miércoles, 6 de abril de 2011

Capítulo primero de una serie de relatos autónomos y articulables entre sí

por Jose Luis Diaz Arroyo - "El Faro Crítico"

Miró al frente, sonrió y se dio la enhorabuena, eres un caballo, solo eso, un caballito... Con la última palabra su reloj de pulsera reaccionó alarmado y le advirtió que debía marchar. Pero Trebor no escuchaba nada de fuera, tan solo, una y otra vez, seduciendo y confundiendo cada minúsculo hueco de su consciencia, resonaba un susurro interior que le pedía calma, sonríe, eres un caballo. Sonrió de nuevo, miró al espejo y no se reconoció. La imagen de sí mismo se diluía en un juego de continuas referencias especulares que utilizaban sus propios ojos como superficie de inscripción. Al menos podía afirmar que había algo, un cascarón hueco en un océano sin límite. Con nada por fuera y tan poco y engañoso por dentro, el cascarón quedaba a la deriva, expuesto a cualquier ligera corriente que pasara por allí.
Parker entró en el baño y trató de mover los hilos, de imprimir, sin más, movimiento a la marioneta, pero con ello, casi sin pretenderlo, animó a Trebor, realmente le donó una ruptura por la que zafarse de bucles y simulacros. ¡ Qué distinto se veía todo desde tal espacio ! El lugar en el que ambos se toparon, desde su lejanía, dejó de ser el baño de hombres de una fábrica de neumáticos, para convertirse en otra cosa. Parker tan sólo tocó su hombro y le dijo entre dientes, recuerda que esta noche es la quedada. Trebor saltó, parpadeó varias veces y se fue corriendo por el pasillo de salida de la factoría. No necesitó recordar que esa misma tarde tenía cita en la cabina de análisis.
Apenas comió ni cenó ese día. Permaneció toda la tarde sentado en casa, con la mochila muy apretada entre las piernas, esperando a que el reloj de pared señalase el apagón energético de las diez. Entonces, con toda la ciudad a oscuras, salió de casa.
Puso un pie en el jardín de su urbanización y el verdor húmedo de la hierba recién cortada le quiso advertir. Toda aquella naturaleza de artificio, perfectamente sincronizada, gimió por fin tanto dolor contenido. La pena comenzó a condensarse y del final de cada brote, de cada hoja mutilada, fluyó un frágil lamento que poco a poco fue creciendo, permitiendo la participación de los demás y formando un grito incontenible que bailó acompasado por el viento bajo la mortecina luz de las farolas de la calle.
Mirando todavía de lejos, apenas reconoció la M-70. Tan solo un enorme cártel publicitario delató su presencia. A esta hora, más que nunca, la circunvalación mostraba su auténtica naturaleza. Sin apenas movimiento, las toneladas de hormigón y asfalto descansaban en el silencio más vacío, se revelaban como lo que eran, una nada muy bien iluminada.
No lo pensó ni un instante, saltó el quitamiedos y cruzó tan rápido como pudo. Al otro lado, lejos de todo foco inquisidor, se habría un espacio yermo, un infinito solar tímidamente salpicado por el reflejo de la luna.
Durante unos minutos anduvo entre arbustos sin saber a donde se dirigía. Cuando sus ojos se acostumbraron a la baja iluminación empezó a reconocer ciertas formas. Las palabras de Sigmund vinieron a su memoria: es muy sencillo, desde el anuncio luminoso camina hacia el sur, alcanza el río y métete en el bosque, enseguida llegarás al viejo puente del claro del bosque. Con suma habilidad vadeó una afilada línea de agua, negra en la noche, que tan solo pudo reconocer por el broche plateado que las estrellas dejaban en su seno. Sigmund podría haber mencionado que el río estaba casi seco, por poco me lo paso de largo, pensó y redujo el paso hasta detenerse. Casi sin querer, alzó la mirada y se topó con el cielo. Un majestuoso mosaico estelar se abría ante él, nada parecido a aquellos cielos que había visto en libros y películas antiguas. Cada astro brillaba por sí mismo, mas, a la vez, cada uno parecía tener en cuenta, de algún modo, a los otros. Aquella perfecta conjunción le capturó poco tiempo. Un escalofrío recorrió su cuerpo y le recordó que debía continuar, el bosque estaba cerca.
Con cada paso la espesura aumentaba y temió perderse en la oscuridad. Mas pronto aprendió a vivir allí. Los enormes árboles le flanquearon una vía de asimilación, fundaron ellos mismos la claridad que llevó a Trebor al puente.
Ya frente a él Trebor alzó la mano y saludó a una sombra, confiado en encontrar tras ella a uno de sus amigos. El espectro habló y su voz y formas, aun todavía confusas en el claroscuro de la noche, extrañaron a Trebor.
- Buenas noches, ¿qué tal?, ¿todo bien? - respondió el extraño.
Trebor, sorprendido por la desconocida presencia, se paró en seco y contestó mientras buscaba con la mirada a Sigmund y Parker.
- Disculpe, pensé que... le confundí con unos amigos que esperaba encontrar por aquí... bueno da igual, lo siento... – no pudo evitar que sus palabras se distrajeran siguiendo el recorrido de sus ojos por las columnas y ojos del viejo puente.
El desconocido, lejos de advertir el nerviosismo que por instantes embargaba a Trebor, contribuyó a aumentarlo cortando sus disculpas. Avanzó muy despacio hacia él, y casi acorralándole contra uno de los pilares del puente, prosiguió con el mismo aire de familiaridad que estaba desquiciando a Trebor.
- No me molestó la confusión, no pasa nada, no te preocupes Trebor.
- ¿Me conoces? - se le escapó de los labios.
- Claro, ¿no trabajas en el sector 52 de la zona P-233? Coges el autobús 1546 cada día a eso de las siete de la mañana. Si hace frío, has dormido mal o el cielo está nublado bajas la cabeza y no hablas a nadie. Pero si hace sol..., si el sol consigue abrirse paso, vas con la cabeza muy alta y no paras de observar a todo el mundo.
Definitivamente saturado por el caudal de información, su boca se quedó aún más seca de palabras, inmóvil y sin capacidad de respuesta. El movimiento estaba en su mente. Un mar de conjeturas sin salida nublaron a Trebor que, sin fuerzas para replantear la cuestión, se entregó de lleno al miedo.
- Verá agente le puedo explicar todo. Créame, fue un malentendido, si me da tan solo un minuto le puedo explicar lo que ocurrió...
Pero de nuevo el extraño no le permitió finalizar.
- Verás, mi nombre es Amadeo y trabajo en tu mismo polígono, incluso en tu mismo sector, y aunque te parezca increíble cojo todos los días el mismo autobús que tú. Lo que pasa es que me monto tres paradas antes, por eso no te suena mi cara, ¿no te parece curioso que estemos tan cerca todos los días y ni nos conozcamos?
Amadeo no pudo evitar comenzar a reír, dejando en su caminar cierta alegría y tranquilidad que Trebor tomó decididamente. Mientras Trebor se diculpaba, algunos gritos surgieron de entre la maleza. Los amigos de Trebor aparecieron, burlándose y saludando a su compañero.
- Qué hora son estas, ¿dónde te habías metido?, te habíamos ido a buscar –gritó entre risas Sigmund.
- Es que... me perdí. Pero tranquilos porque os recompensaré la espera, ¿queréis ver lo que he traído?
- No me digas que conseguiste...
Trebor rescató con cuidado la mochila de su hombro y la abrió. De ella sacó una pieza metálica envejecida de color oro que mostró a sus amigos. Todos se quedaron boquiabiertos.
- Es increíble, es, es un magnofón... – apenas pudo decir Parker.
- Se llama saxofón y espera a escuchar su sonido.
Tomó el instrumento con sumo cuidado y lo acercó a su torso, se humedeció los labios preparándolos para el inminente contacto y acarició su boquilla sin reparos. Tomó todo el aire que pudo e insufló su aliento llenando hasta el último centímetro del cuerpo de metal, permitiendo que escaparan, poco a poco y a su antojo, diferentes notas que volaron por doquier.
Sus compañeros, venciendo el inicial embrujo del instrumento de aire, tomaron los suyos propios de manufactura casera. Parker, con una pequeña flauta de madera, escupió sencillas notas que se mecían en el aire agitándose, creciendo y mezclándose sin competir ni pelearse con los sonidos cálidos que exportaba la guitarra de cuatro cuerdas de Sigmund. Tocaron y tocaron, y ninguno de ellos podría haber dicho durante cuánto tiempo lo hicieron. Solamente tocaban y disfrutaban, y querían seguir tocando y disfrutando.
Amadeo, que hasta ese momento había permanecido apartado y en silencio, se aclaró la voz, tosió y acompañó a sus compañeros dejando que algunas palabras resbalasen de sus labios.

En la noche de la Nochebuena,
bajo las estrellas y en la madrugá,
los pastores con sus campanillas
despiertan al niño que ha nacido ya.
Y con devoción...
van tocando zambombas, panderos,
cantando fandangos al niño de Dios.
A la puerta de un rico avariento
llegó Jesucristo y ayuda pidió,
y en lugar de darle la limosa,
los perros que había se los achuchó
Y quiso el señor...
que los perros de rabia rieran
y el rico avariento alegrías cantó.
Si supieras la vida que tuvo el rey de los cielos de Jerusalén,
que no quiso señor, ni carreta, tan solo un borrico con el que rondar,
y quiso mostrar...
que la puerta sagrada en la tierra tan solo la abre la
pura amistad...

Pero hubo algo externo que les detuvo, un ladrido lejano, que forzó que la alegre melodía huyera asustada.
Tres seres uniformados acompañados de tres cánidos, atraídos por los sonidos, se presentaron delante del puente. El uniforme de mayor rango se adelantó unos pasos y gritó con voz seca tratando de imponerse a la música.
- ¡Alto desviados!, ¡quedan ustedes acusados de allanamiento del espacio público y reunión no autorizada!.
Los cuatro jóvenes, ajenos a su presencia, siguieron tocando.
- ¡Depongan su actitud y entréguense o nos veremos obligados a utilizar la fuerza!- gritó de nuevo el agente, y esta vez, acompañó sus palabras con fogonazos de luz.
Trebor abrió los ojos y al visualizar a los guardias se quedó sin aliento. Su boca, ahora seca, no pudo seguir manteniendo el chorro de notas y dejó de tocar. Tan solo le quedaba aire suficiente para gritar con todas sus fuerzas una sentencia de advertencia desatada. Dio instintivamente dos pasos hacia atrás tratando de ganar algo de distancia, pero tropezó con una rama seca. Cayó al suelo y desde allí trató de advertir de nuevo a sus amigos que continuaban tocando ajenos a lo que ocurría. Corred chicos, corred, gritó, pero su ensimismamiento era tal que no repararon en Trebor. Solo la cercanía de los perros les sacó del embrujo.
Rápidamente uno de los perros alcanzó a Trebor que, todavía tratando de levantarse, tuvo que golpearle con el saxofón. Con el animal tendido en el suelo, Trebor huyó hacia el bosque que franqueaba el puente sin importarle la dirección tomada. Corrió sin parar entre piedras y arbustos, sin pensar en nada ni en nadie, ya no importaban sus compañeros ni la música, solo huir lo más lejos posible de sus perseguidores. Pero en la negrura del bosque, de nuevo absolutamente desentendida de de cualquier claro, sólo obtuvo dolor. Volvió a tropezar, cayó al suelo y rodó por una pendiente hasta llegar al margen de un riachuelo.
Herido, empapado y despedazado por la caída no se pudo levantar, no le quedaban fuerzas, ya no veía y solo oía la frenética carencia de su respirar.
Sus perseguidores no descansaban y gritaban sin cesar, ¡no te escondas, no te servirá de nada!, ¡ya tenemos a tus compañeros y solo quedas tú!
Trebor cerró los ojos con todas sus fuerzas deseando convertirse en invisible, desaparecer del lugar y evitar la captura. No los volvió a abrir hasta varias horas después pero ya no se encontraba en aquel bosque.
Al despertar no estaba seguro de nada. Tal vez nunca lo había estado pero en aquel momento su ignorancia se hizo evidente. Sin quererlo ya había ganado algo, tan solo un punto de partida. Demasiado poco. El robo del instrumento, las mentiras que tuvo esputar para ocultarlo, las innumerables normas que había quebrantado, quizá... ¿habían merecido la pena? ¿Era acaso mejor pasar unos años en una celda fría que seguir viviendo acurrucado en torno a las brasas de un imaginario masturbatorio preñado de somníferos? Sonrió y sintió que se quedaba corto. Rió y pensó que necesita algo más. Quiso correr y bailar pero sus grilletes se lo impidieron. Súbitamente reparó en que se encontraba en una sala de interrogatorio.

miércoles, 23 de marzo de 2011

¡Deslocalizados de todos los no-lugares, uníos!

por Amanda Nuñez y Marisa Perez - "El Faro Crítico"

Planteamiento

Queremos plantear el tema de nuestra intervención acerca de la “Ausencia de un sujeto político” con una pregunta: ¿podemos pensar un sujeto político sin un lugar, sin un espacio donde habitar, sin tierra, si agua y sin aire?

