hiper-moderno le delataría como ser marginal en cualquier pequeña ciudad mediterránea viva. Pero aquí, en su chalet con piscina y césped artificial, o en el lujoso apartamento de la planta sesenta y ocho de cualquier rascacielos, ha encontrado su sitio. Su capacidad de compra le asegura una relación normalizada con el entorno, y por lo tanto, satisfactoria.

Estas condiciones de aislamiento son precisamente aquellas, que permiten la paz social por incapacidad de reunión y focalización a la producción. Están en el origen de la soledad derivada de esta nueva forma de masificación urbana. Marc Augé, considera que la sensación de exotismo que experimenta un turista procedente de este tipo de urbes, al visitar determinadas culturas, no es más que un cierto extrañamiento al percibir ausencia de “No Lugares (10)".

El modo de vida que fija el proceso de urbanización capitalista del mundo, es tan irreversible como la propia urbanización.


3 Pérdidas comunes
La planificación de los usos del territorio, en base a intereses que no tienen nada que ver con las formas de vida que ya se desarrollan allí, es una acto de aplastamiento de lo que hay y de sobredeterminación, de lo que venga. Una vez que la ciudad es transformada físicamente a través de una ordenación urbanística de nuevo corte, el proceso se vuelve irreversible. La sobremodernidad se implanta en el “Lugar”, y lo vacía. Se percibe automáticamente en el nuevo y cuadriculado espacio urbano el reflejo de la voluntad de poder de los que aspiran a imponer a toda la globalidad, un único estilo de vida coincidente con aquel que está presente en sus transnacionales campañas publicitarias.

La metástasis de copias de modelos urbanísticos y arquitectónicos idénticos, que atraviesan todo tipo de entornos diferenciales, esconden un intento de homogeneización en beneficio de un sistema económico y de poder, que lucha por apropiarse de cualquier dimensión mercantilizable de la realidad. La “Desruralización del mundo” ya sea por el efecto de la urbanización del campo, ó por el efecto de las migraciones del campo a la ciudad, es el síntoma de una apuesta por un “Totalitarismo económico industrial y global” que desea ansiosamente, la hegemonía total. En este sentido, el territorio se conforma como superficie de inscripción donde la planificación urbanística y la arquitectura, relatarán la historia de los que construyen. La de la imposición de un modelo que estratégicamente impide, desde la propia materia, la posibilidad de que alguna vez se pueda dar otro paradigma.

El no reconocimiento por parte de la sociedad civil, ebria de modernidad, de la enorme importancia que está teniendo la destrucción indiscriminada de nuestros “Lugares” históricos y comunes, es un hecho que pone de relieve hasta que punto el aparato propagandístico desplegado, está siendo eficaz en su objetivo de deshumanización del mundo. Deshumanización en el sentido que llamaría Kant “la insociable sociabilidad”; aquella sociabilidad de los que viven juntos, pero cada uno para si mismo.
Bibliografía
- Deyan Sudjic, La arquitectura del Poder, Ariel, 2007
- Varios, V Encuentro de la arquitectura mediterranea, Publicaciones DGM, 2002
- Marc Augé, Los no lugares, Gedisa, 1992
- Marc Augé, El oficio de antropologo, Gedisa, 2007
- Marc Augé, Porqué vivimos, Gedisa, 2004

1. Según la ONU en un informe reciente, cerca del 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades o áreas urbanas en 2050, comparado con el 49 por ciento que lo hace en 2010.

2. La ciudad desparramada ó difusa, de tipo anglosajón, es una ciudad sin límites, que se difumina ocupando un área muy extensa de territorio. Con alto impacto en consumo del suelo, de energía y materiales, las complejas redes de transporte de alta capacidad, articulan el conjunto.


3. La alienación o enajenación es el fenómeno de suprimir la personalidad, desposeer al individuo de su personalidad o deshacer la personalidad del individuo, controlando y anulando su libre albedrío, para hacer a la persona dependiente de lo dictado por otra persona u organización. El alienado permanece dentro de sí, ensimismado por su desorientación social. Directamente relacionado con la manipulación social, la aniquilación cultural, la dominación política y la opresión de la persona o colectivo alienado.

4. La sobremodernidad (del francés surmodernité) o, según el autor, hipermodernidad (del francés hypermodernité) es un concepto acuñado por el antropólogo francés Marc Augé para referirse a la aceleración de todos los factores constitutivos de la modernidad, del siglo XVIII y XIX. En la sobremodernidad, se tiene una relación nueva con los espacios del planeta, y una individualización nueva. También se conocen tantos acontecimientos a través de la televisión, y de los medios de información en general, que tenemos la sensación de estar dentro de la Historia sin poder controlarla. Es decir, se desarrolla a la vez una ideología del presente –porque el pasado se va muy rápidamente y el futuro no se imagina-, y este presente está siempre cambiando.

5. El término matema designa un concepto introducido en 1971 por Jacques Lacan para denominar el tipo de formalización con la que algunos conceptos psicoanalíticos centrales podrían ser descritos a través de una notación algebraica. Se trata de fórmulas que representan de manera simbólica los términos de una estructura y las relaciones de sus componentes entre sí.

6. Vocablo inglés que designa en origen, barrios construidos en el siglo XIX en Inglaterra, compuestos por barracas insalubres, sin aireación, donde se hacinaban los obreros, sólo para dormir, ya que por el día no salían de la fábrica. El obrero es utilizado como una herramienta y la barraca-casa es el almacén donde se le deja por la noche para volverle a usar al día siguiente. Aquí las “casas” se distribuyen en alienaciones formando cuadrículas perfectas, pero no porque esa distribución responda a razones lógicas de defensa, como en los campamentos romanos, de eficacia administrativa, como en los trazados coloniales españoles en América, o de estética, como en los trazados helenísticos, sino por razones puramente económicas, ya que así los terrenos parcelados son aprovechados al máximo. Es una cuestión que favorece a los negociantes, parecida a la que hoy mueve a los especuladores a la creación de zonas de descanso en las zonas periféricas de las grandes ciudades.

7. El pladur es uno de los materiales más utilizados en la tabiquería de nueva construcción. Está compuesto por dos hojas de cartón que a modo de sandwich rodean un interior de yeso. Respecto a un muro tradicional de ladrillo, su principal ventaja, es la rapidez de construcción.

8. El acoso ó Mobbing inmobiliario, puede definirse como prácticas antisociales basadas en el acoso y abuso para forzar que alguien se vaya de su casa, independientemente de que ésta sea propia o arrendada.

9. Es un término de Joseph Quetglas que representa una interpretación del verdadero significado del individuo moderno. Un sujeto abstracto, el productor y el producto del trabajo abstracto, la persona de la sociedad del capital, el individuo moderno: Nosotros. El inhabitante de ese mundo moderno, un mundo inhóspito, inhospitalario, en donde las cosas que hay a nuestro alrededor no nos acogen, no permiten que vayamos hacia ellas para apoyarnos.


10. En términos del autor Marc Augé, “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad, ni como espacio relacional, ni como histórico, definirá un No Lugar”. “La sobremodernidad es productora de No Lugares, es decir, de espacios que no son lugares antropológicos y que, no integran los lugares antiguos: lugares de memoria”.