martes, 21 de septiembre de 2010

Territorismo

por JOSE LUIS MANCHÓN - "El Faro Crítico"
Metástasis urbanística - Rivas VaciaMadrid
Es un hecho, que estamos inmersos en un proceso global de Urbanización del mundo (1). Es fácil percibirlo, visitando las cada vez más extensas periferias de muchas de las grandes aglomeraciones urbanas, donde el campo ha pasado a asemejarse a un archipiélago fragmentando dentro del mar de hormigón, y las ciudades han perdido su afuera, para convertirse en un continuo.

Lo esencial de porqué se está produciendo esta depredación ingente del territorio, no ha sido aún suficientemente pensado. Las proporciones de las desastrosas consecuencias económicas, medioambientales y sociales del proceso, han copado la reflexión sobre el problema y no han permitido entender, que el sistema capitalista en su conjunto, estaba utilizando la irreversibilidad del urbanismo para fijar materialmente un modelo único de vida.

La implantación del modelo de ciudad desparramada de tipo anglosajón (2), sobre el cual ha cabalgado el gigantesco negocio de la especulación urbanística que se ha dado en nuestro país en los últimos diez años, y que ha sido un proceso muy agresivo con el medio ambiente, con la cultura y con la arquitectura tradicional de este país, es el modelo elegido, como exportable a todo el planeta. Su implementación acelerada y salvaje, se sitúa además, en el origen de la profunda crisis económica actual. Si el urbanismo es el espejo de una civilización, su moderno reflejo nos trae imágenes de exceso, explotación y desigualdad. Como explica el antropólogo, Manuel Delgado, en La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del ‘modelo Barcelona’, la desigualdad en la urbe capitalista, no es un accidente, sino el elemento consustancial que permite hacer de ella un factor de enriquecimiento de una minoría a costa del trabajo y de la miseria de una inmensa mayoría.

El “Territorismo”, es un proceso orientado a la dominación, por alienación (3) de la población, a través de la imposición material de un modelo urbanístico uniforme, con gran capacidad de aniquilación de territorio y sobredeterminación de formas de vida. Se ejerce exclusivamente desde el poder -solo los grandes capitales tienen capacidad para financiar grandes proyectos urbanísticos- y simboliza una proyección en el territorio muy determinada, de un modelo de ciudad dispersa, radicalmente alejado de cualquier vocación de satisfacción a una supuesta demanda social. Creación de una segunda naturaleza de tipo urbano, orientada a la legitimación del poder que la impuso, a través de la marginación ó exclusión directa de determinados usos y costumbres asociados al “Lugar”, y la magnificación de un modelo de vida orientado al consumo y al trabajo, que solo se puede dar de una forma tan normalizada, en estos prefabricados ambientes. Pensar el proceso de urbanización del mundo, desde el punto de vista de la “Dominación”, desvela de repente al pensamiento la dimensión ideológica de un proceso, que persigue la parálisis creativa de los pueblos.

La alianza del poder privado con lo público, a través de las áreas de urbanismo institucionales, para expoliar un recurso común como es el territorio, es un acto de barbarie. Por esta razón, la tramitación administrativa de los planes urbanísticos y de las grandes infraestructuras de comunicación, se suelen realizar en nuestras democracias representativas, con la máxima discreción. El objetivo es eliminar, toda posibilidad de interferencia ciudadana en el trámite, ya que el lugareño tiene mucho que perder y casi nada que ganar, en estos procesos depredadores de “Lugares”. Este sistema de decisión, como combinación de los intereses del mercado liberal y la democracia representativa, sería un claro ejemplo de lo que Toni Negri ha venido a denominar “El Imperio”. Los intereses económicos privados, quedan unidos así a los del político, que ve colmados sus deseos de transformación, de una forma espectacular, cómoda y, en demasiados casos, personalmente lucrativa. El viajero percibe esta realidad con perplejidad, ante la visión de los nuevos barrios, que aparecen de pronto en el horizonte, como surgidos de la nada.

El “Territorismo” es el camino hacia el subdesarrollo, de la mano del crecimiento ilimitado postulado por la sobremodernidad (4).




1 La destrucción del modelo de ciudad mediterranea


Lo único que parece eterno en la epocalidad que nos ha tocado vivir, es el desbordamiento al infinito de la actividad económica de sobre-explotación y sobre-producción. El fin de esta actividad acelerada parece estar en ella misma, y al galope de la codicia, va dejando una estela de destrucción muy difícil de asimilar. Este modelo de crecimiento ha torpedeado a la ciudad mediterránea en nuestro país.

La ciudad mediterránea entraría en lo que se ha venido a denominar “Conjuntos Arquitectónicos Orgánicos”. Ciudades levantadas lentamente, en muchos casos por los propios “lugareños”, integradas eficientemente en su entorno medioambiental inmediato, y adaptadas completamente a las características y necesidades de sus pobladores. Son como bulbos que de pronto maduran en algún cruce de la estructura rizomática que representa el conjunto de caminos vecinales que articula un territorio. Las ciudades mediterráneas han sido y son, complejos urbanísticos a escala humana, con espacios dirigidos al encuentro social, como las plazas, donde la ciudad muestra su sentido más aristotélico: “La vida buena que solo puede darse en común”. Históricamente, las formas de vida de las ciudades han sido condicionadas por su arquitectura y su trazado urbanístico, determinando en cierta medida, la forma de comprensión de la realidad, y en que condiciones se produce la relación entre sus habitantes o que formas de relación son excluidas.

La ciudad de estilo mediterráneo está en crisis. En España, y en otras partes del mundo, las grandes fortunas quisieron explorar en la última década, las posibilidades de negocio que abría, el deseo de propiedad del proletario respecto a la vivienda. La respuesta fue generosa, y el poder económico y político se alió para contarnos, a través del lienzo en blanco del “Territorio”, una historia demasiado repetitiva de mutilación, destrucción, prepotencia, engaño y corrupción. La metástasis urbanística que estamos viviendo como parte de un proceso global de “Urbanización del mundo” ha dado lugar al encuentro físico de muchas ciudades y a la eliminación del afuera, quedando el entramado urbano como un continuo asfixiante, sin posibilidad de fuga. Nuestras ciudades, como cuerpos orgánicos, se desintegran, y sus habitantes también, al perder la identidad conformada a través de las relaciones que propiciaba este singular entramado urbanístico.


1.1 Aniquilación “Horizontal” de la ciudad mediterránea


La ciudad mediterránea es un núcleo compacto, en altura, que propicia el encuentro social y comunitario, entre sus habitantes, y que responde a un “Ethos” que ha predominado en sus calles a través de sucesivas generaciones de ciudadanos que la han habitado. También es un ejemplo de economicidad en el aprovechamiento de recursos, que tiene muy en cuenta la capacidad de carga del ecosistema sobre el cual se asienta. Es en definitiva, un modelo demasiado sospechoso y poco rentable, como para que los grupos de poder asentados sobre las bases del capitalismo, no deseen imponer en este espacio, ciertas “mejoras”. Mejoras que, utilizando criterios de dominación y de maximización de la plusvalía, se van a acometer en dos tiempos.



El modelo anglosajón de ciudad desparramada, es el que proyecta más fielmente sobre el terreno, la ideología capitalista de sobreproducción industrial ordenada a través de una cadena de montaje. Es un modelo repetitivo y planificado a través de un tipo de dibujo técnico, donde el cuadrado y el rectángulo son soberanos. Con un alto consumo de suelo, materiales y energía derivado de la implantación de un modelo de ciudad orientado a la motorización, sus habitantes pasan a vivir en el tránsito. Es un espacio de proyección ideológica, donde el aislamiento y el individualismo representado por la vivienda unifamiliar, adquiere relevancia en detrimento de los pisos en altura y los espacios públicos. Es el espacio encomendado a los promotores, constructores, urbanistas, políticos y arquitectos, que recibirán pingües beneficios como pago a su colaboración en la transformación del mundo en un continuo urbanizado.

1.1.1.1 Del Lugar a la Mercancía


El “Lugar” antropológico es definido por Marc Augé como lugar de encuentro, de cruce, un lugar de identidad, relacional e histórico. Pueden ser itinerarios que pasan y recorren distintos lugares de reunión, caminos que conducen de un lugar a otro en los cuales los individuos se reconocen dentro de un espacio que le es propio; encrucijadas donde los hombres se citan; lugares de reunión como los mercados, ciertas plazas, ciertas calles, siempre las mismas. La ciudad Mediterránea tradicional, es sin lugar a dudas, un “Lugar”.

Para que un “Lugar” se convierta en mercancía, es necesario negar el valor -social, histórico, ambiental- que contiene en si mismo, desplazándolo. Este nuevo emplazamiento del valor se llama “Valor de intercambio”. Considerando que el “Lugar” puede ser considerado también, como una obra de arte, es precisamente esta apreciación valiosa, lo primero que negará la operación de mercantilización del “Lugar”. Lo que se pone en venta precisamente, no es el lugar en si, sino su aniquilación como condición de posibilidad de que se pueda dar el proceso de urbanización.

Este primer paso es discreto, y conlleva en muchas ocasiones la preparación del terreno, eliminando ó desvirtuando todo aquello que pudiera considerarse digno de protección, para no poner en peligro la totalidad del proceso.


1.1.1.2 De la Mercancía al Matema.


Una vez que el “Lugar” ha sido adquirido para la “Ordenación de su Territorio”, empieza la transformación. Materialmente, mientras transcurre este proceso, no ocurre nada aparentemente, pero poco a poco al “Lugar”, se le va a imponer desde un despacho, un nuevo modo de ser, una nueva esencia; un Matema (5).

El “Matema” va a ser el responsable de matar al “Lugar”. La intuición poética necesaria para crear un sitio acogedor y confortable, está exiliada en los estudios de planificación urbanística. El Urbanista, este especialista de la sobremodernidad, representa la usurpación del derecho de un pueblo, para participar en el diseño y construcción de su ciudad y su hogar, que en este caso va a realizar un especialista en nombre de una idea matematizante de orden. Es un gran depredador de la multiplicidad y su “Pulsión de muerte” respecto al desorden visual, lo va a poner a disposición del impulso de homogeneización del poder capitalista. El urbanista percibe como sublime, la belleza de una retícula cuadriculada proyectada sobre la extensión espacial que considera caótica. No es una estructura cualquiera, ya que es precisamente la que permite el máximo aprovechamiento, y por lo tanto la máxima explotación. La fabricación de ciudades, con las misma insensibilidad con que una máquina fábrica cualquier artefacto es, sin lugar a dudas, un atentado contra la sociedad civil como fuerza creativa.