Creemos que esta pregunta ha servido de mucho en las luchas anteriores pero que, debido a la inflación de sujetos creada por el capital, parece que queda borrada para plantear otra más radical y que debemos construir: ¿No será que, en realidad, de lo que carecemos es de un lugar político?, o quizá, ¿carecemos absolutamente de lugar?

Pensamos que no sólo debemos construir la pregunta sino que, a la par que la construimos y somos conscientes de aquello que cada vez tenemos menos, debemos construir lugares.

Nuestra pregunta se remonta a las condiciones reales que vivimos (no “en” que vivimos):

No debemos olvidar que el Capitalismo ha pasado de sus formas de agotamiento del tiempo (la industria que robaba el tiempo incluso de la infancia, las camas calientes, etc.) a una globalización o mundialización radical. La mundialización ha conseguido fluidificar y extender las formas del capital más ferozmente que en otras ocasiones por una razón: porque ha ocupado el planeta. Es decir, porque ha ocupado todo lo que antes eran lugares y lo han convertido todo en un no lugar, en el mero fluir de la mercancía por un espacio abstracto que es el mercado mundial.

Si ya Marx decía en El Capital que el mercado nacía en las fronteras de las comunidades y que ello hacía que, internamente, ese fenómeno también se diera dentro de las comunidades (p. 107 edición SXXI), ¿no habrá ocurrido que las comunidades se han deshecho? Y la prueba es la apelación a “La sociedad” constantemente y no a las “Comunidades”. De este modo, incluso el multiculturalismo se encuentra con el grave problema de encontrar derechos de comunidades y culturas diferentes cuándo sólo ha pensado en individuos-sujetos de consumo aislados y unidos yuxtapuestamente en una sociedad mundial con una sólo televisión devoradora no sólo de tiempo, sino también de cualquier lugar que no sea el enfrente de sus rayos catódigo-digitales…o, en todo caso, en Estados-Nación homogeneizados por todo el universo como garantía tan sólo del Mercado y las propiedades privadas.


Parte Crítica
De este fenómeno tenemos muchos ejemplos.

1. Las empresas pueden cambiar de localización velozmente dejándonos sin ni siquiera derecho a huelga, pues si se amenaza con una falta o exceso de producción la empresa, simplemente, se va del lugar. Antes lxs deslocalizadxs eran lxs proletarixs, ahora son ambxs.

2. La inmigración creciente deslocaliza a lxs trabajadores pero no les da un nuevo lugar parar vivir mientras sus países cambian de paisaje a una velocidad tan atroz que ya ni siquiera parece que podamos volver donde están nuestros antepasados. Incluso la inmigración ya no se da tanto en la forma de ir de un lugar a otro sino en tener que viajar constantemente en busca de las empresas y fábricas que cambian también constantemente de lugar. Todo ello sin olvidar los no-lugares (con la cara más o menos maquillada) donde se suelen estancar aquellxs que ya sin lugar no caben en las tierras de llegada: nueva versión de las fronteras.

3. Pero no sólo la inmigración laboral. Tanto en empresas como en la Academia y los Ministerios se ha tomado un tono de “movilidad” muy peligroso. Por ello, cualquier preparación significa no poder construir nada en ningún lugar. Significa no estudiar ni prepararse en ningún oficio sino viajar y tener movilidad disponible. Un constante ir y venir en becas, congresos y turismos para que no se pueda hacer nada distinto que recibir mensajes de control de las compañías telefónicas cada vez que se llega a un lugar nuevo del que habrá que partir inmediatamente…quizá por ello los anuncios de automóviles dan esa doble cara: hay que viajar constantemente y el único lugar que se tendrá es el coche. O quizá por ello la arquitectura fluida y llamada últimamente “postmoderna” sólo crea cubículos como “la chica nómada de Tokio” de Toyo Ito (http://www.arqhys.com/articulos/moderno-arquitecto.html) de movilidad absoluta los cuáles sólo poseen una cama, una televisión (ya mejor un i-phone que te permite llagar a la “información y el ocio” sin tener que estar sentado frente a la pantalla de la tv o del ordenador) y una papelera.

4. A ello se une la cuestión del urbanismo imposible que sólo genera lugares donde no es posible la reunión (pues son los centros comerciales y allí todo es un flujo continuo de estímulos y “ocios” que impiden el ocio de la política o el de simplemente hablar), donde se da un agotamiento en los transportes que atraviesan las nadas entre ciudades sin ágora ni plaza pública y urbanizaciones gigantes atomizadas en pequeños cubículos sin mancomunidad ninguna…(y todo lo que dice José Luis). No lugares donde no habitar que nos abocan a las redes “virtuales” donde se habita en el no-lugar permanente.

5. Pero no sólo se trata de los espacios físicos concretos. Si el problema actual es la ecología, se debe precisamente a que la mundialización ha conseguido eliminar todo lugar…y, por supuesto, como ya dice Marx en el Capital: han puesto precio a aquello que no tiene ni valor, es decir, a la tierra misma. Pero ya no sólo a la tierra en forma de fronteras y propiedades privadas, sino al aire, al agua, a los árboles, a las ondas, al magnetismo. Todo controlado, ocupado y anulado en la esterilización aséptica y homogenaizante de cada lugar. Hasta que la tierra entera no sea más que un gran aeropuerto, igual en todas partes del mundo.

6. Aunque tampoco se trata de los espacios sólo físicos, también en los simbólicos. ¿Qué lugar tienen aquellxs despedidxs anticipadamente que están inutilizados para trabajar por exceso de edad pero no llegan a la franja de jubilación?, ¿y lxs eternamente jóvenes que no podemos ni trabajar, ni ser mayores pero tampoco ser niñxs y tenemos que estar en el duro estado fluido y cambiante de la adolescencia deslocalizada en busca de empresas siempre móviles que expulsan a gente y no toman a nadie?; pero ¿Qué pasa incluso con lxs jubiladxs? Ellxs tampoco tienen lugar desde hace mucho…y ahora ya no saben ni a qué edad podrán hacerlo, ¿y lxs ancianxs, lxs niñxs sin parques encerrados cual propiedad privada, lxs adolescentes eternos sin bares donde descansar, sin plazas que no estén llenas de policía, los animales, las plantas, etc?, ¿Y lxs propixs trabajadores? Si parecía que trabajar era el único lugar simbólico, tampoco parece serlo en este mundo donde en cualquier momento la empresa se deslocaliza, disminuye, cambia a subcontratas, amenaza despidos baratos, amenaza con que hay que tener movilidad y disponibilidad, etc.

7. ¿Quién tiene lugar? No es baladí que las protestas en Tunez y Egipto y la revolución ya asfixiada fueran por un lugar donde habitar y se hicieran desde las plazas públicas. Posiblemente el capital ya haya ocupado y esterilizado incluso esas propuestas prometiéndoles el lugar abstracto y comunicado al infinito del capital.

8. Pero, ¿Qué tiene lugar? Porque ya ni siquiera la economía está en un banco mundial ni nacional ni nada; es más es el fantasma que no tiene lugar sino que sólo es carencia-deuda ilocalizable.


Parte filosófica

A su vez, este movimiento ya ha sido anunciado múltiples veces. En el Manifiesto Comunista ya nos hablan Marx y Engels de un mercado mundial (frente a la “internacional” o “los pueblos unidos”) y de que si el proletariado se caracteriza por algo no es sólo por no tener nada, sino por no tener lugar. Por ser ya el abstracto creado a imagen y semejanza de los sueños del burgués: sin tiempo pero también sin lugar.

El problema es estético.

Ahora bien, o deseamos volver a un mundo cualitativo donde los lugares están dados de antemano y los linajes de sangre y tierra se refieren a ellos en comunidades cerradas (suena muy nacional-socialista); o intentamos pensar el lugar no desde lo ya constituido sino como aquello tan frágil que si no se construye y cuida a cada vez no es suprimido. (esto tiene que ver con cositas de origen, de contrato social y cantidades intensivas que ampliaremos juntos o expondré cuando no sean las 4 de la mañana y no esté muerta)

Y ya que me ha dado el cansancio sólo apuntar que si tiempo y espacio son categorías aristotélicas y, por lo tanto, hacen un predominio del predicado proposicional, Kant los convierte en a prioris de una subjetividad trascendental. Es decir, (la cosita esta copernicana) son del sujeto (muy burdamente dicho). Aun así, a Kant no se le escapa para nada que, evidentemente, espacio y tiempo son condiciones de la estética y la percepción y no ninguna forma de ellos (es decir, que podemos saber que nos falta lugar porque el espacio es condición y lo mismo con el tiempo). Pero tampoco se le escapa que el espacio es la forma de la exterioridad y que si sólo el tiempo ya construye un sujeto, el espacio lo deshace.

Por ello creo que lo que hay que buscar y construir es el lugar de lo político.

Y creo que ya sigo mañana.

Firmado:
Marisa y Amanda e sus mil chácharas en el breve espacio entre café y café, cigarrillo y cigarrillo.

martes, 15 de marzo de 2011

LA OBLIGACIÓN DEL SER FELIZ

por FKastro - "El Faro Crítico"

Obligado a ser felizSiempre habéis sabido que en vuestro ADN coloqué un mandato: Estáis obligados a ser felices.

Para ello, pensasteis que la eucaristía se encontraba en una muralla de barro cocido, en promontorios de adosados de arcilla cocinada, en esos tabiques, ladrillos, puertas y ventanas, en un espacio donde construir el mandato: Sé feliz... y el proyecto os descubrió como colonizadores. Como conquistadores del barro, como pobladores del fango de viviendas que se derriten velozmente con el soplo de una crisis.


Demasiado rápido para vuestras pupilas calidoscópicas, hipnotizadas por ese primer mandamiento, el precepto que os llevará a ser embaucados por ladrillos y tahúres: En la salvación de la felicidad vale todo.


¿Coartada?. La felicidad, claro, pero una felicidad que funciona. Un utilitarismo sin finalidad, que esconde un reverso: El sometimiento a la práctica de un sistema dominante y represivo de cartas marcadas.


El camino al Ser feliz ya viene trazado: Codicia, tecnología, química. ¡Ah, perdón!: Felicidad, funcionalidad, espacio....Y como el itinerario de un viaje, peregrináis como colegiales eternos de mirada simétrica en los límites de una enfermedad oculta.


La heroicidad roza la imbecilidad y la realidad se hace caricatura, tanta, como la técnica que domina vuestros refugios de arcilla cocida. Aparatos electrónicos que cumplen la máxima del relleno continuo. Ni un espacio vacío. Completad todo, hasta la última cavidad.


Recordad que lo diáfano es el vértigo de los síntomas. Cread un catálogo, un escaparate, una panoplia que os ayude a ser otros, que os obligue a ser felices.


Saturaros por el detalle, por las referencias, no por el autor. Por la curiosidad, no por la pasión. Esculpíd vuestras sonrisas en el rostro, someteros a una dictadura en el que las relaciones profilácticas, el buenrollismo, lo confundáis con civismo.


Vuestras prevenciones, vuestra higiene, abandonan la caricatura para ejercer el terrorismo del eso no se toca, no se dice, no se hace. Siempre lo único. Y es ahí, en la semejanza de formas diplomáticas, en la igualdad de carcajadas huecas, donde os constituís en sociabilidad. Relaciones espontáneas, comunicaciones fugaces, correspondencias que sean siempre atajos, para salvaguardar el tiempo libre. Falso espacio virgen, el lugar amañado en el que simuláis. En el que una y otra vez intentáis repoblar lo cronometrado, lo tasado, lo comprado. Día tras día, año a año.
En cada uno de vuestros pasos cordiales en el tiempo libre, os hacéis productores-consumidores-esclavos.


Ese tiempo libre es servidumbre: Tenéis que comprarlo para ganarlo. Hay que hacerlo valer para no perderlo, es fuerza productiva. El camino ya nació marcado: Mejora tu tienda on-line.
Falsa victoria que os impone ser creadores de contenidos nuevos, en señas que os reconozcan de otra manera (siempre vacías, siempre falsamente funcionales) y así no ser sólo bebés, consumidores, trabajadores. ¿Tiempo libre?. Sí, con franjas horarias y con la obligatoriedad de ser feliz, o simplemente ser. Y en ese tiempo ocioso y esclavista, os convertís en prisioneros.
Si no seguís el ritmo os quedáis fuera. Si lo respaldáis, enfermáis.


Cuando consumís antibióticos en los inexistentes valores relaciones de objetos adquiridos en caja, descubrís la mentira. Pero mantenéis el tipo, el civismo de antes. Esos objetos que conquistan el espacio son estrategias del deseo, vaciedades instantáneas de veneno invisible, pero siempre tóxico.


De inmediato, ante la falla que descubrís, os autoevaluáis para volver a ser novedades, y sin daros cuenta, en ese continuo intento de mejora os hacéis más frágiles, tenues, quebradizos La reflexión o la erudición, quizás os convertiría en titanes, en resistencia sin metal, pero todo eso no forma parte de lo instantáneo. No es un atajo. No sirve.


Puede haber en esa inspección interior, en ese reconocerse de continuo, un atisbo de NO, un regazo golpista.. Pero la negatividad es censurada, categorizada y aislada en tedio o sobreesfuerzo, en enemigos de lo efímero, de lo instantáneo. El NO es despedazado para aumentar la vergüenza, para alargar los síntomas.


Corréis, entonces, hacia la técnica, repitiéndoos el mantra: “Tiene que funcionar, tiene que funcionar”, aunque a vuestro ya pésimo diagnóstico se le una ahora el doping, el stress. Más fatiga.


Colócate, ponte en forma, sustráete a lo externo, protégete en lo interno. Hazte valer. Proyéctate... ¿Dónde?. Si ya está todo colonizado, y, ¿por qué conservarse tanto?, ¿por qué cuidaros tanto entre vosotros?. Sólo se cuida quien está enfermo.
El veneno del cuidado.... ¡Os saturáis para estabilizaros!.


Ya no es apetito ni necesidad. Es competencia, son consideraciones técnicas y económicas, que categorizan para neutralizar. Que incrustan la realidad no caricaturesca, dolorosa, real, en proporciones lejanas o reducidas. La Abundancia, Mito, Uno, enormidad del monstruo, aplasta las dosis homeopáticas de la izquierda, las rocía de contradicciones adheridas: Sindicalistas de derechas, antiabortistas a favor de la pena de muerte, etc.


Es tan sencillo emanciparos para poder explotaros.


Os concedemos vuestras luchas de liberación. Tenemos un catálogo, vosotros también. Tenéis un inconsciente, nosotros también. ¿Liberación sexual?. Sex-Shop. ¿Ecologismo?. ONG. ¿Acaso creéis que el tiempo libre no es suficiente buldózer ideológico contra vuestras quejas?. Vuestras manifestaciones callejeras son productores-consumidores en el tiempo libre. Vuestra manifestaciones multitudinarias son ocio, antibióticos, anestésicos.


Ocuparos del ser feliz. Sabéis que es una obligación.


¿Y el estar?


Dejad al estado del Bien-estar. Padre, madre, que nos quitaron algo para volver a dárnoslo. Educación pensiones, redes infinitas de transporte inútil... ¡Ay, si siempre ha sido vuestro!. Siempre os perteneció, pero os lo quitamos para volver a dároslo... ¿O es que pensasteis que un sirviente podía ser amo?.


Adversarios. No neutrales.


Afirmemos lo Imposible.

martes, 21 de septiembre de 2010

Territorismo

por JOSE LUIS MANCHÓN - "El Faro Crítico"
Metástasis urbanística - Rivas VaciaMadrid
Es un hecho, que estamos inmersos en un proceso global de Urbanización del mundo (1). Es fácil percibirlo, visitando las cada vez más extensas periferias de muchas de las grandes aglomeraciones urbanas, donde el campo ha pasado a asemejarse a un archipiélago fragmentando dentro del mar de hormigón, y las ciudades han perdido su afuera, para convertirse en un continuo.

Lo esencial de porqué se está produciendo esta depredación ingente del territorio, no ha sido aún suficientemente pensado. Las proporciones de las desastrosas consecuencias económicas, medioambientales y sociales del proceso, han copado la reflexión sobre el problema y no han permitido entender, que el sistema capitalista en su conjunto, estaba utilizando la irreversibilidad del urbanismo para fijar materialmente un modelo único de vida.

La implantación del modelo de ciudad desparramada de tipo anglosajón (2), sobre el cual ha cabalgado el gigantesco negocio de la especulación urbanística que se ha dado en nuestro país en los últimos diez años, y que ha sido un proceso muy agresivo con el medio ambiente, con la cultura y con la arquitectura tradicional de este país, es el modelo elegido, como exportable a todo el planeta. Su implementación acelerada y salvaje, se sitúa además, en el origen de la profunda crisis económica actual. Si el urbanismo es el espejo de una civilización, su moderno reflejo nos trae imágenes de exceso, explotación y desigualdad. Como explica el antropólogo, Manuel Delgado, en La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del ‘modelo Barcelona’, la desigualdad en la urbe capitalista, no es un accidente, sino el elemento consustancial que permite hacer de ella un factor de enriquecimiento de una minoría a costa del trabajo y de la miseria de una inmensa mayoría.

El “Territorismo”, es un proceso orientado a la dominación, por alienación (3) de la población, a través de la imposición material de un modelo urbanístico uniforme, con gran capacidad de aniquilación de territorio y sobredeterminación de formas de vida. Se ejerce exclusivamente desde el poder -solo los grandes capitales tienen capacidad para financiar grandes proyectos urbanísticos- y simboliza una proyección en el territorio muy determinada, de un modelo de ciudad dispersa, radicalmente alejado de cualquier vocación de satisfacción a una supuesta demanda social. Creación de una segunda naturaleza de tipo urbano, orientada a la legitimación del poder que la impuso, a través de la marginación ó exclusión directa de determinados usos y costumbres asociados al “Lugar”, y la magnificación de un modelo de vida orientado al consumo y al trabajo, que solo se puede dar de una forma tan normalizada, en estos prefabricados ambientes. Pensar el proceso de urbanización del mundo, desde el punto de vista de la “Dominación”, desvela de repente al pensamiento la dimensión ideológica de un proceso, que persigue la parálisis creativa de los pueblos.

La alianza del poder privado con lo público, a través de las áreas de urbanismo institucionales, para expoliar un recurso común como es el territorio, es un acto de barbarie. Por esta razón, la tramitación administrativa de los planes urbanísticos y de las grandes infraestructuras de comunicación, se suelen realizar en nuestras democracias representativas, con la máxima discreción. El objetivo es eliminar, toda posibilidad de interferencia ciudadana en el trámite, ya que el lugareño tiene mucho que perder y casi nada que ganar, en estos procesos depredadores de “Lugares”. Este sistema de decisión, como combinación de los intereses del mercado liberal y la democracia representativa, sería un claro ejemplo de lo que Toni Negri ha venido a denominar “El Imperio”. Los intereses económicos privados, quedan unidos así a los del político, que ve colmados sus deseos de transformación, de una forma espectacular, cómoda y, en demasiados casos, personalmente lucrativa. El viajero percibe esta realidad con perplejidad, ante la visión de los nuevos barrios, que aparecen de pronto en el horizonte, como surgidos de la nada.

El “Territorismo” es el camino hacia el subdesarrollo, de la mano del crecimiento ilimitado postulado por la sobremodernidad (4).




1 La destrucción del modelo de ciudad mediterranea


Lo único que parece eterno en la epocalidad que nos ha tocado vivir, es el desbordamiento al infinito de la actividad económica de sobre-explotación y sobre-producción. El fin de esta actividad acelerada parece estar en ella misma, y al galope de la codicia, va dejando una estela de destrucción muy difícil de asimilar. Este modelo de crecimiento ha torpedeado a la ciudad mediterránea en nuestro país.

La ciudad mediterránea entraría en lo que se ha venido a denominar “Conjuntos Arquitectónicos Orgánicos”. Ciudades levantadas lentamente, en muchos casos por los propios “lugareños”, integradas eficientemente en su entorno medioambiental inmediato, y adaptadas completamente a las características y necesidades de sus pobladores. Son como bulbos que de pronto maduran en algún cruce de la estructura rizomática que representa el conjunto de caminos vecinales que articula un territorio. Las ciudades mediterráneas han sido y son, complejos urbanísticos a escala humana, con espacios dirigidos al encuentro social, como las plazas, donde la ciudad muestra su sentido más aristotélico: “La vida buena que solo puede darse en común”. Históricamente, las formas de vida de las ciudades han sido condicionadas por su arquitectura y su trazado urbanístico, determinando en cierta medida, la forma de comprensión de la realidad, y en que condiciones se produce la relación entre sus habitantes o que formas de relación son excluidas.

La ciudad de estilo mediterráneo está en crisis. En España, y en otras partes del mundo, las grandes fortunas quisieron explorar en la última década, las posibilidades de negocio que abría, el deseo de propiedad del proletario respecto a la vivienda. La respuesta fue generosa, y el poder económico y político se alió para contarnos, a través del lienzo en blanco del “Territorio”, una historia demasiado repetitiva de mutilación, destrucción, prepotencia, engaño y corrupción. La metástasis urbanística que estamos viviendo como parte de un proceso global de “Urbanización del mundo” ha dado lugar al encuentro físico de muchas ciudades y a la eliminación del afuera, quedando el entramado urbano como un continuo asfixiante, sin posibilidad de fuga. Nuestras ciudades, como cuerpos orgánicos, se desintegran, y sus habitantes también, al perder la identidad conformada a través de las relaciones que propiciaba este singular entramado urbanístico.


1.1 Aniquilación “Horizontal” de la ciudad mediterránea


La ciudad mediterránea es un núcleo compacto, en altura, que propicia el encuentro social y comunitario, entre sus habitantes, y que responde a un “Ethos” que ha predominado en sus calles a través de sucesivas generaciones de ciudadanos que la han habitado. También es un ejemplo de economicidad en el aprovechamiento de recursos, que tiene muy en cuenta la capacidad de carga del ecosistema sobre el cual se asienta. Es en definitiva, un modelo demasiado sospechoso y poco rentable, como para que los grupos de poder asentados sobre las bases del capitalismo, no deseen imponer en este espacio, ciertas “mejoras”. Mejoras que, utilizando criterios de dominación y de maximización de la plusvalía, se van a acometer en dos tiempos.



El modelo anglosajón de ciudad desparramada, es el que proyecta más fielmente sobre el terreno, la ideología capitalista de sobreproducción industrial ordenada a través de una cadena de montaje. Es un modelo repetitivo y planificado a través de un tipo de dibujo técnico, donde el cuadrado y el rectángulo son soberanos. Con un alto consumo de suelo, materiales y energía derivado de la implantación de un modelo de ciudad orientado a la motorización, sus habitantes pasan a vivir en el tránsito. Es un espacio de proyección ideológica, donde el aislamiento y el individualismo representado por la vivienda unifamiliar, adquiere relevancia en detrimento de los pisos en altura y los espacios públicos. Es el espacio encomendado a los promotores, constructores, urbanistas, políticos y arquitectos, que recibirán pingües beneficios como pago a su colaboración en la transformación del mundo en un continuo urbanizado.

1.1.1.1 Del Lugar a la Mercancía


El “Lugar” antropológico es definido por Marc Augé como lugar de encuentro, de cruce, un lugar de identidad, relacional e histórico. Pueden ser itinerarios que pasan y recorren distintos lugares de reunión, caminos que conducen de un lugar a otro en los cuales los individuos se reconocen dentro de un espacio que le es propio; encrucijadas donde los hombres se citan; lugares de reunión como los mercados, ciertas plazas, ciertas calles, siempre las mismas. La ciudad Mediterránea tradicional, es sin lugar a dudas, un “Lugar”.