El afuera de la ciudad va a ser renombrado numéricamente y posteriormente segmentado en figuras geométricas a través del tiralíneas. El “Lugar” pasa a ser representado en el papel como un mapa en blanco a escala, sin relieve y sin historia, donde se proyectará a través de la línea recta, un escenario “espectacular” de vida. Un simulacro de “Lugar”.

1.1.1.3 Del Matema al Solar


El modelo ideal platónico ya está diseñado sobre el papel, y el papel, como pura potencia que es, lo soporta. Lo primero que habrá que hacer en el terreno, por lo tanto, será “Desterritorializarlo”. Será necesario lijar la superficie, dejarla lisa e indiferente, para luego poder proyectar el modelo. Las escavadoras dejarán tras un laborioso trabajo, un “Solar”.

La palabra “Solar” evoca soledad, desolación, melancolía y desconsuelo, pero sobre todo, vacío. Es la antesala a la conformación de un espacio que será ocupado por una población muy específica. Son los individuos aislados todo-modernos, condenados a vagar y no morar. El solar también refleja un estado; el de la espera resignada ante lo inevitable.



El vacío pide siempre ser rellenado, pero esta vez, el relleno será pura mercancía. Habrá que nombrar de una forma históricamente evocadora y con algún matiz que implique nobleza, a la futura urbanización, para intentar dar un sentido al sin-sentido.

El solar se convertirá en una ciudad dormitorio o una urbanización de segunda residencia. Estará iluminada uniformemente, circunvalada por una autopista, contendrá zonas verdes con columpios de pvc y buenos accesos a los macro-centros comerciales. Un “No Lugar” habitado por nómadas-sedentarios motorizados, cuya vida transcurre en un continuo desplazamiento ordenado y monótono.

Marc Augé, cuando definió el término “No Lugar”, no incluyó estas estructuras en su definición. Quizás porque no cayó en la cuenta, que la ciudad dormitorio de tipo residencial es un sitio de tránsito, para los refugiados del trabajo. La estancia nocturna en la ciudad se convierte en una parte más del continuo desplazamiento entre “No-Lugares” que constituye la vida tipo del moderno urbanita.

La creación de estos espacios son un atentado al espíritu original de la ciudad tan grave como lo fue en su tiempo, la creación las zonas de descanso llamadas slums (6) en los suburbios industriales del siglo XIX. El hacinamiento, lo cuadriculado del diseño, el carácter muy marcado de almacén de mano de obra y el destrozo del medio natural, son los nexos comunes entre aquellas y estas aglomeraciones, que lo que buscan es un rendimiento económico del suelo y a la vez, colocar estratégicamente a la mano de obra, para que se oriente de una forma casi natural, al consumo, al trabajo y al transporte. La disciplina y el control a través de la subdivisión de las clases sociales, cada una en su barrio; de las familias, cada una en su casa; y de los individuos, cada uno en su habitación, reproduce una organización departamental muy utilizada en los centros de producción. La disposición espacial de la ciudad se convierte así, en un sutil sistema de auto-control.

Las urbanizaciones modernas tienen algo de fantasmagórico, de simulacro de ciudad, de falso. Han sido planificadas y no responden a necesidades reales de una población, que hasta hace muy poco, era soberana en la configuración de los lugares donde vivían; actividad de la que se apropiaron los actores que confluyen actualmente en el planeamiento urbanístico. La producción de sentido que debería emanar de estos emplazamientos, debe ser fabricada. Todo un aparato publicitario intentará legitimar una estética bizarra, normalizándola a través de su inclusión en la representación del modelo de éxito de la sociedad. Como toda producción de sentido con calado social, se convertirá en el espejo donde los miembros del sistema intentarán reconocerse, por todos lo medios posibles.

El “No Lugar” existe, pero no configurará ningún tipo de sociedad orgánica. Es sitio de paso de un tránsito de tipo nihilista. Un movimiento iterativo de idas y venidas, donde la permanencia tiene vocación de curva-fuga infinita.


1.1.2 Segundo tiempo: La implosión urbanística de las ciudades y la destrucción del adentro a través de la sustitución del casco-histórico.


El crecimiento en extensión es sencillo, ya que se realiza a través de los lugares rurales, en un terreno que no ofrece resistencias a la configuración de cualquier tipo de diseño urbanístico.

La modernización de los centros históricos a través de su demolición, sigue otra lógica, ya que es un proceso más lento, y mucho más lastrado por la multiplicidad de intereses que confluyen. En todo caso, la dominación ideológica del modelo de vivienda de tipo anglosajón, mercantilizado a través de la propaganda, y por otra parte, el fenómeno simultaneo de desprecio por lo viejo y de apertura a la novedad, condena sistemáticamente al casco histórico de nuestras ciudades no monumentales, a su decadencia.



Las generaciones que han sido educadas en la sobremodernidad, se acercan a lo antiguo con una mezcla de curiosidad turística y extrañamiento, respecto a que este tipo de “arcaicas” producciones artísticas tuvieran algo que ver con ellos. Aunque para muchos, gran parte de su infancia probablemente ha transcurrido en el interior de alguna casa baja a pie de calle, o en un pequeño edificio de pisos, estas viviendas no se encuentran dentro de su colección de deseos impuestos. La consecuencia de este planteamiento es el abandono por los jóvenes del casco histórico, y la creación de un cinturón urbanístico de nueva construcción a su alrededor. En esta periferia es donde los jóvenes auto-desheredados de la ciudad antigua se alojan, mientras los centros históricos se asfixian, rodeados por una muralla que suena al hueco de los muros de pladur (7).

1.1.2.2 De centro histórico a ruina.


Si el centro histórico no es lo suficientemente singular como para tener la posibilidad por si solo de generar rentabilidades turísticas, comenzará un proceso de decadencia que será tolerado por los poderes públicos, incapaces en muchos casos de reunir simultáneamente en sus expectativas para la ciudad, presente, pasado y futuro.

Cuando “La Resistencia”, conformada por una manada de ancianos empeñados en encalar sus casas, arreglar los desconchones y regar las macetas, se rinde ante el Mobbing inmobiliario (8) ó da con sus huesos en el nuevo cementerio, entonces el descuido y las expectativas de negocio finalmente se adueñan del lugar, y empiezan los derribos.

1.1.2.3 La sustitución del casco histórico, y su conformación como No-Lugar.


Los edificios nuevos, irrumpen en el centro histórico, como si fueran transplantes insensibles al “Lugar” donde se insertan. Traen la sobremodernidad al mismo centro de la ciudad, y son la causa directa de que finalmente, los antiguos modos de vida, desaparezcan. El trazado de las calles se mantiene, pero la ciudad se transforma, y el frescor de los antiguos interiores, es sustituido por el inodoro hormigón y su sonido; el del aire acondicionado. El espíritu de la ciudad cambia a través de los nuevos criterios estéticos. La plaza pública se convierte en un parking subterráneo, y las luces de neón incrustadas en el suelo, simulan una pista de despegue. El corazón de la ciudad antigua, se para, y es sustituido por un corazón artificial, enganchado a un marcapasos.

La razón por la cual es posible esta operación, sin provocar grandes protestas, es por su naturaleza “Espectacular”. Lo moderno aparece aquí, cargado de su propia propaganda auto-elogiosa, que provoca en la mayoría una aceptación pasiva de lo que viene impuesto, sin posibilidad de réplica.

1.2 Aniquilación “Vertical” de la ciudad mediterránea
El aire es un espacio por conquistar. Nos pertenece a todos, y por lo tanto, cualquiera puede apropiarse de él. Una vez que se adquiere una porción de terreno, la columna de aire que descansa sobre la parcela, se convierte en el cielo privado del propietario recién estrenado.



La sobremodernidad tiene un modo de ser que podríamos nombrar con una sola palabra, “Exceso”. El proyecto por antonomasia donde se materializa la vanidad del poderoso es, sin lugar a dudas, el rascacielos. El rascacielos representa un proyecto de opresión psicológica de la población, a través del arrojamiento de la escala humana a la diminuta insignificancia. El Capital financiero, gran promotor de estos edificios, muestra al mundo el “Totalitarismo” al que aspira una voluntad de poder muy específica, que quiere cambiar radicalmente la forma del mundo a su imagen, para que así, le guarde servidumbre .

Tener la posibilidad de transformar el SkyLine de una ciudad a través de un conjunto de “Penes” que amenazan continuamente con penetrar las nubes, y llegar hasta allí donde el cielo cristiano ubica a la divinidad, es un ideal estético bastante difundido entre los poderosos que ansían la gloria que la historia reserva, para los autores de proyectos de proporciones faraónicas. La costosa ejecución de la construcción de un rascacielos, y los desafíos que plantea, es traducida por la ciudadanía, como un mensaje de fuerza, capacidad de organización, poderío económico y voluntad de poder; también por una especie de violencia. Una vez terminado, su imponente figura recubierta por vidrio tintado, lanza un mensaje de superioridad y opacidad a toda la ciudad, generando un sentimiento de insignificancia e incluso, opresión, entre aquellos que no tuvieron nada que ver con su diseño y posterior construcción. El rascacielos sobre-moderniza la ciudad, dotándola de un espacio inflamado, sobredimensionado, ineficiente e inseguro, que se fuga de la cotidianeidad con su elevación respecto al suelo. Cotidianidad que siente ahora extrañamiento respecto a una figura entre demoníaca y paternalista, que representa simbólicamente y de una forma extrema, la tensión entre la tradición y la modernidad.

Los grandes rascacielos, aunque en un principio no se complementan con la ciudad en la cual se insertan, se acaban convirtiendo en iconos, y la ciudad empieza a reconocerse a través de sus elevados edificios en todas las guías turísticas. Abandona definitivamente la escala humana, y se deshumaniza.

2 El sujeto del NO-Lugar: el inhabitante
Al inhabitante (9) es difícil ubicarle, ya que casi siempre, se encuentra en tránsito. La sobremodernidad ha convertido en nómadas a sus hijos, y ya no moran allí donde se encuentran, ya que siempre están en movimiento, desplazándose hacia otro “No Lugar”, en una nihilista búsqueda de la felicidad prometida.