Para que un “Lugar” se convierta en mercancía, es necesario negar el valor -social, histórico, ambiental- que contiene en si mismo, desplazándolo. Este nuevo emplazamiento del valor se llama “Valor de intercambio”. Considerando que el “Lugar” puede ser considerado también, como una obra de arte, es precisamente esta apreciación valiosa, lo primero que negará la operación de mercantilización del “Lugar”. Lo que se pone en venta precisamente, no es el lugar en si, sino su aniquilación como condición de posibilidad de que se pueda dar el proceso de urbanización.

Este primer paso es discreto, y conlleva en muchas ocasiones la preparación del terreno, eliminando ó desvirtuando todo aquello que pudiera considerarse digno de protección, para no poner en peligro la totalidad del proceso.


1.1.1.2 De la Mercancía al Matema.


Una vez que el “Lugar” ha sido adquirido para la “Ordenación de su Territorio”, empieza la transformación. Materialmente, mientras transcurre este proceso, no ocurre nada aparentemente, pero poco a poco al “Lugar”, se le va a imponer desde un despacho, un nuevo modo de ser, una nueva esencia; un Matema (5).

El “Matema” va a ser el responsable de matar al “Lugar”. La intuición poética necesaria para crear un sitio acogedor y confortable, está exiliada en los estudios de planificación urbanística. El Urbanista, este especialista de la sobremodernidad, representa la usurpación del derecho de un pueblo, para participar en el diseño y construcción de su ciudad y su hogar, que en este caso va a realizar un especialista en nombre de una idea matematizante de orden. Es un gran depredador de la multiplicidad y su “Pulsión de muerte” respecto al desorden visual, lo va a poner a disposición del impulso de homogeneización del poder capitalista. El urbanista percibe como sublime, la belleza de una retícula cuadriculada proyectada sobre la extensión espacial que considera caótica. No es una estructura cualquiera, ya que es precisamente la que permite el máximo aprovechamiento, y por lo tanto la máxima explotación. La fabricación de ciudades, con las misma insensibilidad con que una máquina fábrica cualquier artefacto es, sin lugar a dudas, un atentado contra la sociedad civil como fuerza creativa.

El afuera de la ciudad va a ser renombrado numéricamente y posteriormente segmentado en figuras geométricas a través del tiralíneas. El “Lugar” pasa a ser representado en el papel como un mapa en blanco a escala, sin relieve y sin historia, donde se proyectará a través de la línea recta, un escenario “espectacular” de vida. Un simulacro de “Lugar”.

1.1.1.3 Del Matema al Solar


El modelo ideal platónico ya está diseñado sobre el papel, y el papel, como pura potencia que es, lo soporta. Lo primero que habrá que hacer en el terreno, por lo tanto, será “Desterritorializarlo”. Será necesario lijar la superficie, dejarla lisa e indiferente, para luego poder proyectar el modelo. Las escavadoras dejarán tras un laborioso trabajo, un “Solar”.

La palabra “Solar” evoca soledad, desolación, melancolía y desconsuelo, pero sobre todo, vacío. Es la antesala a la conformación de un espacio que será ocupado por una población muy específica. Son los individuos aislados todo-modernos, condenados a vagar y no morar. El solar también refleja un estado; el de la espera resignada ante lo inevitable.



El vacío pide siempre ser rellenado, pero esta vez, el relleno será pura mercancía. Habrá que nombrar de una forma históricamente evocadora y con algún matiz que implique nobleza, a la futura urbanización, para intentar dar un sentido al sin-sentido.

El solar se convertirá en una ciudad dormitorio o una urbanización de segunda residencia. Estará iluminada uniformemente, circunvalada por una autopista, contendrá zonas verdes con columpios de pvc y buenos accesos a los macro-centros comerciales. Un “No Lugar” habitado por nómadas-sedentarios motorizados, cuya vida transcurre en un continuo desplazamiento ordenado y monótono.

Marc Augé, cuando definió el término “No Lugar”, no incluyó estas estructuras en su definición. Quizás porque no cayó en la cuenta, que la ciudad dormitorio de tipo residencial es un sitio de tránsito, para los refugiados del trabajo. La estancia nocturna en la ciudad se convierte en una parte más del continuo desplazamiento entre “No-Lugares” que constituye la vida tipo del moderno urbanita.

La creación de estos espacios son un atentado al espíritu original de la ciudad tan grave como lo fue en su tiempo, la creación las zonas de descanso llamadas slums (6) en los suburbios industriales del siglo XIX. El hacinamiento, lo cuadriculado del diseño, el carácter muy marcado de almacén de mano de obra y el destrozo del medio natural, son los nexos comunes entre aquellas y estas aglomeraciones, que lo que buscan es un rendimiento económico del suelo y a la vez, colocar estratégicamente a la mano de obra, para que se oriente de una forma casi natural, al consumo, al trabajo y al transporte. La disciplina y el control a través de la subdivisión de las clases sociales, cada una en su barrio; de las familias, cada una en su casa; y de los individuos, cada uno en su habitación, reproduce una organización departamental muy utilizada en los centros de producción. La disposición espacial de la ciudad se convierte así, en un sutil sistema de auto-control.

Las urbanizaciones modernas tienen algo de fantasmagórico, de simulacro de ciudad, de falso. Han sido planificadas y no responden a necesidades reales de una población, que hasta hace muy poco, era soberana en la configuración de los lugares donde vivían; actividad de la que se apropiaron los actores que confluyen actualmente en el planeamiento urbanístico. La producción de sentido que debería emanar de estos emplazamientos, debe ser fabricada. Todo un aparato publicitario intentará legitimar una estética bizarra, normalizándola a través de su inclusión en la representación del modelo de éxito de la sociedad. Como toda producción de sentido con calado social, se convertirá en el espejo donde los miembros del sistema intentarán reconocerse, por todos lo medios posibles.

El “No Lugar” existe, pero no configurará ningún tipo de sociedad orgánica. Es sitio de paso de un tránsito de tipo nihilista. Un movimiento iterativo de idas y venidas, donde la permanencia tiene vocación de curva-fuga infinita.


1.1.2 Segundo tiempo: La implosión urbanística de las ciudades y la destrucción del adentro a través de la sustitución del casco-histórico.


El crecimiento en extensión es sencillo, ya que se realiza a través de los lugares rurales, en un terreno que no ofrece resistencias a la configuración de cualquier tipo de diseño urbanístico.

La modernización de los centros históricos a través de su demolición, sigue otra lógica, ya que es un proceso más lento, y mucho más lastrado por la multiplicidad de intereses que confluyen. En todo caso, la dominación ideológica del modelo de vivienda de tipo anglosajón, mercantilizado a través de la propaganda, y por otra parte, el fenómeno simultaneo de desprecio por lo viejo y de apertura a la novedad, condena sistemáticamente al casco histórico de nuestras ciudades no monumentales, a su decadencia.



Las generaciones que han sido educadas en la sobremodernidad, se acercan a lo antiguo con una mezcla de curiosidad turística y extrañamiento, respecto a que este tipo de “arcaicas” producciones artísticas tuvieran algo que ver con ellos. Aunque para muchos, gran parte de su infancia probablemente ha transcurrido en el interior de alguna casa baja a pie de calle, o en un pequeño edificio de pisos, estas viviendas no se encuentran dentro de su colección de deseos impuestos. La consecuencia de este planteamiento es el abandono por los jóvenes del casco histórico, y la creación de un cinturón urbanístico de nueva construcción a su alrededor. En esta periferia es donde los jóvenes auto-desheredados de la ciudad antigua se alojan, mientras los centros históricos se asfixian, rodeados por una muralla que suena al hueco de los muros de pladur (7).

1.1.2.2 De centro histórico a ruina.


Si el centro histórico no es lo suficientemente singular como para tener la posibilidad por si solo de generar rentabilidades turísticas, comenzará un proceso de decadencia que será tolerado por los poderes públicos, incapaces en muchos casos de reunir simultáneamente en sus expectativas para la ciudad, presente, pasado y futuro.

Cuando “La Resistencia”, conformada por una manada de ancianos empeñados en encalar sus casas, arreglar los desconchones y regar las macetas, se rinde ante el Mobbing inmobiliario (8) ó da con sus huesos en el nuevo cementerio, entonces el descuido y las expectativas de negocio finalmente se adueñan del lugar, y empiezan los derribos.

1.1.2.3 La sustitución del casco histórico, y su conformación como No-Lugar.


Los edificios nuevos, irrumpen en el centro histórico, como si fueran transplantes insensibles al “Lugar” donde se insertan. Traen la sobremodernidad al mismo centro de la ciudad, y son la causa directa de que finalmente, los antiguos modos de vida, desaparezcan. El trazado de las calles se mantiene, pero la ciudad se transforma, y el frescor de los antiguos interiores, es sustituido por el inodoro hormigón y su sonido; el del aire acondicionado. El espíritu de la ciudad cambia a través de los nuevos criterios estéticos. La plaza pública se convierte en un parking subterráneo, y las luces de neón incrustadas en el suelo, simulan una pista de despegue. El corazón de la ciudad antigua, se para, y es sustituido por un corazón artificial, enganchado a un marcapasos.

La razón por la cual es posible esta operación, sin provocar grandes protestas, es por su naturaleza “Espectacular”. Lo moderno aparece aquí, cargado de su propia propaganda auto-elogiosa, que provoca en la mayoría una aceptación pasiva de lo que viene impuesto, sin posibilidad de réplica.

1.2 Aniquilación “Vertical” de la ciudad mediterránea
El aire es un espacio por conquistar. Nos pertenece a todos, y por lo tanto, cualquiera puede apropiarse de él. Una vez que se adquiere una porción de terreno, la columna de aire que descansa sobre la parcela, se convierte en el cielo privado del propietario recién estrenado.



La sobremodernidad tiene un modo de ser que podríamos nombrar con una sola palabra, “Exceso”. El proyecto por antonomasia donde se materializa la vanidad del poderoso es, sin lugar a dudas, el rascacielos. El rascacielos representa un proyecto de opresión psicológica de la población, a través del arrojamiento de la escala humana a la diminuta insignificancia. El Capital financiero, gran promotor de estos edificios, muestra al mundo el “Totalitarismo” al que aspira una voluntad de poder muy específica, que quiere cambiar radicalmente la forma del mundo a su imagen, para que así, le guarde servidumbre .

Tener la posibilidad de transformar el SkyLine de una ciudad a través de un conjunto de “Penes” que amenazan continuamente con penetrar las nubes, y llegar hasta allí donde el cielo cristiano ubica a la divinidad, es un ideal estético bastante difundido entre los poderosos que ansían la gloria que la historia reserva, para los autores de proyectos de proporciones faraónicas. La costosa ejecución de la construcción de un rascacielos, y los desafíos que plantea, es traducida por la ciudadanía, como un mensaje de fuerza, capacidad de organización, poderío económico y voluntad de poder; también por una especie de violencia. Una vez terminado, su imponente figura recubierta por vidrio tintado, lanza un mensaje de superioridad y opacidad a toda la ciudad, generando un sentimiento de insignificancia e incluso, opresión, entre aquellos que no tuvieron nada que ver con su diseño y posterior construcción. El rascacielos sobre-moderniza la ciudad, dotándola de un espacio inflamado, sobredimensionado, ineficiente e inseguro, que se fuga de la cotidianeidad con su elevación respecto al suelo. Cotidianidad que siente ahora extrañamiento respecto a una figura entre demoníaca y paternalista, que representa simbólicamente y de una forma extrema, la tensión entre la tradición y la modernidad.

Los grandes rascacielos, aunque en un principio no se complementan con la ciudad en la cual se insertan, se acaban convirtiendo en iconos, y la ciudad empieza a reconocerse a través de sus elevados edificios en todas las guías turísticas. Abandona definitivamente la escala humana, y se deshumaniza.

2 El sujeto del NO-Lugar: el inhabitante
Al inhabitante (9) es difícil ubicarle, ya que casi siempre, se encuentra en tránsito. La sobremodernidad ha convertido en nómadas a sus hijos, y ya no moran allí donde se encuentran, ya que siempre están en movimiento, desplazándose hacia otro “No Lugar”, en una nihilista búsqueda de la felicidad prometida.