El modelo de vida normalizada propuesto a este sujeto, se asienta sobre tres ejes: Vivienda en zona residencial, trabajo en un parque empresarial bien comunicado por grandes vías de comunicación y ocio vinculado al consumo en el centro comercial. La dificultad de la modernidad para definir espacios públicos en las ciudades producidas industrialmente, tiene como consecuencia la perdida de su inteligibilidad como un “Lugar” habitado por una colectividad, y la imposibilidad de que se plasmen valores colectivos en su configuración. Es el sitio perfecto para que se desarrolle el individuo sin tiempo, aislado e individualista postulado por el sistema Capitalista, que es aquél derivado de un lenguaje político únicamente centrado en la preservación de las libertades individuales, necesarias para legitimar sobre todo, el derecho al consumo ilimitado. La ciudad se convierte así en una trampa donde la dimensión hospitalaria de lo gratuito es marginal o inexistente.

El “Inhabitante” considera a la ciudad como un mal necesario y desconfía de ella lanzando miradas furtivas y huidizas, a sus vecinos. La ciudad no tiene nada que ver con su intimidad, y se comporta ante ella como un espectador pasivo. La casa se cierra hacia sus usos interiores y sus puertas se blindan como un acto de defensa respecto al espacio público que representa la calle. La tristeza que exhiben estas grandes extensiones urbanísticas tiene que ver con un modo de ser de la ciudad que es despreciable, hasta para el que las habita.

El “Inhabitante” se relaciona de forma pseudo-comunitaria, con sus vecinos, a través de la gran superficie comercial. Las grandes marcas comerciales se han apropiado del vacío de lo público, dejado por este tipo de urbanismo, y han diseñado zonas comerciales inmensas, que reproducen ficciones de entramados urbanos de calles y plazas, para acompañar el simulacro de exótico paseo que realiza el ocioso consumidor. Muere el pequeño comercio en los céntricos cascos, y la actividad comercial se desplaza al ambiente techado y periférico del centro comercial. Lo público se privatiza y se convierte en zona de consumo.

En todo caso, el “Inhabitante” está íntimamente ligado al sitio, a través de una relación fantasmal. Su casa es una mercancía que se revaloriza, y cuya estructura material solo será reformada, si con los cambios se prevé un mayor valor de intercambio. Su talante huraño e hiper-moderno le delataría como ser marginal en cualquier pequeña ciudad mediterránea viva. Pero aquí, en su chalet con piscina y césped artificial, o en el lujoso apartamento de la planta sesenta y ocho de cualquier rascacielos, ha encontrado su sitio. Su capacidad de compra le asegura una relación normalizada con el entorno, y por lo tanto, satisfactoria.

Estas condiciones de aislamiento son precisamente aquellas, que permiten la paz social por incapacidad de reunión y focalización a la producción. Están en el origen de la soledad derivada de esta nueva forma de masificación urbana. Marc Augé, considera que la sensación de exotismo que experimenta un turista procedente de este tipo de urbes, al visitar determinadas culturas, no es más que un cierto extrañamiento al percibir ausencia de “No Lugares (10)".

El modo de vida que fija el proceso de urbanización capitalista del mundo, es tan irreversible como la propia urbanización.


3 Pérdidas comunes
La planificación de los usos del territorio, en base a intereses que no tienen nada que ver con las formas de vida que ya se desarrollan allí, es una acto de aplastamiento de lo que hay y de sobredeterminación, de lo que venga. Una vez que la ciudad es transformada físicamente a través de una ordenación urbanística de nuevo corte, el proceso se vuelve irreversible. La sobremodernidad se implanta en el “Lugar”, y lo vacía. Se percibe automáticamente en el nuevo y cuadriculado espacio urbano el reflejo de la voluntad de poder de los que aspiran a imponer a toda la globalidad, un único estilo de vida coincidente con aquel que está presente en sus transnacionales campañas publicitarias.

La metástasis de copias de modelos urbanísticos y arquitectónicos idénticos, que atraviesan todo tipo de entornos diferenciales, esconden un intento de homogeneización en beneficio de un sistema económico y de poder, que lucha por apropiarse de cualquier dimensión mercantilizable de la realidad. La “Desruralización del mundo” ya sea por el efecto de la urbanización del campo, ó por el efecto de las migraciones del campo a la ciudad, es el síntoma de una apuesta por un “Totalitarismo económico industrial y global” que desea ansiosamente, la hegemonía total. En este sentido, el territorio se conforma como superficie de inscripción donde la planificación urbanística y la arquitectura, relatarán la historia de los que construyen. La de la imposición de un modelo que estratégicamente impide, desde la propia materia, la posibilidad de que alguna vez se pueda dar otro paradigma.

El no reconocimiento por parte de la sociedad civil, ebria de modernidad, de la enorme importancia que está teniendo la destrucción indiscriminada de nuestros “Lugares” históricos y comunes, es un hecho que pone de relieve hasta que punto el aparato propagandístico desplegado, está siendo eficaz en su objetivo de deshumanización del mundo. Deshumanización en el sentido que llamaría Kant “la insociable sociabilidad”; aquella sociabilidad de los que viven juntos, pero cada uno para si mismo.
Bibliografía
- Deyan Sudjic, La arquitectura del Poder, Ariel, 2007
- Varios, V Encuentro de la arquitectura mediterranea, Publicaciones DGM, 2002
- Marc Augé, Los no lugares, Gedisa, 1992
- Marc Augé, El oficio de antropologo, Gedisa, 2007
- Marc Augé, Porqué vivimos, Gedisa, 2004

1. Según la ONU en un informe reciente, cerca del 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades o áreas urbanas en 2050, comparado con el 49 por ciento que lo hace en 2010.

2. La ciudad desparramada ó difusa, de tipo anglosajón, es una ciudad sin límites, que se difumina ocupando un área muy extensa de territorio. Con alto impacto en consumo del suelo, de energía y materiales, las complejas redes de transporte de alta capacidad, articulan el conjunto.


3. La alienación o enajenación es el fenómeno de suprimir la personalidad, desposeer al individuo de su personalidad o deshacer la personalidad del individuo, controlando y anulando su libre albedrío, para hacer a la persona dependiente de lo dictado por otra persona u organización. El alienado permanece dentro de sí, ensimismado por su desorientación social. Directamente relacionado con la manipulación social, la aniquilación cultural, la dominación política y la opresión de la persona o colectivo alienado.

4. La sobremodernidad (del francés surmodernité) o, según el autor, hipermodernidad (del francés hypermodernité) es un concepto acuñado por el antropólogo francés Marc Augé para referirse a la aceleración de todos los factores constitutivos de la modernidad, del siglo XVIII y XIX. En la sobremodernidad, se tiene una relación nueva con los espacios del planeta, y una individualización nueva. También se conocen tantos acontecimientos a través de la televisión, y de los medios de información en general, que tenemos la sensación de estar dentro de la Historia sin poder controlarla. Es decir, se desarrolla a la vez una ideología del presente –porque el pasado se va muy rápidamente y el futuro no se imagina-, y este presente está siempre cambiando.

5. El término matema designa un concepto introducido en 1971 por Jacques Lacan para denominar el tipo de formalización con la que algunos conceptos psicoanalíticos centrales podrían ser descritos a través de una notación algebraica. Se trata de fórmulas que representan de manera simbólica los términos de una estructura y las relaciones de sus componentes entre sí.

6. Vocablo inglés que designa en origen, barrios construidos en el siglo XIX en Inglaterra, compuestos por barracas insalubres, sin aireación, donde se hacinaban los obreros, sólo para dormir, ya que por el día no salían de la fábrica. El obrero es utilizado como una herramienta y la barraca-casa es el almacén donde se le deja por la noche para volverle a usar al día siguiente. Aquí las “casas” se distribuyen en alienaciones formando cuadrículas perfectas, pero no porque esa distribución responda a razones lógicas de defensa, como en los campamentos romanos, de eficacia administrativa, como en los trazados coloniales españoles en América, o de estética, como en los trazados helenísticos, sino por razones puramente económicas, ya que así los terrenos parcelados son aprovechados al máximo. Es una cuestión que favorece a los negociantes, parecida a la que hoy mueve a los especuladores a la creación de zonas de descanso en las zonas periféricas de las grandes ciudades.

7. El pladur es uno de los materiales más utilizados en la tabiquería de nueva construcción. Está compuesto por dos hojas de cartón que a modo de sandwich rodean un interior de yeso. Respecto a un muro tradicional de ladrillo, su principal ventaja, es la rapidez de construcción.

8. El acoso ó Mobbing inmobiliario, puede definirse como prácticas antisociales basadas en el acoso y abuso para forzar que alguien se vaya de su casa, independientemente de que ésta sea propia o arrendada.

9. Es un término de Joseph Quetglas que representa una interpretación del verdadero significado del individuo moderno. Un sujeto abstracto, el productor y el producto del trabajo abstracto, la persona de la sociedad del capital, el individuo moderno: Nosotros. El inhabitante de ese mundo moderno, un mundo inhóspito, inhospitalario, en donde las cosas que hay a nuestro alrededor no nos acogen, no permiten que vayamos hacia ellas para apoyarnos.


10. En términos del autor Marc Augé, “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad, ni como espacio relacional, ni como histórico, definirá un No Lugar”. “La sobremodernidad es productora de No Lugares, es decir, de espacios que no son lugares antropológicos y que, no integran los lugares antiguos: lugares de memoria”.

domingo, 23 de mayo de 2010

De la imposibilidad física de la política en la mente de un liberal (vivo) y de la existencia de la izquierda en el acuario de los tiburones.

por Andrés Martínez - "El Faro Crítico"
Para empezar propondré una simple premisa, la definición que hace Carl Schmitt de democracia liberal. El jurista alemán caracteriza dicho régimen político como aquel sistema en que se logra la neutralización de lo político mediante su fragmentación. Si la política tiene su origen en la distinción amigo-enemigo, y su referente son las variables intensidades de la guerra (a), la democracia liberal buscaría su negación en la asignación de las diferencias al ámbito privado como forma de desactivar posibles conflictos. De esta forma promueve una supuesta pero muy celebrada pluralidad resultado de suavizar los perfiles más afilados de las propuestas en litigio que necesariamente se dan en una comunidad. Se logra una cierta paz provisional, pues previsiblemente lo único que se hace es postergar los choques, a cambio de una banalización de los principios que conforman las posturas. Así, la derrota parcial de cada una de la partes tiene la contraprestación de que ninguna de las opuestas logra un éxito total. Tenemos entonces que, la cuota de entrada al club de la tolerancia democrática exige el precio de la atenuación de las propias posiciones a cambio del desarme del resto de los oponentes. Esta devaluación de los modos de vida puede ser celebrada como la victoria de todos en la que nadie gana. Desde el punto de vista de sus defensores se trataría de una negociación a gran escala en la que la desactivación de las posiciones afectaría teóricamente a todas las opciones políticas por igual, ya que los eventuales contendientes renuncian a la vez a planteamientos y demandas maximalistas. Sin embargo late en su seno un trasfondo de insatisfacción para todas las partes, pues la comunidad se crea de negar de lo que constituye la propia identidad de cada uno de los individuos y grupos que la componen (b). La democracia liberal es la forma de gobierno por la que triunfa el ‘polemos’ como forma de gobierno mediante una escenificación / representación que es su desactivación simultánea; o la superación de los conflictos mediante el procedimiento voluntarista de su abolición sistemática por decreto. ¿Es concebible situación más tensa por insatisfacción acumulada?