El modelo de vida normalizada propuesto a este sujeto, se asienta sobre tres ejes: Vivienda en zona residencial, trabajo en un parque empresarial bien comunicado por grandes vías de comunicación y ocio vinculado al consumo en el centro comercial. La dificultad de la modernidad para definir espacios públicos en las ciudades producidas industrialmente, tiene como consecuencia la perdida de su inteligibilidad como un “Lugar” habitado por una colectividad, y la imposibilidad de que se plasmen valores colectivos en su configuración. Es el sitio perfecto para que se desarrolle el individuo sin tiempo, aislado e individualista postulado por el sistema Capitalista, que es aquél derivado de un lenguaje político únicamente centrado en la preservación de las libertades individuales, necesarias para legitimar sobre todo, el derecho al consumo ilimitado. La ciudad se convierte así en una trampa donde la dimensión hospitalaria de lo gratuito es marginal o inexistente.

El “Inhabitante” considera a la ciudad como un mal necesario y desconfía de ella lanzando miradas furtivas y huidizas, a sus vecinos. La ciudad no tiene nada que ver con su intimidad, y se comporta ante ella como un espectador pasivo. La casa se cierra hacia sus usos interiores y sus puertas se blindan como un acto de defensa respecto al espacio público que representa la calle. La tristeza que exhiben estas grandes extensiones urbanísticas tiene que ver con un modo de ser de la ciudad que es despreciable, hasta para el que las habita.

El “Inhabitante” se relaciona de forma pseudo-comunitaria, con sus vecinos, a través de la gran superficie comercial. Las grandes marcas comerciales se han apropiado del vacío de lo público, dejado por este tipo de urbanismo, y han diseñado zonas comerciales inmensas, que reproducen ficciones de entramados urbanos de calles y plazas, para acompañar el simulacro de exótico paseo que realiza el ocioso consumidor. Muere el pequeño comercio en los céntricos cascos, y la actividad comercial se desplaza al ambiente techado y periférico del centro comercial. Lo público se privatiza y se convierte en zona de consumo.

En todo caso, el “Inhabitante” está íntimamente ligado al sitio, a través de una relación fantasmal. Su casa es una mercancía que se revaloriza, y cuya estructura material solo será reformada, si con los cambios se prevé un mayor valor de intercambio. Su talante huraño e hiper-moderno le delataría como ser marginal en cualquier pequeña ciudad mediterránea viva. Pero aquí, en su chalet con piscina y césped artificial, o en el lujoso apartamento de la planta sesenta y ocho de cualquier rascacielos, ha encontrado su sitio. Su capacidad de compra le asegura una relación normalizada con el entorno, y por lo tanto, satisfactoria.

Estas condiciones de aislamiento son precisamente aquellas, que permiten la paz social por incapacidad de reunión y focalización a la producción. Están en el origen de la soledad derivada de esta nueva forma de masificación urbana. Marc Augé, considera que la sensación de exotismo que experimenta un turista procedente de este tipo de urbes, al visitar determinadas culturas, no es más que un cierto extrañamiento al percibir ausencia de “No Lugares (10)".

El modo de vida que fija el proceso de urbanización capitalista del mundo, es tan irreversible como la propia urbanización.


3 Pérdidas comunes
La planificación de los usos del territorio, en base a intereses que no tienen nada que ver con las formas de vida que ya se desarrollan allí, es una acto de aplastamiento de lo que hay y de sobredeterminación, de lo que venga. Una vez que la ciudad es transformada físicamente a través de una ordenación urbanística de nuevo corte, el proceso se vuelve irreversible. La sobremodernidad se implanta en el “Lugar”, y lo vacía. Se percibe automáticamente en el nuevo y cuadriculado espacio urbano el reflejo de la voluntad de poder de los que aspiran a imponer a toda la globalidad, un único estilo de vida coincidente con aquel que está presente en sus transnacionales campañas publicitarias.

La metástasis de copias de modelos urbanísticos y arquitectónicos idénticos, que atraviesan todo tipo de entornos diferenciales, esconden un intento de homogeneización en beneficio de un sistema económico y de poder, que lucha por apropiarse de cualquier dimensión mercantilizable de la realidad. La “Desruralización del mundo” ya sea por el efecto de la urbanización del campo, ó por el efecto de las migraciones del campo a la ciudad, es el síntoma de una apuesta por un “Totalitarismo económico industrial y global” que desea ansiosamente, la hegemonía total. En este sentido, el territorio se conforma como superficie de inscripción donde la planificación urbanística y la arquitectura, relatarán la historia de los que construyen. La de la imposición de un modelo que estratégicamente impide, desde la propia materia, la posibilidad de que alguna vez se pueda dar otro paradigma.

El no reconocimiento por parte de la sociedad civil, ebria de modernidad, de la enorme importancia que está teniendo la destrucción indiscriminada de nuestros “Lugares” históricos y comunes, es un hecho que pone de relieve hasta que punto el aparato propagandístico desplegado, está siendo eficaz en su objetivo de deshumanización del mundo. Deshumanización en el sentido que llamaría Kant “la insociable sociabilidad”; aquella sociabilidad de los que viven juntos, pero cada uno para si mismo.
Bibliografía
- Deyan Sudjic, La arquitectura del Poder, Ariel, 2007
- Varios, V Encuentro de la arquitectura mediterranea, Publicaciones DGM, 2002
- Marc Augé, Los no lugares, Gedisa, 1992
- Marc Augé, El oficio de antropologo, Gedisa, 2007
- Marc Augé, Porqué vivimos, Gedisa, 2004

1. Según la ONU en un informe reciente, cerca del 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades o áreas urbanas en 2050, comparado con el 49 por ciento que lo hace en 2010.

2. La ciudad desparramada ó difusa, de tipo anglosajón, es una ciudad sin límites, que se difumina ocupando un área muy extensa de territorio. Con alto impacto en consumo del suelo, de energía y materiales, las complejas redes de transporte de alta capacidad, articulan el conjunto.


3. La alienación o enajenación es el fenómeno de suprimir la personalidad, desposeer al individuo de su personalidad o deshacer la personalidad del individuo, controlando y anulando su libre albedrío, para hacer a la persona dependiente de lo dictado por otra persona u organización. El alienado permanece dentro de sí, ensimismado por su desorientación social. Directamente relacionado con la manipulación social, la aniquilación cultural, la dominación política y la opresión de la persona o colectivo alienado.

4. La sobremodernidad (del francés surmodernité) o, según el autor, hipermodernidad (del francés hypermodernité) es un concepto acuñado por el antropólogo francés Marc Augé para referirse a la aceleración de todos los factores constitutivos de la modernidad, del siglo XVIII y XIX. En la sobremodernidad, se tiene una relación nueva con los espacios del planeta, y una individualización nueva. También se conocen tantos acontecimientos a través de la televisión, y de los medios de información en general, que tenemos la sensación de estar dentro de la Historia sin poder controlarla. Es decir, se desarrolla a la vez una ideología del presente –porque el pasado se va muy rápidamente y el futuro no se imagina-, y este presente está siempre cambiando.

5. El término matema designa un concepto introducido en 1971 por Jacques Lacan para denominar el tipo de formalización con la que algunos conceptos psicoanalíticos centrales podrían ser descritos a través de una notación algebraica. Se trata de fórmulas que representan de manera simbólica los términos de una estructura y las relaciones de sus componentes entre sí.

6. Vocablo inglés que designa en origen, barrios construidos en el siglo XIX en Inglaterra, compuestos por barracas insalubres, sin aireación, donde se hacinaban los obreros, sólo para dormir, ya que por el día no salían de la fábrica. El obrero es utilizado como una herramienta y la barraca-casa es el almacén donde se le deja por la noche para volverle a usar al día siguiente. Aquí las “casas” se distribuyen en alienaciones formando cuadrículas perfectas, pero no porque esa distribución responda a razones lógicas de defensa, como en los campamentos romanos, de eficacia administrativa, como en los trazados coloniales españoles en América, o de estética, como en los trazados helenísticos, sino por razones puramente económicas, ya que así los terrenos parcelados son aprovechados al máximo. Es una cuestión que favorece a los negociantes, parecida a la que hoy mueve a los especuladores a la creación de zonas de descanso en las zonas periféricas de las grandes ciudades.

7. El pladur es uno de los materiales más utilizados en la tabiquería de nueva construcción. Está compuesto por dos hojas de cartón que a modo de sandwich rodean un interior de yeso. Respecto a un muro tradicional de ladrillo, su principal ventaja, es la rapidez de construcción.

8. El acoso ó Mobbing inmobiliario, puede definirse como prácticas antisociales basadas en el acoso y abuso para forzar que alguien se vaya de su casa, independientemente de que ésta sea propia o arrendada.

9. Es un término de Joseph Quetglas que representa una interpretación del verdadero significado del individuo moderno. Un sujeto abstracto, el productor y el producto del trabajo abstracto, la persona de la sociedad del capital, el individuo moderno: Nosotros. El inhabitante de ese mundo moderno, un mundo inhóspito, inhospitalario, en donde las cosas que hay a nuestro alrededor no nos acogen, no permiten que vayamos hacia ellas para apoyarnos.


10. En términos del autor Marc Augé, “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad, ni como espacio relacional, ni como histórico, definirá un No Lugar”. “La sobremodernidad es productora de No Lugares, es decir, de espacios que no son lugares antropológicos y que, no integran los lugares antiguos: lugares de memoria”.

domingo, 23 de mayo de 2010

De la imposibilidad física de la política en la mente de un liberal (vivo) y de la existencia de la izquierda en el acuario de los tiburones.

por Andrés Martínez - "El Faro Crítico"
Para empezar propondré una simple premisa, la definición que hace Carl Schmitt de democracia liberal. El jurista alemán caracteriza dicho régimen político como aquel sistema en que se logra la neutralización de lo político mediante su fragmentación. Si la política tiene su origen en la distinción amigo-enemigo, y su referente son las variables intensidades de la guerra (a), la democracia liberal buscaría su negación en la asignación de las diferencias al ámbito privado como forma de desactivar posibles conflictos. De esta forma promueve una supuesta pero muy celebrada pluralidad resultado de suavizar los perfiles más afilados de las propuestas en litigio que necesariamente se dan en una comunidad. Se logra una cierta paz provisional, pues previsiblemente lo único que se hace es postergar los choques, a cambio de una banalización de los principios que conforman las posturas. Así, la derrota parcial de cada una de la partes tiene la contraprestación de que ninguna de las opuestas logra un éxito total. Tenemos entonces que, la cuota de entrada al club de la tolerancia democrática exige el precio de la atenuación de las propias posiciones a cambio del desarme del resto de los oponentes. Esta devaluación de los modos de vida puede ser celebrada como la victoria de todos en la que nadie gana. Desde el punto de vista de sus defensores se trataría de una negociación a gran escala en la que la desactivación de las posiciones afectaría teóricamente a todas las opciones políticas por igual, ya que los eventuales contendientes renuncian a la vez a planteamientos y demandas maximalistas. Sin embargo late en su seno un trasfondo de insatisfacción para todas las partes, pues la comunidad se crea de negar de lo que constituye la propia identidad de cada uno de los individuos y grupos que la componen (b). La democracia liberal es la forma de gobierno por la que triunfa el ‘polemos’ como forma de gobierno mediante una escenificación / representación que es su desactivación simultánea; o la superación de los conflictos mediante el procedimiento voluntarista de su abolición sistemática por decreto. ¿Es concebible situación más tensa por insatisfacción acumulada?