Pese a ello, los regímenes democráticos extraen de esta inestable situación una pretensión de ufana totalidad. Se conciben como espacios contenedores neutros que dan cabida todas las posibles posturas legítimas. Expresado de otra forma, afirman, en su inclusividad, colmar hasta el horizonte, el territorio de lo políticamente admisible, de tal forma que no cabe exterioridad a su tolerante dominio. Cualquiera que quiera situarse en las afueras o en sus márgenes se coloca en una situación de alteridad incívica, enferma, culpable… o terrorista. Se da entonces una curiosa paradoja: si la crítica supone dar un paso atrás, un ponerse en un lugar a distancia para poder enjuiciar una situación, entonces una toma de posición externa al orden de las cosas como la que, verbigracia, adopto en este texto es, desde las coordenadas liberales, inmediatamente interpretable como antidemocrática o totalitaria. La fidelidad a una verdad subjetiva que aspire a su universalización propia del militante / partisano, la pasión política es prohibida por la democracia liberal. Es decir, el pronunciamiento que genera contenido político es excluido automáticamente por la regla formal de la sociedad abierta. Esta pretendidamente acogedora, pero a fin de cuentas falsa, tolerancia tiene un coste: el intercambio con una autentica diferencia se bloquea y produce el consiguiente cierre al pensamiento, amputando la vitalidad del propio sistema. En el dominio resultante de sumar las geografías de lo políticamente correcto y, su periferia aledaña, lo políticamente tolerable, se ejerce una operación de ocultamiento de las contradicciones o incluso de su negación sistemática. Ideológicamente su operación emblemática sería declarar la diferencia izquierda / derecha abolida, derivando los temas que deberían centrar el debate publico a operaciones en el imaginario social o discusiones técnicas. Por tanto, el mecanismo de la democracia giraría en torno a un punto ciego...la negación de la política. En la española disponemos de numerosos ejemplos: de cómo nuestro Estado autonómico es un resultado de un aplazamiento del enfrentamiento entre una concepción del país centralista o regionalista; de un cierre en falso de la Dictadura Franquista que todavía se pasean los espectros de la Guerra Civil; o el impasse de impotencia en que han caído los políticos en funciones frente a la actual crisis económica. Este último caso nos lleva al corazón mismo de lo que esta amnesia deliberada pretende ignorar.

No se trata de lo que la democracia liberal vigente deja fuera como indigno de consideración o de lo que no quiere tratar por su potencial capacidad explosiva, sino de lo que no puede ser discutido por constituir su verdadero núcleo: la propiedad privada. Valor supremo indiscutible, es el tabú, lo intangible, el molde que informa la libertad de los propios individuos. En efecto, la definición de democracia como fragmentación de la comunidad política responde a un paradigma de propiedad sobre uno mismo y sus opiniones (c). De este modo estas se viven como pertenencias exclusivas en la esfera de lo privado. Una medida profiláctica para evitar que los modos de vida se proyecten con su potencial virulencia hacia la arena de la res pública. La comunidad de todos es la de nadie: se permiten todas las manifestaciones, pues ninguna puede ser expresada como autentico proyecto político. La condición para hacer uso de la tan cacareada libertad de expresión es la falta absoluta de seriedad. Que el poder permita el debate político solo es bajo la condición de no hablar de política ni del poder. Así, toda la pasión de la política queda transferida al único flujo real: el del dinero. La abstracta fantasmagoría de la actividad económica es el único campo donde se juega algo y ni esta esfera, ni las reglas que la rigen pueden ser sometidas a discusión. En cambio nuestra vida, nuestro tiempo y nuestros principios son mercancías comercializables que flotan en esta almoneda, cuestionadas por su cotización a la baja… el plano de lo político está contenido dentro del mercado y todo lo que en el mercado se encuentra son mercancías. Desde este punto de vista la corrupción de la clase política no sería una excepción, pues responde a la regla del comercio: cada uno debe vender lo que posee...

Se da entonces que la política es rehén de la economía, una esfera dependiente del trafico de capitales, con el agravante de que las autoridades políticas sufren el síndrome de Estocolmo. Pruebas de este aserto pueden ser encontradas en abundancia. Basta con echar un vistazo la manifiesta incapacidad de nuestros gobiernos para atender con mínima eficacia las necesidades materiales que constituyen la justificación del sistema democrático. Tras una grave crisis provocada por malas practicas (un eufemismo) financieras y en ultima instancia debidas a treinta años de desregulación sistemática, proceden al reacomodo de sus gobernados a la situación. Ni pasa por sus cabezas reformular seriamente las reglas del juego económico, o al menos hacerlo seriamente, ni siquiera limitar tímidamente los movimientos del capital que a pasos cada vez más rápidos van minando su capacidad de actuación... tampoco podrían. Uno de los aspectos positivos del momento que atravesamos es el desvelamiento de la inanidad de las democracias actuales. Tampoco es que consuele demasiado.

Por supuesto, la izquierda convencional que cabe en este estado de las cosas, no es, evidentemente, la revolucionaria. Si ocurre que la economía engloba a la política que pasa a ser un momento subordinado a la primera y así deja fuera cualquier planteamiento que no haga del individuo una función mercantil: mano de obra o consumidor. Aceptando estas premisas no hay discusión posible sobre política, pues las precisamente aquello que condiciona nuestros modos de vida queda más allá del ámbito de discusión (d)… y la izquierda se convierte en prisionera de la gestión de las necesidades sin salida posible. Este es un debate que ya se mantuvo en la época de la Segunda Internacional. Los que esperaban producir transformaciones radicales de la sociedad condenaron a la socialdemocracia como una postura que se conformaba con calderilla y postergaba la consecución de sus verdaderos objetivos ‘sine die’. Renunciando a dirigir los ataques de forma radical a los fundamentos del dominio del capitalismo y a la construcción de una sociedad libre, lo más que pudieron conseguir fueron algunas comodidades materiales. Por supuesto, no son despreciables pues somos frágiles criaturas corporales con necesidades físicas, pero tales logros como el tiempo ha demostrado, son cesiones reversibles, que ha entregado un poder sin menoscabo. Los herederos actuales de tal claudicación ya ni siquiera merecen su antigua denominación: sus críticos les conocemos como social-liberales y en dicho termino la parte de sociales es un autentico ejercicio de caridad. Les ha tocado en gracia una misión imposible: hacer compatible el estado del bienestar con la ley del mercado… Puede que la cuadratura del círculo no sea imposible, pero en dos mil quinientos años nadie la ha encontrado. El resultado es que son los testigos, más bien mudos de la demolición a cámara lenta de los beneficios que nos proporcionaba el mundo Occidental.

En paralelo, los sindicatos del mundo desarrollado se dedican a gestionan que la recuperación de la renta cedida por el capitalismo en la época en que tuvo a los regímenes comunistas como alternativa, sea lo menos traumática posible. Social-liberales y sindicatos han asumido principios contrarios a su propia naturaleza y han quedado paralizados por el cortocircuito. Tendría cierta poesía su maldición si no fuésemos nosotros quienes debemos que sufrirla. No merece dedicar más tiempo a la izquierda organizada en partidos y organizaciones sindicales que revolotean en torno a un poder que no pueden ni quieren ejercer. Cabe desear que tan sólo fuesen inocuos.

En tal situación de imposibilidad de incidir sobre el curso de la situación creo que la fragmentación de los movimientos alternativos de izquierda es un error mayúsculo. Si bien, el problema es global y evidentemente la solución, local, los planteamientos de la izquierda radical no llegan a tocarse con el corazón de los problemas que nos aquejan sino que se distraen con sus síntomas.

En primer lugar y como se deriva con bastante facilidad de lo escrito más arriba, la atomización de la izquierda alternativa responde al modelo de fragmentación inconexa de grupos e individuos, que impone el capitalismo como modelo de convivencia. Ante una cultura liberal basada en una anomia abstracta, en la que las diferencias han sido reducidas a mercancía, se da un movimiento de compensación mediante la formación de pseudo-comunidades (d) que rellenen el vacío. La gente busca la protección del sentimiento de pertenencia a colectividades que proporcionen resguardo del gélido ambiente que impera en el mercado. Se pone en marcha entonces, un juego de impostación de identidades grupales que se convierte en el centro de las vidas individuales como posibilidad de relación real. La exacerbación de los pequeños narcisismos como lo étnico, lo regional o lo nacional, la religión o cualquier otra subcultura de elección se une al ‘panem et circenses’ para adquirir una dimensión vital ... o de otra forma, las propiedades privadas de los individuos que intentan escapar a la segregación, reuniéndose en torno a un hobby como punto de encuentro. En esta dinámica podría verse una materialización del ‘principio de Eros’ (e), un posible núcleo de comunidad. Sin embargo todo ello se da dentro de la lógica del Espectáculo: la transferencia de la decisión al plano de la representación. De ahí se genera entonces un negocio, muy rentable, que consiste en proporcionar complementos para la exhibición del propio egotismo para relacionarse a los que sufren la misma enfermedad. Se trata de una evasión tanto de la constitución de una comunidad plena como de la misma posibilidad de actuar en su entorno social. Es decir, al ser proyectados los conflictos políticos en lo cultural los colectivos carecen de proyección social fáctica, a no ser que la moda se confunda con lo político. Pese a tener una orientación política los grupos radicales de izquierda se están vertebrando de forma similar a la descrita más arriba en torno a temas como raza, religión, sexualidad o genero (aunque no sea el caso del ecologismo), y actúan sobre bases análogas a las tribus de la Sociedad del Espectáculo. Hay una dependencia excesiva de la cuestión identitaria, que es resoluble en términos de representatividad. De esta forma las reclamaciones en torno a un hecho diferencial desembocan en debates formulados en los términos que apetece la democracia liberal: discusiones en las que esta jamás es puesta en tela de juicio... E incluso, su énfasis en lo particular genera modelos que pueden ser incorporados al catalogo de modas exhibidas por el liberalismo como demostración de libertad. En resumen, la configuración actual de las pequeñas izquierdas es fragmentaria a imagen y semejanza del sistema al que dicen oponerse, le sirven de propaganda y pierden de vista un proyecto que pueda reunirnos en una autentica comunidad. De hecho, funcionan de forma completamente inversa a la que desearían, al proporcionar modelos e ideas comercializables como mera cosmética (de la cual, probablemente, ellos son las primeras victimas).

En lo que se refiere a la estrategia no se dirigen a un fin verdaderamente político que, en mi opinión, consiste en la búsqueda de lo común: aquello que junta y multiplica, lo que aumenta la potencia de los modos de vida. Es más, traicionan el espíritu propositivo de la política al limitarse a hacer valer tan solo su condición de víctimas. No caminan en una dirección afirmativa sino que se reducen a un movimiento de reacción, meramente negativo. Tan solo esgrimen demandas parciales que deben ser recicladas por el sistema… se conforman con un subsidio, una indemnización, una reforma o algo de visibilidad.

Por motivos tácticos… Puede que las responsabilidades sobre lo que ocurre en el mundo sean absolutamente difusas y no dependan de la voluntad de ningún doctor Mabuse. Incluso puede ser que los que nos quejamos o estamos en contra, de algún modo seamos cómplices. No me interesa buscar culpables, pero lo cierto es que en sus efectos, el capitalismo actúa con una unidad coherente, plena de sentido y con una eficacia – la política es praxis, luego efecto logrado de voluntades y si no, no es política sino sueños - que sería deseable para estos grupos opositores de izquierda. En su lógica de crisis permanente puede extraer beneficio de todo lo que arruina. Vende armas para destruir un país y luego los medios para reconstruirlo. Algún tipo avispado puede llamar a esto deconstrucción. En todo caso, llegados al punto ofrecer resistencia, ninguno de los frentes de oposición parcial es capaz de detener un ápice los procesos de transformación que convierten la destrucción del mundo y de la sociedad en dinero contante y sonante. No pide nada para la colectividad, es decir al limitar sus demandas a casos particulares no llegan a constituirse en puntos que nos podrían reunir.


(a) En ‘Introducción a la guerra civil’, Tiqqun define esta como el libre juego de las distintas formas-de-vida… dentro de las capacidades naturales de un cuerpo esta el ejercicio de la violencia. Al contrario de lo que pretende Hobbes tras la fundación de la sociedad, ningún cuerpo es nunca desarmado definitivamente (Spinoza)… aunque bajo el imperio del biopoder no estemos lejos de quedar definitivamente inermes. Un recomendable ejemplo de una situación de pacifismo límite se describe en la muy recomendable novela de Bernard Wolfe, ‘Limbo’.

(b) En algunos casos, lo que vale para el individuo también sirve para el colectivo. La identidad tiene un funcionamiento similar al del signo lingüístico: surge en red por oposición frente a otros signos. La histérica carrera que se vive en la actualidad por constituir personalidades bien individualizadas mediante ‘gadgets’ o complementos que gentilmente suministra el mercado, puede ser explicada como la proyección de este déficit político llamado democracia liberal a la esfera de la vida personal.

(c) Aquí surge la cuestión del Derecho y los derechos. La regla abstracta que otorga todos los miembros de una sociedad una hipotética potencialidad que no se cumple y la exigencia patética de llenarla de contenidos. El estado de derecho es aquel lugar en el que la proclamación de la posibilidad es la suturación de su realización en la representatividad.

(d) Pues son vicarias, ocasionales.

(e) En el malestar en la cultura Freud opone dos principios, uno agregador, el erótico, que impulsa lo comunitario y otro de muerte, simétrico opuesto.

(f) Una posible definición de política: la creación de exterioridades inmanentes que posibiliten un aumento de la potencia de los cuerpos. Si hay una correlación entre ética y política, una buena praxis de la comunidad debería generar una ampliación de los horizontes vitales. Compárese con la actual situación en la que la sensación de cierre, de callejón sin salida es dominante en el lado del mundo donde se supone que puede elegir.

viernes, 30 de octubre de 2009

Política y Decrecimiento

por JOSE LUIS MANCHÓN - "El Faro Crítico"

Despacito, Despacito...Europa es un pésimo lugar para intentar hacer política. Uno de los principales objetivos de esta actividad humana, es poder influir en el poder ó llegar a ocuparlo, para desde allí, promover la modificación sustancial de realidades en todo tipo de ámbitos; pero el poder político por estas latitudes está tomado por el “Capital”.

La configuración de la “Comunidad Económica Europea” como una asociación de países donde se “blinda” la posibilidad de modificación del sistema económico, no permite la posibilidad de un cambio sustancial en el estado actual de las cosas. Europa, por lo tanto, guarda servidumbre a las leyes del mercado y a las decisiones adoptadas por los consejos de administración de las grandes compañías transnacionales. Consejos integrados por personas que no han sido elegidas democráticamente, y que por supuesto, no tienen entre sus objetivos la búsqueda del “Interés general”.

En nuestras sociedades europeas llamadas “De Consumo”, la imposibilidad de poner en cuestión de una forma radical el funcionamiento del sistema económico como parte significativa del horizonte de actuación política, castra y desanima a las corrientes ideológicas que buscan invertir el funcionamiento de la superestructura. El mensaje lanzado es claro, se podrá elegir “democráticamente” en cualquier estado socio a gobernantes de cualquier ideología más o menos considerada “decente”, pero estos, una vez elegidos, estarán obligados a no intervenir en la configuración y el funcionamiento del sistema económico. Gobiernos de derechas e izquierdas en Europa, tendrán siempre mucho en común; la defensa obligada del libre albedrío del sistema capitalista de libre mercado.

El elector, gran conocedor a través de la propaganda de este escenario cercado, no se decantará por proyectos políticos que precisamente por cuestionar el modelo económico, puedan ser objeto de aislamiento. El voto útil y la consecuente tendencia al bipartidismo, es la máxima expresión de la corrupción intelectual generalizada de los votantes de nuestras democracias.

Ante esta situación, el estado de confusión de la “masa” es tal, que ha dejado de percibir las violaciones constitucionales. Un caso muy reciente y muy claro es el español y tiene que ver con el indiferentismo general con el cual ha vivido la mayoría de la población, la usurpación del derecho a una vivienda digna, que ampara la constitución española como derecho fundamental, y cuya violación está directamente relacionada con la especulación del suelo que ha sido promovida por las propias administraciones públicas.

Por si no fuera suficiente, las campañas publicitarias alentadas por “Lobbys” empresariales, consiguen generar estados de opinión donde subyacen criterios mercantiles, que permiten dirigir el voto en una dirección beneficiosa para el sector productivo representado. Mientras tanto, estos mismos “Lobbys” financian partidos políticos con posibilidades de llegar al poder.

Nuestros representantes políticos, una vez otorgado el poder a través de la consumación del habitual engaño mediático masivo de las elecciones, pagarán las deudas pendientes con los grupos empresariales con tratos de favor. También contraerán otras deudas de tipo financiero, o venderán al mejor postor el patrimonio público, para intentar cumplir el exagerado programa electoral con el cual se habrán comprometido con el ciudadano. Programa electoral que habrá sido diseñado con la colaboración de una empresa de “Marketing y Relaciones Públicas”. El objetivo de acción del político no será en primera instancia, satisfacer el compromiso adquirido con el ciudadano y trabajar por el interés general, sino más bien, satisfacer los requisitos necesarios para ganar las próximas elecciones. Es el poder en si mismo lo que se ansía; un poder que ocupará gran parte del tiempo en la toma de decisiones en el ámbito puramente económico.

Tenemos ante nosotros una dimensión económica, la “Capitalista”, que es un hilo transversal a los estados y las ideologías oficiales, casi atemporal, que se convierte en criterio. El criterio de maximización del beneficio económico, es uno de los principios que más intensamente rige nuestras vidas y el de nuestras sociedades. Para verificar esta afirmación, solo tenemos que comprobar como actualmente la salud de un país se mide a través del crecimiento anual del “Producto Interior Bruto (PIB)”, ó pararnos a observar las múltiples escenas en las cuales nuestros máximos representantes políticos, elegidos democráticamente por millones de personas, sucumben a las peticiones abusivas de los dirigentes de las grandes compañías, ante la amenaza de la deslocalización o el cierre, ó como después de abandonar la carrera política, estos mismos servidores públicos se incorporan a los órganos de decisión de las grandes empresas, con el objetivo claro de poder incidir directamente en las decisiones del aparato público. Es prácticamente imposible delimitar un ámbito en la política de los grandes partidos, donde los intereses del “Capital” no estén representados.

El crecimiento exponencial del desencanto y la decepción del votante de izquierdas en Europa, tiene mucho que ver con lo expuesto anteriormente, ya que las enormes contradicciones en las que se incurren al poner en práctica un equilibrio imposible entre la gestión ideológica de izquierdas, la necesidad de financiación externa y el respeto impoluto al inamovible sistema económico Capitalista, son de una crudeza repugnante e insoportables para un ciudadano minimamente informado.

Con los acontecimientos que se han sucedido después del crack financiero de octubre de 2007, la situación se ha pervertido aún más. Los Estados, lejos de aprovechar la oportunidad para recuperar el protagonismo perdido en la época del liberalismo-libertino, se han lanzado a dilapidar sus propios recursos. Han asumido un riesgo aún sin cuantificar, a través de operaciones de rescate al sistema financiero, con el objetivo de reanimar a un sistema económico que siempre había considerado al sector público como un estorbo para sus pretensiones. Tenemos, por lo tanto, a un sector privado muy amplio de la economía, exhausto por su propia codicia, pero seguro de su supervivencia.

Ante la apuesta incondicional de los estados por revertir la situación de recesión apoyando a los máximos responsables de la misma, para así poder volver a la senda del crecimiento ilimitado a golpe de burbuja especulativa, existe una pequeña parte de la ciudadanía que comienza a organizarse más allá de la política tradicional de los grandes partidos. El objetivo es fundar un contenedor social diferente al actual, en el cual puedan empezar a integrarse individuos que puedan crear comunidades para la vida en común utilizando otros criterios. No es una fuga derrotista ante la imposibilidad de influir notoriamente en el corto plazo en el orden global actual, sino más bien, es una apuesta revolucionaria y por lo tanto, no reformista, que busca conformar un nuevo orden político y económico, apostando por un nuevo comienzo y con el foco puesto en lo “Local”. Un nuevo orden que se agazapará y esperará pacientemente hasta que adquiera vigencia como alternativa, cuando el colapso se adueñe finalmente de las sociedades capitalistas. Un colapso que irremediablemente ocurrirá por la imposibilidad lógica de que se cumpla la máxima sobre la cual se asienta el “Capitalismo”: Crecer ilimitadamente en base a recursos que no lo son.