Pese a ello, los regímenes democráticos extraen de esta inestable situación una pretensión de ufana totalidad. Se conciben como espacios contenedores neutros que dan cabida todas las posibles posturas legítimas. Expresado de otra forma, afirman, en su inclusividad, colmar hasta el horizonte, el territorio de lo políticamente admisible, de tal forma que no cabe exterioridad a su tolerante dominio. Cualquiera que quiera situarse en las afueras o en sus márgenes se coloca en una situación de alteridad incívica, enferma, culpable… o terrorista. Se da entonces una curiosa paradoja: si la crítica supone dar un paso atrás, un ponerse en un lugar a distancia para poder enjuiciar una situación, entonces una toma de posición externa al orden de las cosas como la que, verbigracia, adopto en este texto es, desde las coordenadas liberales, inmediatamente interpretable como antidemocrática o totalitaria. La fidelidad a una verdad subjetiva que aspire a su universalización propia del militante / partisano, la pasión política es prohibida por la democracia liberal. Es decir, el pronunciamiento que genera contenido político es excluido automáticamente por la regla formal de la sociedad abierta. Esta pretendidamente acogedora, pero a fin de cuentas falsa, tolerancia tiene un coste: el intercambio con una autentica diferencia se bloquea y produce el consiguiente cierre al pensamiento, amputando la vitalidad del propio sistema. En el dominio resultante de sumar las geografías de lo políticamente correcto y, su periferia aledaña, lo políticamente tolerable, se ejerce una operación de ocultamiento de las contradicciones o incluso de su negación sistemática. Ideológicamente su operación emblemática sería declarar la diferencia izquierda / derecha abolida, derivando los temas que deberían centrar el debate publico a operaciones en el imaginario social o discusiones técnicas. Por tanto, el mecanismo de la democracia giraría en torno a un punto ciego...la negación de la política. En la española disponemos de numerosos ejemplos: de cómo nuestro Estado autonómico es un resultado de un aplazamiento del enfrentamiento entre una concepción del país centralista o regionalista; de un cierre en falso de la Dictadura Franquista que todavía se pasean los espectros de la Guerra Civil; o el impasse de impotencia en que han caído los políticos en funciones frente a la actual crisis económica. Este último caso nos lleva al corazón mismo de lo que esta amnesia deliberada pretende ignorar.

No se trata de lo que la democracia liberal vigente deja fuera como indigno de consideración o de lo que no quiere tratar por su potencial capacidad explosiva, sino de lo que no puede ser discutido por constituir su verdadero núcleo: la propiedad privada. Valor supremo indiscutible, es el tabú, lo intangible, el molde que informa la libertad de los propios individuos. En efecto, la definición de democracia como fragmentación de la comunidad política responde a un paradigma de propiedad sobre uno mismo y sus opiniones (c). De este modo estas se viven como pertenencias exclusivas en la esfera de lo privado. Una medida profiláctica para evitar que los modos de vida se proyecten con su potencial virulencia hacia la arena de la res pública. La comunidad de todos es la de nadie: se permiten todas las manifestaciones, pues ninguna puede ser expresada como autentico proyecto político. La condición para hacer uso de la tan cacareada libertad de expresión es la falta absoluta de seriedad. Que el poder permita el debate político solo es bajo la condición de no hablar de política ni del poder. Así, toda la pasión de la política queda transferida al único flujo real: el del dinero. La abstracta fantasmagoría de la actividad económica es el único campo donde se juega algo y ni esta esfera, ni las reglas que la rigen pueden ser sometidas a discusión. En cambio nuestra vida, nuestro tiempo y nuestros principios son mercancías comercializables que flotan en esta almoneda, cuestionadas por su cotización a la baja… el plano de lo político está contenido dentro del mercado y todo lo que en el mercado se encuentra son mercancías. Desde este punto de vista la corrupción de la clase política no sería una excepción, pues responde a la regla del comercio: cada uno debe vender lo que posee...

Se da entonces que la política es rehén de la economía, una esfera dependiente del trafico de capitales, con el agravante de que las autoridades políticas sufren el síndrome de Estocolmo. Pruebas de este aserto pueden ser encontradas en abundancia. Basta con echar un vistazo la manifiesta incapacidad de nuestros gobiernos para atender con mínima eficacia las necesidades materiales que constituyen la justificación del sistema democrático. Tras una grave crisis provocada por malas practicas (un eufemismo) financieras y en ultima instancia debidas a treinta años de desregulación sistemática, proceden al reacomodo de sus gobernados a la situación. Ni pasa por sus cabezas reformular seriamente las reglas del juego económico, o al menos hacerlo seriamente, ni siquiera limitar tímidamente los movimientos del capital que a pasos cada vez más rápidos van minando su capacidad de actuación... tampoco podrían. Uno de los aspectos positivos del momento que atravesamos es el desvelamiento de la inanidad de las democracias actuales. Tampoco es que consuele demasiado.

Por supuesto, la izquierda convencional que cabe en este estado de las cosas, no es, evidentemente, la revolucionaria. Si ocurre que la economía engloba a la política que pasa a ser un momento subordinado a la primera y así deja fuera cualquier planteamiento que no haga del individuo una función mercantil: mano de obra o consumidor. Aceptando estas premisas no hay discusión posible sobre política, pues las precisamente aquello que condiciona nuestros modos de vida queda más allá del ámbito de discusión (d)… y la izquierda se convierte en prisionera de la gestión de las necesidades sin salida posible. Este es un debate que ya se mantuvo en la época de la Segunda Internacional. Los que esperaban producir transformaciones radicales de la sociedad condenaron a la socialdemocracia como una postura que se conformaba con calderilla y postergaba la consecución de sus verdaderos objetivos ‘sine die’. Renunciando a dirigir los ataques de forma radical a los fundamentos del dominio del capitalismo y a la construcción de una sociedad libre, lo más que pudieron conseguir fueron algunas comodidades materiales. Por supuesto, no son despreciables pues somos frágiles criaturas corporales con necesidades físicas, pero tales logros como el tiempo ha demostrado, son cesiones reversibles, que ha entregado un poder sin menoscabo. Los herederos actuales de tal claudicación ya ni siquiera merecen su antigua denominación: sus críticos les conocemos como social-liberales y en dicho termino la parte de sociales es un autentico ejercicio de caridad. Les ha tocado en gracia una misión imposible: hacer compatible el estado del bienestar con la ley del mercado… Puede que la cuadratura del círculo no sea imposible, pero en dos mil quinientos años nadie la ha encontrado. El resultado es que son los testigos, más bien mudos de la demolición a cámara lenta de los beneficios que nos proporcionaba el mundo Occidental.

En paralelo, los sindicatos del mundo desarrollado se dedican a gestionan que la recuperación de la renta cedida por el capitalismo en la época en que tuvo a los regímenes comunistas como alternativa, sea lo menos traumática posible. Social-liberales y sindicatos han asumido principios contrarios a su propia naturaleza y han quedado paralizados por el cortocircuito. Tendría cierta poesía su maldición si no fuésemos nosotros quienes debemos que sufrirla. No merece dedicar más tiempo a la izquierda organizada en partidos y organizaciones sindicales que revolotean en torno a un poder que no pueden ni quieren ejercer. Cabe desear que tan sólo fuesen inocuos.

En tal situación de imposibilidad de incidir sobre el curso de la situación creo que la fragmentación de los movimientos alternativos de izquierda es un error mayúsculo. Si bien, el problema es global y evidentemente la solución, local, los planteamientos de la izquierda radical no llegan a tocarse con el corazón de los problemas que nos aquejan sino que se distraen con sus síntomas.

En primer lugar y como se deriva con bastante facilidad de lo escrito más arriba, la atomización de la izquierda alternativa responde al modelo de fragmentación inconexa de grupos e individuos, que impone el capitalismo como modelo de convivencia. Ante una cultura liberal basada en una anomia abstracta, en la que las diferencias han sido reducidas a mercancía, se da un movimiento de compensación mediante la formación de pseudo-comunidades (d) que rellenen el vacío. La gente busca la protección del sentimiento de pertenencia a colectividades que proporcionen resguardo del gélido ambiente que impera en el mercado. Se pone en marcha entonces, un juego de impostación de identidades grupales que se convierte en el centro de las vidas individuales como posibilidad de relación real. La exacerbación de los pequeños narcisismos como lo étnico, lo regional o lo nacional, la religión o cualquier otra subcultura de elección se une al ‘panem et circenses’ para adquirir una dimensión vital ... o de otra forma, las propiedades privadas de los individuos que intentan escapar a la segregación, reuniéndose en torno a un hobby como punto de encuentro. En esta dinámica podría verse una materialización del ‘principio de Eros’ (e), un posible núcleo de comunidad. Sin embargo todo ello se da dentro de la lógica del Espectáculo: la transferencia de la decisión al plano de la representación. De ahí se genera entonces un negocio, muy rentable, que consiste en proporcionar complementos para la exhibición del propio egotismo para relacionarse a los que sufren la misma enfermedad. Se trata de una evasión tanto de la constitución de una comunidad plena como de la misma posibilidad de actuar en su entorno social. Es decir, al ser proyectados los conflictos políticos en lo cultural los colectivos carecen de proyección social fáctica, a no ser que la moda se confunda con lo político. Pese a tener una orientación política los grupos radicales de izquierda se están vertebrando de forma similar a la descrita más arriba en torno a temas como raza, religión, sexualidad o genero (aunque no sea el caso del ecologismo), y actúan sobre bases análogas a las tribus de la Sociedad del Espectáculo. Hay una dependencia excesiva de la cuestión identitaria, que es resoluble en términos de representatividad. De esta forma las reclamaciones en torno a un hecho diferencial desembocan en debates formulados en los términos que apetece la democracia liberal: discusiones en las que esta jamás es puesta en tela de juicio... E incluso, su énfasis en lo particular genera modelos que pueden ser incorporados al catalogo de modas exhibidas por el liberalismo como demostración de libertad. En resumen, la configuración actual de las pequeñas izquierdas es fragmentaria a imagen y semejanza del sistema al que dicen oponerse, le sirven de propaganda y pierden de vista un proyecto que pueda reunirnos en una autentica comunidad. De hecho, funcionan de forma completamente inversa a la que desearían, al proporcionar modelos e ideas comercializables como mera cosmética (de la cual, probablemente, ellos son las primeras victimas).

En lo que se refiere a la estrategia no se dirigen a un fin verdaderamente político que, en mi opinión, consiste en la búsqueda de lo común: aquello que junta y multiplica, lo que aumenta la potencia de los modos de vida. Es más, traicionan el espíritu propositivo de la política al limitarse a hacer valer tan solo su condición de víctimas. No caminan en una dirección afirmativa sino que se reducen a un movimiento de reacción, meramente negativo. Tan solo esgrimen demandas parciales que deben ser recicladas por el sistema… se conforman con un subsidio, una indemnización, una reforma o algo de visibilidad.

Por motivos tácticos… Puede que las responsabilidades sobre lo que ocurre en el mundo sean absolutamente difusas y no dependan de la voluntad de ningún doctor Mabuse. Incluso puede ser que los que nos quejamos o estamos en contra, de algún modo seamos cómplices. No me interesa buscar culpables, pero lo cierto es que en sus efectos, el capitalismo actúa con una unidad coherente, plena de sentido y con una eficacia – la política es praxis, luego efecto logrado de voluntades y si no, no es política sino sueños - que sería deseable para estos grupos opositores de izquierda. En su lógica de crisis permanente puede extraer beneficio de todo lo que arruina. Vende armas para destruir un país y luego los medios para reconstruirlo. Algún tipo avispado puede llamar a esto deconstrucción. En todo caso, llegados al punto ofrecer resistencia, ninguno de los frentes de oposición parcial es capaz de detener un ápice los procesos de transformación que convierten la destrucción del mundo y de la sociedad en dinero contante y sonante. No pide nada para la colectividad, es decir al limitar sus demandas a casos particulares no llegan a constituirse en puntos que nos podrían reunir.


(a) En ‘Introducción a la guerra civil’, Tiqqun define esta como el libre juego de las distintas formas-de-vida… dentro de las capacidades naturales de un cuerpo esta el ejercicio de la violencia. Al contrario de lo que pretende Hobbes tras la fundación de la sociedad, ningún cuerpo es nunca desarmado definitivamente (Spinoza)… aunque bajo el imperio del biopoder no estemos lejos de quedar definitivamente inermes. Un recomendable ejemplo de una situación de pacifismo límite se describe en la muy recomendable novela de Bernard Wolfe, ‘Limbo’.

(b) En algunos casos, lo que vale para el individuo también sirve para el colectivo. La identidad tiene un funcionamiento similar al del signo lingüístico: surge en red por oposición frente a otros signos. La histérica carrera que se vive en la actualidad por constituir personalidades bien individualizadas mediante ‘gadgets’ o complementos que gentilmente suministra el mercado, puede ser explicada como la proyección de este déficit político llamado democracia liberal a la esfera de la vida personal.