¿Que es el Decrecimiento?

Si ya ha quedado claro que la economía juega un papel central en la configuración de las sociedades actuales en Europa, la primera pregunta que habría que responder es, ¿Que otro sistema económico alternativo al “Crecimiento Ilimitado Capitalista” podría reemplazarlo?

“Decrecimiento limitado anticapitalista” es el nombre completo, de un sistema económico, que no es nuevo y que viene siendo reivindicado desde hace algunos años, sobre todo por el movimiento ecologista. Que sea lingüísticamente el concepto contrario tiene consecuencias lógicas, ya que lo que persigue es revertir una situación. Podríamos hacer un análisis resumido a través del desglose conceptual.

· Decrecimiento: Primeramente, a través del reconocimiento del suicidio colectivo que implica para cualquier comunidad, consumir por encima de la capacidad de regeneración del ecosistema en el que vive, el primer objetivo sería un retorno a los parámetros que permitan esa regeneración. El sistema capitalista, al ser global, delimita un ecosistema de actuación planetario en el cual está inmerso todo lo vivo y lo inerte, y por lo tanto, toda la humanidad. Lo individual y lo local forman parte de este conjunto global, y por lo tanto cualquier acción en estos ámbitos tendrá su impacto en la totalidad.

· Limitado: Por otra parte, y a diferencia del sistema capitalista, no se olvidan los límites al reconocer que el decrecimiento no puede ser ilimitado. Existe un mínimo de consumo necesario para que los miembros de una supuesta comunidad cubran sus necesidades y gocen de salud.

· Anticapitalista: Por último, existe un objetivo de búsqueda de debilitamiento del “Capital” a través de la destrucción de la dualidad “Recurso laboral – Consumidor“ que actualmente configura al habitante de una sociedad de consumo. El objetivo sería convertirse en individuos estériles para el “Capital”.

Si el Capitalismo funciona. ¿Porqué decrecer?

Existen muchas motivaciones para buscar el cambio. Asistimos a una catástrofe ambiental sin precedentes en la historia del planeta que se ha acelerado en las últimas décadas. Catástrofe que ha sido posible gracias a la puesta a disposición de la codicia del “Capital”, toda la potencia de la “Técnica” para la explotación de cantidades ingentes de recursos naturales acumulados durante millones de años.

Por otra parte, la perdida de libertad en nuestras sociedades es cada vez mayor. Los automatismos que se están implantando en todas las esferas de la actividad humana, han conseguido crear tal cantidad de falsas necesidades y falsas seguridades, que el individuo ha perdido su capacidad de “Autarquía”, y la inseguridad y el miedo se han apoderado del individuo.

También, la insatisfacción es un sentimiento que se ha instalado en las sociedades de consumo después de que un vacío infinito haya abierto hueco en la individualidad exacerbada del europeo. Tras la muerte de Dios, el ser humano en occidente se ha lanzado a consumir ansiosamente como forma de rellenar este vacío imposible de colmatar. La conclusión después de décadas apostando por este modelo de hiper-consumo ilimitado, es que no satisface, ya que consumir deja de tener sentido a partir de cierto umbral. Comprobar estadísticamente que la primera causa de consulta médica en Europa es la ansiedad, reafirma esta hipótesis. La gente expresa, a través del consumo de antidepresivos y ansiolíticos, carencias en su existencia, y aunque aún no están preparados para dejar de perseguir en su lucha diaria, la representación del éxito que la “Propaganda” exhibe a cada momento a través de las campañas publicitarias, se empieza a mirar con melancolía hacia aquellas cosas perdidas en el camino del “Progreso” ilimitado.

Las sociedades de consumo, en su conjunto, no están preparadas para “Decrecer”, ya que necesitan la plusvalía para seguir siendo lo que son; pero los individuos, cada vez dudan más sobre la conveniencia de su esclavitud materialista. Sienten que les falta algo, que han perdido la capacidad de goce; están en la antesala para que se pongan a buscar.

Deconstrucción

“Decrecer” es, antes que nada, “Deconstruir”. El concepto “Decrecimiento” es un concepto generalmente desagradable para los miembros de nuestra sociedad, ya que hemos paralelizado en nuestro imaginario colectivo “Crecimiento y Prosperidad”, “Mas y Mejor”, “Prosperidad económica y Felicidad”, “Decrecimiento ó Estancamiento, con Fracaso, Pobreza y Subdesarrollo”. Invertir estos valores para que el “Ser” margine en importancia al “Tener” y se produzca una revalorización de los aspectos no cuantitativos-productivos de las personas, es uno de los grandes objetivos del movimiento “Decre”. Por lo tanto, aunque la palabra “Decrecimiento” en una primera instancia, referencia al racionamiento en el consumo de recursos materiales, asumir este modelo implica también “Deconstrucción cultural”, ya que habrá que tumbar muchos mitos como los citados, que por ser realizados, son transparentes a nuestra conciencia crítica.

Decrecer implica también “Menos pero mejor”; en esa transición hacia el “Menos”, crece en porcentaje la importancia del sujeto, que se reconoce a si mismo como suelo firme, y desecha lo accesorio. El sujeto deconstruye y se da cuenta que la verdadera riqueza es existencia y es inherente a quien la tiene. Desde este punto de vista, es esa la riqueza por la que realmente merece la pena luchar, y tiene que ver básicamente con afirmar un “Modo de ser”, que se difumina conforme está más cargado de bienes.

Aquellos que ya hemos comprendido que el límite con el que topará el proceso “Capitalista” es el de la “Aniquilación”, hemos vencido el miedo a la perdida de las falsas seguridades que nos brinda y nos enfrentamos al cambio desde la perspectiva de los que tienen poco o nada que perder. El miedo es el obstáculo que una vez saltado, te permite libertad de acción, y te hace inmune a la tiranía del gigante que ejerce su poder a través del terror. Arriesgar todas tus fuerzas por no caer en el “Indiferentismo” ante esta coacción, implica apostar por un “modo de ser” singular; lo contrario significa existir sin más. Se trata, en definitiva, de conquistar una libertad que será utilizada para zambullirse en la confortable, que no cómoda, soledad del que se retira a una zona paralela, del que se agazapa esperando a irrumpir, del que cuestiona radicalmente las “buenas costumbres” de su sociedad pero que no cae en la indiferencia respecto al sufrimiento que se produce en el lugar que abandona. Una zona continua, que transpira a través de una fina membrana y que por lo tanto es permeable, porque reconoce la ignorante inocencia del que todavía no ha comprendido que su proyecto vital en el seno del “Capitalismo” es instrumentalizado todos los días.

Decrecer es decir “No” al sistema esclavista más refinado que posiblemente haya conocido la historia de la humanidad. Un sistema en el cual los individuos se ofrecen ansiosamente a la superestructura como mercancía para que esta haga de ellos “Hombres de provecho”, “Hombres instrumento”, o dicho de otra forma, “Recursos Humanos”. Exigen y luchan por su esclavismo, a cambio de poder echarse a dormir.

La comunidad “Decre”

Una comunidad “Decre” es un conjunto de individuos organizados que a través de la “Autogestión” buscan una “Autosuficiencia” que pueda ser sostenida indefinidamente en el tiempo, respecto al contexto físico en el cual se ubica. La consumación del decrecimiento es el “Estancamiento”. Sería una situación de crecimiento económico cero donde se produce un control efectivo por parte de la comunidad sobre los recursos.

Una comunidad “Decre” es una comunidad que se posiciona en el mundo utilizando criterios de “Necesidad”. Defino “Necesidad” económica, como aquel requerimiento de consumo que permite una supervivencia austera, pero sin comprometer la posibilidad de desarrollo físico, intelectual y afectivo de los integrantes de la comunidad actuales y futuros. Se trabaja lo necesario, y se consume lo necesario. En este tipo de comunidades, el concepto “plusvalía” es desechado. Hablo siempre de comunidad, porque es difícil pensar en un individuo que permanezca durante toda su vida en un estado de autosuficiencia consigo mismo. Como decía Aristóteles, este tipo de hombre habría que considerarlo como una bestia, o como un Dios, en el sentido que somos seres que necesitamos de la comunidad para diferenciarnos y vivir bien.

La emigración del campo a la ciudad en los últimos cincuenta años, ha dejado comarcas enteras, muy ricas en recursos naturales, prácticamente desiertas. Cientos y cientos de pueblos enteros sobreviven apenas, y otros tantos llevan años abandonados. Estos lugares serían sitios muy satisfactorios para empezar a formar estructuras con una configuración “Decre”. En este punto nos topamos con uno de los principales problemas a resolver, que es la “Propiedad”. Hablaremos más delante de ello.

Respecto a la organización política de la comunidad “Decre”, remarcar que el sistema económico no define estrictamente la organización de una sociedad, pero si marca de alguna manera, una tendencia. Si debe existir un control de los recursos en el cual estén involucrados todos los miembros, si ya hemos deslegitimado un sistema de representación parlamentaria y hemos asumido que debe existir mucha colaboración interna para conseguir los objetivos, estaríamos hablando por lo tanto de comunidades pequeñas ó aldeas, con un órgano de decisión soberano que sería asambleario y con una propensión a considerar los temas que se considerasen de interés general, de máximo compromiso por parte de los miembros de la comunidad. Pero queda claro, que el contexto histórico, la ubicación física y los modos de ser de los miembros de la comunidad, serán los que finalmente influyan en el régimen político por los que finalmente se rija la comunidad.

Existirá, como es natural, una forma biológica de acceder a la comunidad, y será a través del nacimiento de hijos de miembros de la propia comunidad. Siendo altamente probable que pudiera existir flujo de personas entre distintas comunidades, el acceso a la comunidad ó su expulsión, se decidiría en el órgano decisorio que hubiera sido designado.

Respecto a los servicios sanitarios, educación, seguridad, sistema de pensiones, prestaciones de desempleo…., tenemos que tener muy en cuenta las motivaciones que inclinan a las personas a asociarse en “Decres”. Hemos abandonado el “Titanic” cuando ya se divisa el Iceberg, y nos hemos introducido en una barcaza a remolque del coloso. El objetivo no es tanto salvarnos nosotros, cosa nada segura, como construir un nuevo “hogar”, y que, por supuesto, pueda servir además de referencia, en medio del “caos” que sobrevendrá al hundimiento. En un escenario, donde los servicios que acostumbra a otorgar la superestructura a la masa para su adoctrinaje, curación, premio o castigo, no han desaparecido pero tienen fecha de caducidad. Hacerse cargo radicalmente de uno mismo, implicará la imposibilidad de apelar a una instancia superior para que llene algún vacío que nosotros, como comunidad o individuos, no sepamos, no queramos, o no seamos capaces de llenar. La vida en una comunidad “Decre” será simultáneamente mucho más libre y quizás también, en muchos sentidos, mucho más dura.

Respecto a la “Guerra”, intentar enfrentarse contundentemente a un sistema económico como el “Capitalista”, no parece muy realista. En todo caso, provocaría una reacción defensiva que tendría dos consecuencias directas nefastas: por una parte, la aceleración de su propia capacidad de destrucción, y por otra parte, el aplastamiento de la amenaza. En este sentido, el “Decrecimiento” es un movimiento que retira combustible de la caldera del Coloso, aminora su marcha y lo debilita desde el principio, sin un enfrentamiento directo.

Desde otra perspectiva, uno de los motivos principales por los cuales ha existido el conflicto desde la antigüedad, es el control de los recursos. Una comunidad conformada desde el punto de vista del decrecimiento debería asentarse en espacios físicos donde hubiera suficientes recursos como para no entrar en colisión con otras comunidades cercanas, en caso de situaciones extremas. También debería existir un control de la demografía para evitar el colapso del equilibrio propio y evitar conflictos internos.

Otro de los principales motivos por los cuales han existido conflictos desde la antigüedad tiene que ver con el deseo de conquista; una comarca en la cual se desarrollan comunidades que entienden el “Decrecimiento” ó “Estancamiento” como algo satisfactorio para sus vidas, simplemente no desean nada más desde el punto de vista material. En todo caso, una actitud defensiva respecto a un ataque, es una acción violenta pero legítima.

Respecto al “Sistema financiero”, ya sabemos dos cosas muy importantes. Primeramente, que es el combustible sin el cual no hubiera sido posible la exagerada capacidad de depredación que ha exhibido el capitalismo en las últimas décadas. Por otra parte, hemos aprendido, y esto es mucho más novedoso, que lo “Público” en su actual configuración, es el avalista que asume los riesgos en último término, de los desmanes y desequilibrios que provoca un sistema cuyo principal empuje lo encuentra en la codicia. La economía monetaria y financiera, ha pasado de ser un medio para hacer más fácil el intercambio, ha convertirse en un fin. El dinero se consigue, y luego, se decide que se hace con el. En un sistema global como el sistema capitalista, el dinero fluye a nivel planetario en la economía artificial y al apostar por el alza de precios de determinados bienes, se generan burbujas económicas y el empobrecimiento de la mayoría está asegurado. Por otra parte, la posibilidad del fraccionamiento de los pagos en plazos, que incluso transciende el periodo vital de una persona, permiten un alza de precios de los bienes, que de otra manera no serían viables. Atenerse a los objetos reales y desconfiar de los servicios financieros, e incluso del papel moneda, sería una gran apuesta para conseguir que la comunidad “Decre” cortara de raíz, el cordón umbilical con el “Capital”.

Respecto a la “Propiedad” del terreno, aunque en su origen es el resultado de una acción de delincuencia “Pirata” de apropiación de lo común, cientos de años después de su consumación, esta realidad deja de ser algo lo suficientemente consistente como para que pueda ser un argumento para reivindicar la reversión del proceso. Creo que la formula que podría tener más éxito, sería reconocer al propietario actual de la tierra como su dueño, pero no reconocer la exclusividad de su uso, que sería común. Soy consciente de que es precisamente la “Propiedad”, el más importante escollo a salvar en todo el planteamiento respecto a las comunidades “Decres”.

Otras reflexiones

El “Decrecimiento” como modelo económico, nunca será aclamado por la gran mayoría. Respecto del barco que se abandona, solo existe la hostilidad y el desprecio por poner en cuestión el estado de las cosas y las motivaciones que mueven a tantos millones de personas con una constancia y una fe que podría calificarse perfectamente de religiosa. Creo que es muy importante tener esto claro, de cara a que tipos de acciones políticas se pueden poner en marcha y cual puede ser su alcance. Es muy difícil hacer llegar a una población que utiliza gran parte de su tiempo de ocio a recorrer sistemáticamente grandes superficies comerciales a las que llega utilizando transporte privado, que es posible generar bienestar reduciendo drásticamente el consumo de materia y energía.

En unos tiempos en los cuales, los problemas medioambientales preocupan y mucho, el “Capitalismo” se defiende moldeando y haciendo suyos planteamientos que en un principio, pertenecían a su propia crítica. El movimiento ecologista ha puesto en bandeja al “Capital” un concepto muy potente que le está dando mucho juego. Ante la cada vez más creciente concienciación social ante los temas ambientales, el “Desarrollo Sostenible” ha creado una falsa expectativa sobre la posibilidad de poder seguir consumando un crecimiento continuado y a la vez, mantenerse dentro de los límites de regeneración de los ecosistemas. Ha añadido un componente ético al crecimiento económico que tenga la capacidad de venderse con criterios de sostenibilidad. Es un concepto que ha funcionado tan bien, que ya no existe proyecto ó infraestructura faraónica que no sea calificada de “Sostenible”. Conseguir la sostenibilidad y el crecimiento continuo, a la vez, es una contradicción lógica y desde el punto de vista político, un fraude.

Respecto a aquellos que puedan considerar que existe dogmatismo a la hora de plantear el “Decrecimiento” como la única alternativa para revertir la situación desde un punto de vista económico, comentar que la base de este supuesto dogmatismo es estrictamente lógica. Si consideramos que apostar por el crecimiento ilimitado en el tiempo es una huida hacia adelante, ya que es una contradicción respecto a la finitud del mundo, realizar el camino inverso sería decrecer. Y si además, damos por válidos los datos que nos advierten de que estamos viviendo por encima de la capacidad de regeneración del planeta, más o menos un 30%, entonces la necesidad de aplicar criterios en la dirección opuesta, sería imperiosa.

Como nihilistas que somos, seguimos creyendo que las soluciones a los nuevos retos solo pueden provenir de ideas novedosas y originales. En este proceso de vuelta que envuelve el movimiento “Decre”, imaginar que el “Pasado” fuera precisamente el horizonte por descubrir, sería una forma de invertir el sentido del tiempo, y que de pronto, la serenidad que aporta la sabiduría de lo ya vivido reemplazara al deseo ansioso de lo novedoso. Lo único que tenemos, al fin y al cabo, es pasado.

Nuestra epocalidad nos plantea una elección. Podemos seguir siendo espectadores y corresponsables del hundimiento ó, convertirnos en autores creativos de otro lugar y otro tiempo, aquí y ahora.

jueves, 30 de julio de 2009

LA DIGNIDAD Y EL ORGULLO EN CRISIS

por FKastro – “El Faro Crítico”
La crisis, empieza a dejar de ser un concepto. Hasta hace unos meses parecía una abstracción. Aunque supiéramos con anterioridad que en el tercer mundo la crisis tiene forma de niño palmándola por todo lo que yo puedo resolver en un supermercado o en la consulta del médico de cabecera. En cualquier caso, tanto hablar de crisis ha dejado un reguero de abstracciones que van tomando forma, que van adquiriendo la solidez del parado y del vagabundo entre cartones.

La posibilidad real de que algo suceda nos ha dejado un dolor extraño y terrible, un embotamiento paralizante, que no es ni más ni menos la primaria necesidad de intentar decidir por nosotros mismos. No dudo que decidir, y también sobre cuestiones que tanto nos atañen, lleva tiempo, tanto más cuando a menudo contemplamos que los diferentes agentes económicos y sociales no apuestan un céntimo por ninguna decisión individual.

En cualquier caso, aterrice hoy, mañana ó dentro de 1 año la crisis real que nos convierte en desechos, hay que advertir desde ya que debemos ir aparcando 2 conceptos que, aunque depreciados y actualizados, nos han acompañado estos últimos años. Hablo de la dignidad y el orgullo. Entiendo por dignidad, no el concepto que tenía que ver con el decoro y la urbanidad que se le acuñó durante siglos, sino al concepto con el que lo políticamente correcto lo ha imbuido, que no es otro que el de la capacidad de consumir. La capacidad de adquirir, proveer, ó poseer ha hecho que los individuos sean considerados dignos, incluso podríamos ir más allá considerándolos honrados, gente de provecho y gente de buena fe. El orgullo, que sería un paso más allá en ese periplo de la adquisición y en ese asentamiento de la dignidad como capacidad de consumo; sería lo consumido, lo ya adquirido, que además aumenta, y debe aumentar, de continuo. El orgullo de lo que se tiene (y hablo en presente), de lo consumido, adquirido, crecido y aumentado.

Estos 2 conceptos, la dignidad como identidad desde la cual nos reconocemos y nos señalan, Y el orgullo como expectativas cumplidas, éxitos logrados, lugar localizado en la sociedad. Son dos conceptos que en el nuevo modo de producción que la crisis económica lleva consigo, van a sufrir una erosión que puede transmutarlo todo en nuevos sentidos, nuevos modos de ser. Tragedias para unos, oportunidades para otros.

Viene todo esto a colación, porque aún no sabiendo con seguridad la dimensión de la crisis, y hasta dónde puede atacar, el verdadero último miedo es caer precisamente en la infrahumanidad (el tercer mundo). El consumidor occidental contempla aún 2 escalones antes, que serían la dignidad y el orgullo mencionado anteriormente. Ambos están siendo completamente erosionados. La dignidad era suministrada económicamente y el orgullo también, sólo que a esta última le añadíamos una pizca de marketing, autoayuda y budismo, para aumentar hasta el infinito nuestra vanidad consumista.