(c) Aquí surge la cuestión del Derecho y los derechos. La regla abstracta que otorga todos los miembros de una sociedad una hipotética potencialidad que no se cumple y la exigencia patética de llenarla de contenidos. El estado de derecho es aquel lugar en el que la proclamación de la posibilidad es la suturación de su realización en la representatividad.

(d) Pues son vicarias, ocasionales.

(e) En el malestar en la cultura Freud opone dos principios, uno agregador, el erótico, que impulsa lo comunitario y otro de muerte, simétrico opuesto.

(f) Una posible definición de política: la creación de exterioridades inmanentes que posibiliten un aumento de la potencia de los cuerpos. Si hay una correlación entre ética y política, una buena praxis de la comunidad debería generar una ampliación de los horizontes vitales. Compárese con la actual situación en la que la sensación de cierre, de callejón sin salida es dominante en el lado del mundo donde se supone que puede elegir.

viernes, 30 de octubre de 2009

Política y Decrecimiento

por JOSE LUIS MANCHÓN - "El Faro Crítico"

Despacito, Despacito...Europa es un pésimo lugar para intentar hacer política. Uno de los principales objetivos de esta actividad humana, es poder influir en el poder ó llegar a ocuparlo, para desde allí, promover la modificación sustancial de realidades en todo tipo de ámbitos; pero el poder político por estas latitudes está tomado por el “Capital”.

La configuración de la “Comunidad Económica Europea” como una asociación de países donde se “blinda” la posibilidad de modificación del sistema económico, no permite la posibilidad de un cambio sustancial en el estado actual de las cosas. Europa, por lo tanto, guarda servidumbre a las leyes del mercado y a las decisiones adoptadas por los consejos de administración de las grandes compañías transnacionales. Consejos integrados por personas que no han sido elegidas democráticamente, y que por supuesto, no tienen entre sus objetivos la búsqueda del “Interés general”.

En nuestras sociedades europeas llamadas “De Consumo”, la imposibilidad de poner en cuestión de una forma radical el funcionamiento del sistema económico como parte significativa del horizonte de actuación política, castra y desanima a las corrientes ideológicas que buscan invertir el funcionamiento de la superestructura. El mensaje lanzado es claro, se podrá elegir “democráticamente” en cualquier estado socio a gobernantes de cualquier ideología más o menos considerada “decente”, pero estos, una vez elegidos, estarán obligados a no intervenir en la configuración y el funcionamiento del sistema económico. Gobiernos de derechas e izquierdas en Europa, tendrán siempre mucho en común; la defensa obligada del libre albedrío del sistema capitalista de libre mercado.

El elector, gran conocedor a través de la propaganda de este escenario cercado, no se decantará por proyectos políticos que precisamente por cuestionar el modelo económico, puedan ser objeto de aislamiento. El voto útil y la consecuente tendencia al bipartidismo, es la máxima expresión de la corrupción intelectual generalizada de los votantes de nuestras democracias.

Ante esta situación, el estado de confusión de la “masa” es tal, que ha dejado de percibir las violaciones constitucionales. Un caso muy reciente y muy claro es el español y tiene que ver con el indiferentismo general con el cual ha vivido la mayoría de la población, la usurpación del derecho a una vivienda digna, que ampara la constitución española como derecho fundamental, y cuya violación está directamente relacionada con la especulación del suelo que ha sido promovida por las propias administraciones públicas.

Por si no fuera suficiente, las campañas publicitarias alentadas por “Lobbys” empresariales, consiguen generar estados de opinión donde subyacen criterios mercantiles, que permiten dirigir el voto en una dirección beneficiosa para el sector productivo representado. Mientras tanto, estos mismos “Lobbys” financian partidos políticos con posibilidades de llegar al poder.

Nuestros representantes políticos, una vez otorgado el poder a través de la consumación del habitual engaño mediático masivo de las elecciones, pagarán las deudas pendientes con los grupos empresariales con tratos de favor. También contraerán otras deudas de tipo financiero, o venderán al mejor postor el patrimonio público, para intentar cumplir el exagerado programa electoral con el cual se habrán comprometido con el ciudadano. Programa electoral que habrá sido diseñado con la colaboración de una empresa de “Marketing y Relaciones Públicas”. El objetivo de acción del político no será en primera instancia, satisfacer el compromiso adquirido con el ciudadano y trabajar por el interés general, sino más bien, satisfacer los requisitos necesarios para ganar las próximas elecciones. Es el poder en si mismo lo que se ansía; un poder que ocupará gran parte del tiempo en la toma de decisiones en el ámbito puramente económico.

Tenemos ante nosotros una dimensión económica, la “Capitalista”, que es un hilo transversal a los estados y las ideologías oficiales, casi atemporal, que se convierte en criterio. El criterio de maximización del beneficio económico, es uno de los principios que más intensamente rige nuestras vidas y el de nuestras sociedades. Para verificar esta afirmación, solo tenemos que comprobar como actualmente la salud de un país se mide a través del crecimiento anual del “Producto Interior Bruto (PIB)”, ó pararnos a observar las múltiples escenas en las cuales nuestros máximos representantes políticos, elegidos democráticamente por millones de personas, sucumben a las peticiones abusivas de los dirigentes de las grandes compañías, ante la amenaza de la deslocalización o el cierre, ó como después de abandonar la carrera política, estos mismos servidores públicos se incorporan a los órganos de decisión de las grandes empresas, con el objetivo claro de poder incidir directamente en las decisiones del aparato público. Es prácticamente imposible delimitar un ámbito en la política de los grandes partidos, donde los intereses del “Capital” no estén representados.

El crecimiento exponencial del desencanto y la decepción del votante de izquierdas en Europa, tiene mucho que ver con lo expuesto anteriormente, ya que las enormes contradicciones en las que se incurren al poner en práctica un equilibrio imposible entre la gestión ideológica de izquierdas, la necesidad de financiación externa y el respeto impoluto al inamovible sistema económico Capitalista, son de una crudeza repugnante e insoportables para un ciudadano minimamente informado.

Con los acontecimientos que se han sucedido después del crack financiero de octubre de 2007, la situación se ha pervertido aún más. Los Estados, lejos de aprovechar la oportunidad para recuperar el protagonismo perdido en la época del liberalismo-libertino, se han lanzado a dilapidar sus propios recursos. Han asumido un riesgo aún sin cuantificar, a través de operaciones de rescate al sistema financiero, con el objetivo de reanimar a un sistema económico que siempre había considerado al sector público como un estorbo para sus pretensiones. Tenemos, por lo tanto, a un sector privado muy amplio de la economía, exhausto por su propia codicia, pero seguro de su supervivencia.

Ante la apuesta incondicional de los estados por revertir la situación de recesión apoyando a los máximos responsables de la misma, para así poder volver a la senda del crecimiento ilimitado a golpe de burbuja especulativa, existe una pequeña parte de la ciudadanía que comienza a organizarse más allá de la política tradicional de los grandes partidos. El objetivo es fundar un contenedor social diferente al actual, en el cual puedan empezar a integrarse individuos que puedan crear comunidades para la vida en común utilizando otros criterios. No es una fuga derrotista ante la imposibilidad de influir notoriamente en el corto plazo en el orden global actual, sino más bien, es una apuesta revolucionaria y por lo tanto, no reformista, que busca conformar un nuevo orden político y económico, apostando por un nuevo comienzo y con el foco puesto en lo “Local”. Un nuevo orden que se agazapará y esperará pacientemente hasta que adquiera vigencia como alternativa, cuando el colapso se adueñe finalmente de las sociedades capitalistas. Un colapso que irremediablemente ocurrirá por la imposibilidad lógica de que se cumpla la máxima sobre la cual se asienta el “Capitalismo”: Crecer ilimitadamente en base a recursos que no lo son.

¿Que es el Decrecimiento?

Si ya ha quedado claro que la economía juega un papel central en la configuración de las sociedades actuales en Europa, la primera pregunta que habría que responder es, ¿Que otro sistema económico alternativo al “Crecimiento Ilimitado Capitalista” podría reemplazarlo?

“Decrecimiento limitado anticapitalista” es el nombre completo, de un sistema económico, que no es nuevo y que viene siendo reivindicado desde hace algunos años, sobre todo por el movimiento ecologista. Que sea lingüísticamente el concepto contrario tiene consecuencias lógicas, ya que lo que persigue es revertir una situación. Podríamos hacer un análisis resumido a través del desglose conceptual.

· Decrecimiento: Primeramente, a través del reconocimiento del suicidio colectivo que implica para cualquier comunidad, consumir por encima de la capacidad de regeneración del ecosistema en el que vive, el primer objetivo sería un retorno a los parámetros que permitan esa regeneración. El sistema capitalista, al ser global, delimita un ecosistema de actuación planetario en el cual está inmerso todo lo vivo y lo inerte, y por lo tanto, toda la humanidad. Lo individual y lo local forman parte de este conjunto global, y por lo tanto cualquier acción en estos ámbitos tendrá su impacto en la totalidad.

· Limitado: Por otra parte, y a diferencia del sistema capitalista, no se olvidan los límites al reconocer que el decrecimiento no puede ser ilimitado. Existe un mínimo de consumo necesario para que los miembros de una supuesta comunidad cubran sus necesidades y gocen de salud.

· Anticapitalista: Por último, existe un objetivo de búsqueda de debilitamiento del “Capital” a través de la destrucción de la dualidad “Recurso laboral – Consumidor“ que actualmente configura al habitante de una sociedad de consumo. El objetivo sería convertirse en individuos estériles para el “Capital”.

Si el Capitalismo funciona. ¿Porqué decrecer?

Existen muchas motivaciones para buscar el cambio. Asistimos a una catástrofe ambiental sin precedentes en la historia del planeta que se ha acelerado en las últimas décadas. Catástrofe que ha sido posible gracias a la puesta a disposición de la codicia del “Capital”, toda la potencia de la “Técnica” para la explotación de cantidades ingentes de recursos naturales acumulados durante millones de años.

Por otra parte, la perdida de libertad en nuestras sociedades es cada vez mayor. Los automatismos que se están implantando en todas las esferas de la actividad humana, han conseguido crear tal cantidad de falsas necesidades y falsas seguridades, que el individuo ha perdido su capacidad de “Autarquía”, y la inseguridad y el miedo se han apoderado del individuo.

También, la insatisfacción es un sentimiento que se ha instalado en las sociedades de consumo después de que un vacío infinito haya abierto hueco en la individualidad exacerbada del europeo. Tras la muerte de Dios, el ser humano en occidente se ha lanzado a consumir ansiosamente como forma de rellenar este vacío imposible de colmatar. La conclusión después de décadas apostando por este modelo de hiper-consumo ilimitado, es que no satisface, ya que consumir deja de tener sentido a partir de cierto umbral. Comprobar estadísticamente que la primera causa de consulta médica en Europa es la ansiedad, reafirma esta hipótesis. La gente expresa, a través del consumo de antidepresivos y ansiolíticos, carencias en su existencia, y aunque aún no están preparados para dejar de perseguir en su lucha diaria, la representación del éxito que la “Propaganda” exhibe a cada momento a través de las campañas publicitarias, se empieza a mirar con melancolía hacia aquellas cosas perdidas en el camino del “Progreso” ilimitado.

Las sociedades de consumo, en su conjunto, no están preparadas para “Decrecer”, ya que necesitan la plusvalía para seguir siendo lo que son; pero los individuos, cada vez dudan más sobre la conveniencia de su esclavitud materialista. Sienten que les falta algo, que han perdido la capacidad de goce; están en la antesala para que se pongan a buscar.

Deconstrucción

“Decrecer” es, antes que nada, “Deconstruir”. El concepto “Decrecimiento” es un concepto generalmente desagradable para los miembros de nuestra sociedad, ya que hemos paralelizado en nuestro imaginario colectivo “Crecimiento y Prosperidad”, “Mas y Mejor”, “Prosperidad económica y Felicidad”, “Decrecimiento ó Estancamiento, con Fracaso, Pobreza y Subdesarrollo”. Invertir estos valores para que el “Ser” margine en importancia al “Tener” y se produzca una revalorización de los aspectos no cuantitativos-productivos de las personas, es uno de los grandes objetivos del movimiento “Decre”. Por lo tanto, aunque la palabra “Decrecimiento” en una primera instancia, referencia al racionamiento en el consumo de recursos materiales, asumir este modelo implica también “Deconstrucción cultural”, ya que habrá que tumbar muchos mitos como los citados, que por ser realizados, son transparentes a nuestra conciencia crítica.

Decrecer implica también “Menos pero mejor”; en esa transición hacia el “Menos”, crece en porcentaje la importancia del sujeto, que se reconoce a si mismo como suelo firme, y desecha lo accesorio. El sujeto deconstruye y se da cuenta que la verdadera riqueza es existencia y es inherente a quien la tiene. Desde este punto de vista, es esa la riqueza por la que realmente merece la pena luchar, y tiene que ver básicamente con afirmar un “Modo de ser”, que se difumina conforme está más cargado de bienes.

Aquellos que ya hemos comprendido que el límite con el que topará el proceso “Capitalista” es el de la “Aniquilación”, hemos vencido el miedo a la perdida de las falsas seguridades que nos brinda y nos enfrentamos al cambio desde la perspectiva de los que tienen poco o nada que perder. El miedo es el obstáculo que una vez saltado, te permite libertad de acción, y te hace inmune a la tiranía del gigante que ejerce su poder a través del terror. Arriesgar todas tus fuerzas por no caer en el “Indiferentismo” ante esta coacción, implica apostar por un “modo de ser” singular; lo contrario significa existir sin más. Se trata, en definitiva, de conquistar una libertad que será utilizada para zambullirse en la confortable, que no cómoda, soledad del que se retira a una zona paralela, del que se agazapa esperando a irrumpir, del que cuestiona radicalmente las “buenas costumbres” de su sociedad pero que no cae en la indiferencia respecto al sufrimiento que se produce en el lugar que abandona. Una zona continua, que transpira a través de una fina membrana y que por lo tanto es permeable, porque reconoce la ignorante inocencia del que todavía no ha comprendido que su proyecto vital en el seno del “Capitalismo” es instrumentalizado todos los días.

Decrecer es decir “No” al sistema esclavista más refinado que posiblemente haya conocido la historia de la humanidad. Un sistema en el cual los individuos se ofrecen ansiosamente a la superestructura como mercancía para que esta haga de ellos “Hombres de provecho”, “Hombres instrumento”, o dicho de otra forma, “Recursos Humanos”. Exigen y luchan por su esclavismo, a cambio de poder echarse a dormir.

La comunidad “Decre”

Una comunidad “Decre” es un conjunto de individuos organizados que a través de la “Autogestión” buscan una “Autosuficiencia” que pueda ser sostenida indefinidamente en el tiempo, respecto al contexto físico en el cual se ubica. La consumación del decrecimiento es el “Estancamiento”. Sería una situación de crecimiento económico cero donde se produce un control efectivo por parte de la comunidad sobre los recursos.

Una comunidad “Decre” es una comunidad que se posiciona en el mundo utilizando criterios de “Necesidad”. Defino “Necesidad” económica, como aquel requerimiento de consumo que permite una supervivencia austera, pero sin comprometer la posibilidad de desarrollo físico, intelectual y afectivo de los integrantes de la comunidad actuales y futuros. Se trabaja lo necesario, y se consume lo necesario. En este tipo de comunidades, el concepto “plusvalía” es desechado. Hablo siempre de comunidad, porque es difícil pensar en un individuo que permanezca durante toda su vida en un estado de autosuficiencia consigo mismo. Como decía Aristóteles, este tipo de hombre habría que considerarlo como una bestia, o como un Dios, en el sentido que somos seres que necesitamos de la comunidad para diferenciarnos y vivir bien.

La emigración del campo a la ciudad en los últimos cincuenta años, ha dejado comarcas enteras, muy ricas en recursos naturales, prácticamente desiertas. Cientos y cientos de pueblos enteros sobreviven apenas, y otros tantos llevan años abandonados. Estos lugares serían sitios muy satisfactorios para empezar a formar estructuras con una configuración “Decre”. En este punto nos topamos con uno de los principales problemas a resolver, que es la “Propiedad”. Hablaremos más delante de ello.

Respecto a la organización política de la comunidad “Decre”, remarcar que el sistema económico no define estrictamente la organización de una sociedad, pero si marca de alguna manera, una tendencia. Si debe existir un control de los recursos en el cual estén involucrados todos los miembros, si ya hemos deslegitimado un sistema de representación parlamentaria y hemos asumido que debe existir mucha colaboración interna para conseguir los objetivos, estaríamos hablando por lo tanto de comunidades pequeñas ó aldeas, con un órgano de decisión soberano que sería asambleario y con una propensión a considerar los temas que se considerasen de interés general, de máximo compromiso por parte de los miembros de la comunidad. Pero queda claro, que el contexto histórico, la ubicación física y los modos de ser de los miembros de la comunidad, serán los que finalmente influyan en el régimen político por los que finalmente se rija la comunidad.

Existirá, como es natural, una forma biológica de acceder a la comunidad, y será a través del nacimiento de hijos de miembros de la propia comunidad. Siendo altamente probable que pudiera existir flujo de personas entre distintas comunidades, el acceso a la comunidad ó su expulsión, se decidiría en el órgano decisorio que hubiera sido designado.

Respecto a los servicios sanitarios, educación, seguridad, sistema de pensiones, prestaciones de desempleo…., tenemos que tener muy en cuenta las motivaciones que inclinan a las personas a asociarse en “Decres”. Hemos abandonado el “Titanic” cuando ya se divisa el Iceberg, y nos hemos introducido en una barcaza a remolque del coloso. El objetivo no es tanto salvarnos nosotros, cosa nada segura, como construir un nuevo “hogar”, y que, por supuesto, pueda servir además de referencia, en medio del “caos” que sobrevendrá al hundimiento. En un escenario, donde los servicios que acostumbra a otorgar la superestructura a la masa para su adoctrinaje, curación, premio o castigo, no han desaparecido pero tienen fecha de caducidad. Hacerse cargo radicalmente de uno mismo, implicará la imposibilidad de apelar a una instancia superior para que llene algún vacío que nosotros, como comunidad o individuos, no sepamos, no queramos, o no seamos capaces de llenar. La vida en una comunidad “Decre” será simultáneamente mucho más libre y quizás también, en muchos sentidos, mucho más dura.

Respecto a la “Guerra”, intentar enfrentarse contundentemente a un sistema económico como el “Capitalista”, no parece muy realista. En todo caso, provocaría una reacción defensiva que tendría dos consecuencias directas nefastas: por una parte, la aceleración de su propia capacidad de destrucción, y por otra parte, el aplastamiento de la amenaza. En este sentido, el “Decrecimiento” es un movimiento que retira combustible de la caldera del Coloso, aminora su marcha y lo debilita desde el principio, sin un enfrentamiento directo.

Desde otra perspectiva, uno de los motivos principales por los cuales ha existido el conflicto desde la antigüedad, es el control de los recursos. Una comunidad conformada desde el punto de vista del decrecimiento debería asentarse en espacios físicos donde hubiera suficientes recursos como para no entrar en colisión con otras comunidades cercanas, en caso de situaciones extremas. También debería existir un control de la demografía para evitar el colapso del equilibrio propio y evitar conflictos internos.

Otro de los principales motivos por los cuales han existido conflictos desde la antigüedad tiene que ver con el deseo de conquista; una comarca en la cual se desarrollan comunidades que entienden el “Decrecimiento” ó “Estancamiento” como algo satisfactorio para sus vidas, simplemente no desean nada más desde el punto de vista material. En todo caso, una actitud defensiva respecto a un ataque, es una acción violenta pero legítima.

Respecto al “Sistema financiero”, ya sabemos dos cosas muy importantes. Primeramente, que es el combustible sin el cual no hubiera sido posible la exagerada capacidad de depredación que ha exhibido el capitalismo en las últimas décadas. Por otra parte, hemos aprendido, y esto es mucho más novedoso, que lo “Público” en su actual configuración, es el avalista que asume los riesgos en último término, de los desmanes y desequilibrios que provoca un sistema cuyo principal empuje lo encuentra en la codicia. La economía monetaria y financiera, ha pasado de ser un medio para hacer más fácil el intercambio, ha convertirse en un fin. El dinero se consigue, y luego, se decide que se hace con el. En un sistema global como el sistema capitalista, el dinero fluye a nivel planetario en la economía artificial y al apostar por el alza de precios de determinados bienes, se generan burbujas económicas y el empobrecimiento de la mayoría está asegurado. Por otra parte, la posibilidad del fraccionamiento de los pagos en plazos, que incluso transciende el periodo vital de una persona, permiten un alza de precios de los bienes, que de otra manera no serían viables. Atenerse a los objetos reales y desconfiar de los servicios financieros, e incluso del papel moneda, sería una gran apuesta para conseguir que la comunidad “Decre” cortara de raíz, el cordón umbilical con el “Capital”.

Respecto a la “Propiedad” del terreno, aunque en su origen es el resultado de una acción de delincuencia “Pirata” de apropiación de lo común, cientos de años después de su consumación, esta realidad deja de ser algo lo suficientemente consistente como para que pueda ser un argumento para reivindicar la reversión del proceso. Creo que la formula que podría tener más éxito, sería reconocer al propietario actual de la tierra como su dueño, pero no reconocer la exclusividad de su uso, que sería común. Soy consciente de que es precisamente la “Propiedad”, el más importante escollo a salvar en todo el planteamiento respecto a las comunidades “Decres”.

Otras reflexiones

El “Decrecimiento” como modelo económico, nunca será aclamado por la gran mayoría. Respecto del barco que se abandona, solo existe la hostilidad y el desprecio por poner en cuestión el estado de las cosas y las motivaciones que mueven a tantos millones de personas con una constancia y una fe que podría calificarse perfectamente de religiosa. Creo que es muy importante tener esto claro, de cara a que tipos de acciones políticas se pueden poner en marcha y cual puede ser su alcance. Es muy difícil hacer llegar a una población que utiliza gran parte de su tiempo de ocio a recorrer sistemáticamente grandes superficies comerciales a las que llega utilizando transporte privado, que es posible generar bienestar reduciendo drásticamente el consumo de materia y energía.

En unos tiempos en los cuales, los problemas medioambientales preocupan y mucho, el “Capitalismo” se defiende moldeando y haciendo suyos planteamientos que en un principio, pertenecían a su propia crítica. El movimiento ecologista ha puesto en bandeja al “Capital” un concepto muy potente que le está dando mucho juego. Ante la cada vez más creciente concienciación social ante los temas ambientales, el “Desarrollo Sostenible” ha creado una falsa expectativa sobre la posibilidad de poder seguir consumando un crecimiento continuado y a la vez, mantenerse dentro de los límites de regeneración de los ecosistemas. Ha añadido un componente ético al crecimiento económico que tenga la capacidad de venderse con criterios de sostenibilidad. Es un concepto que ha funcionado tan bien, que ya no existe proyecto ó infraestructura faraónica que no sea calificada de “Sostenible”. Conseguir la sostenibilidad y el crecimiento continuo, a la vez, es una contradicción lógica y desde el punto de vista político, un fraude.

Respecto a aquellos que puedan considerar que existe dogmatismo a la hora de plantear el “Decrecimiento” como la única alternativa para revertir la situación desde un punto de vista económico, comentar que la base de este supuesto dogmatismo es estrictamente lógica. Si consideramos que apostar por el crecimiento ilimitado en el tiempo es una huida hacia adelante, ya que es una contradicción respecto a la finitud del mundo, realizar el camino inverso sería decrecer. Y si además, damos por válidos los datos que nos advierten de que estamos viviendo por encima de la capacidad de regeneración del planeta, más o menos un 30%, entonces la necesidad de aplicar criterios en la dirección opuesta, sería imperiosa.

Como nihilistas que somos, seguimos creyendo que las soluciones a los nuevos retos solo pueden provenir de ideas novedosas y originales. En este proceso de vuelta que envuelve el movimiento “Decre”, imaginar que el “Pasado” fuera precisamente el horizonte por descubrir, sería una forma de invertir el sentido del tiempo, y que de pronto, la serenidad que aporta la sabiduría de lo ya vivido reemplazara al deseo ansioso de lo novedoso. Lo único que tenemos, al fin y al cabo, es pasado.

Nuestra epocalidad nos plantea una elección. Podemos seguir siendo espectadores y corresponsables del hundimiento ó, convertirnos en autores creativos de otro lugar y otro tiempo, aquí y ahora.