En cualquier caso, ambos conceptos, como otros muchos, fueron ocupados por el capital económico, y de alguna forma, desde la cuna, y a lo largo de nuestra educación teníamos una idea de vida que ya estaba diseñada (por quién y para qué no es importante) y en las cuales nosotros no debíamos decidir gran cosa. Si acaso la posibilidad de adquirir una vivienda en este u otro lugar, cambiar de automóvil de vez en cuando, y acudir a las reuniones del colegio de nuestros hijos. El consumo logrado, sea lo anterior o cualquier otra cosa, aumentaría nuestro orgullo y con ello nuestra vanidad. Vanidad y felicidad ya habrían sido rápidamente emparentados como primos hermanos. La dignidad, antes en pos de la comunidad para la que se servía, también sigue sirviendo a la comunidad, pero ahora en la demostración “ejemplificadora” de cómo alcanzar la posibilidad de tener y tener, mediante nuestra inteligencia, esfuerzo, u oportunidad. Perdón, inteligencia económica, esfuerzo económico u oportunidad económica. Hasta dar patadas a un balón tiene sus referencias económicas.

La crisis arremete claramente contra el consumo, contra la especulación, y sobre todo contra el orgullo y la felicidad arrumbada por el sistema económico. Y también contra la dignidad. Porque aún cercenando la capacidad de consumir, cuando nuestra capacidad de consumo empieza a orientarse hacia bienes de primera necesidad, y no a las vacaciones en las Seychelles, entonces nos acercamos a la infrahumanidad. Y la infrahumanidad es ese último peldaño en el que la dignidad ya ha dejado de existir.

La destrucción de la dignidad y el orgullo, ocupan en la mente de quienes han sido educados y actualizados en un sistema económico, toda su vida de punta a punta. Soy digno porque puedo tener. Estoy orgulloso porque tengo. Fuera de esa lógica surge el miedo paralizante. Y ante todo, para todo aquel que no sepa a que me refiero, hago referencia a que toca tomar decisiones. Decisiones individuales o comunitarias que nos alejan de la dinámica económica, o que nos acercan, según se mire. Miles de personas querrán retomar la dignidad para volver a tener la posibilidad de adquirir un nuevo utilitario o un nuevo inmueble en la costa. Pero los más realistas, comprobarán en breve, que la dignidad y el orgullo, como los hemos conocido hasta ahora, son sólo un fino barniz que está desapareciendo.

Nos descubriremos que no éramos tan personas como creíamos, ni tampoco tan talentosos, al descubrir que paseamos en colas silenciosas que ya no pueden consumir. La crisis puede hacer que nuestras mentes se emboten para protegernos del dolor de lo perdido o lo no adquirido, y también de alguna manera veremos que las alertas que antes manteníamos siempre encendidas para trabajar a destajo, de repente se habrán fundido. Embobados y absortos para protegernos del shock, nos quedaremos paralizados cuando nos toque decidir. ¿El qué?. Decidir cómo vivir, cómo actuar, y cómo movernos lejos de una economía que ha sido nuestra propia vida.

sábado, 16 de mayo de 2009

Error de sistema

Los mundos virtuales que se reproducen en las computadoras se presentan como un magnífico campo de ensayo para poner a prueba la dialéctica platónica. Gracias a ellos, podemos entender y a la vez, salir de la perplejidad que provoca comprobar, como una estructura social como la nuestra, es capaz de subsumir casi todos los movimientos que aparentemente trabajan en dirección contraria al orden establecido. La lógica por la cual el sistema detecta a la crítica ó diferencia, que puede amenazar su integridad y la reconduce para ningunearla ó provocar su aborto, es la misma lógica que utilizan los sistemas informáticos para tratar los incidentes internos al sistema.
Por Jose Luis Manchón -"El Faro Crítico"

El error en un sistema informático tiene el nombre de excepción. Una excepción es algo que, desde el punto de vista del sistema, no debería acontecer. Una excepción incontrolada interna al sistema, no ocurre por una especie de conato de espontaneidad, sino porque el sistema aún no es lo suficientemente perfecto. Tiene alguna grieta por la que se filtra la excepción. En un sistema social con una estructura tecnológica-platónica, la diferencia será siempre motivo de represión, ya que siempre se considerará como un defecto del sistema, y por tanto, como algo a corregir. El Orden y la adecuación a las normas establecidas como máxima expresión de virtud.

Los lenguajes de programación de alto nivel, son lenguajes que implementan lo que se ha venido a denominar orientación a objetos. Un objeto es una estructura que se compone de una colección de propiedades (Ej: Color, Tamaño, Tipo) y acciones que puede realizar (Ej: Calcular la hipotenusa de un triángulo, Calcular la distancia entre dos puntos respecto a unas coordenadas, cambiar de color). Lo más importante es que un objeto configura y delimita una tipología. Por analogía, los objetos serían las ideas de Platón.

La programación orientada a objetos permite realizar procesos informáticos provocando la interacción entre distintas tipologías de objetos con un objetivo concreto. A su vez, los objetos-ideas se configuran, como síntesis de otros objetos, excepto el objeto “object” que se sitúa en el vértice de la jerarquía de objetos ideal. “Object” sería en el esquema Platónico, la idea de Bien.

Cuando se diseña un sistema informático, se crea un mapa que representa una jerarquía de objetos enlazados, en cuya cúspide está el objeto “object”, del cual heredan todos los demás. El objeto “object” es simple, representa un Modo de Ser y se configura como la condición de posibilidad que permitirá estructurar una jerarquía de objetos-ideal. Todos los objetos que hereden de este, en su conjunto, podrán articularse como sistema.

Los objetos–ideas se enlazan verticalmente a través de linajes de padres e hijos, y en todas las demás direcciones mediante propiedades que referencian a otros objetos, en una malla piramidal que se construye en sentido inverso, desde la cumbre. Este mundo categorial es el terreno de la Dialéctica Platónica.

Existen objetos singulares, que por su significado, configuran “Casta” (Ej: Objeto Excepción). A partir de estos objetos, todos los objetos herederos pertenecerán a esta casta, y los demás objetos los tratarán, normalmente, de determinada manera, por ser reconocidos como pertenecientes a una casta concreta.

Inmediatamente heredando de “object”, aparecen los objetos–ideas que corresponden a los números, e inmediatamente después aparece el objeto Diferencia-Excepción. Por lo tanto, el sistema prevé desde el principio, la posibilidad de resistencia. También aparecen, al mismo nivel que el objeto Excepción, otros muchos de tipo generalista, que tienen en común la implementación de lógica para permitir el tratamiento de la Diferencia-excepción. A partir de estos, primeros, se irán creando todos los demás por herencia, aumentando la complejidad del objeto, conforme aumente su lejanía en el árbol genealógico a estos objetos-ideas principales. El objeto-idea al heredar de su inmediato padre, no solo hereda las propiedades y capacidades de acción de este, sino que además, aglutina todas las propiedades y las capacidades de acción de todos los objetos pertenecientes a su linaje. El objeto-idea “object” es la base de todos los linajes posibles. La singularidad en la cual se configura el objeto-hijo, que le hace diferente a su padre inmediato, se puede deber a:

1. Que el objeto-idea hijo defina acciones y propiedades nuevas que no contenía el objeto-idea padre, ni cualquier otro de su linaje. (Ejemplo: El objeto-idea “Vehículo” tiene como propiedades “Colección de ruedas”, “Chasis” y “Volante”. Como acciones, “Acelerar” y “Frenar”. El objeto-idea “Camión” hereda de “Vehículo” pero le añade la propiedad “Remolque”)

2. Que el objeto-idea hijo sobrescriba propiedades y acciones del padre, cambiando el comportamiento de determinadas partes del objeto, pero sin renombrar propiedades y acciones. En las sucesivas herencias, no serán accesibles directamente las acciones y propiedades que hayan sido sobrescritas, que quedarán veladas para la herencia, a partir de este nivel en el árbol jerárquico.

3. Que el objeto-idea hijo renombre simplemente, propiedades y acciones, sin cambiar el comportamiento de estas. Es la forma por la cual, el objeto que hereda, puede, reescribiendo propiedades y acciones, matar al padre. A partir de ese momento, todas las propiedades y acciones sobrescritas, pasan a ser originales para este objeto último. La herencia a partir de este nivel reconocerá la originalidad de lo nuevo en este objeto y no en sus anteriores de los cuales hereda. Será un objeto-idea con una falsa singularidad.

4. Que se de cualquier combinación entre las opciones anteriores.

La “Verdad” computacional, al igual que la Verdad en la dialéctica platónica, se formula como la localización de la categoría adecuada dentro de la jerarquía de objetos-idea, que corresponde y representa a una realidad dada.

El objeto-idea “object” permite el comportamiento dialéctico reflexivo. Este comportamiento será compartido por todos los objetos de la jerarquía que conforman el sistema, ya que todos heredan, en último término, de él. De esta manera, cualquier objeto-idea podrá saberse a si mismo, y a la vez, descubrir su linaje completo y el de cualquier otro objeto-idea, ya sea ascendentemente hacia “object”, o descendentemente, avanzando por división de los objetos particulares contenidos en cada objeto en cuestión. Casi todas las reglas lógicas que se implementan en un sistema informático, tienen que ver con encontrar la correspondencia entre un objeto en ejecución y su categoría ideal.

El programa informático compilado se correspondería con el mundo de las ideas. El programa informático en ejecución se correspondería con el mundo sensible descrito por Platón. La figura del demiurgo correspondería con el proceso que se encarga de provocar la ejecución del programa, realizando una copia de la jerarquía de objetos–idea hacia un estado que denominaremos “Instancia”, provocando la génesis a la vida virtual de estos objetos-ideales a partir de la chora o receptáculo del ordenador. El sustrato-chora a partir del cual toma forma el programa informático es el “Sistema operativo”, que es una virtualización, y por lo tanto, otro programa informático, que representa a la máquina física real en la cual se asienta. El programa informático tiene acceso a la máquina física (Ejemplo: Escribir en disco) siempre a través del Sistema Operativo.

El mundo sensible en los mundos virtuales informáticos, como ya hemos dicho, equivalen al programa en ejecución. Cuando un programa informático entra en ejecución, está en un estado que virtualiza la vida. Decimos de una aplicación cuando está en ejecución, que está viva.

Cada objeto en ejecución es identificado con un número unívoco, al igual que en la realidad cada persona es identificada con el número de su carnet de identidad.

La principal diferencia entre el mundo sensible virtual y el mundo sensible que estudió Platón, a parte de ser real, evidentemente, es que, en este mundo sensible computacional, se reproducen los objetos diseñados, fielmente. En este mundo, la ejecución de los objetos-ideas es perfecta. La idea de círculo ideal perfecto se representa como circulo perfecto en su ejecución. Pero no es un mundo completo, afortunadamente, ya que ideas como el Amor, la Amistad, la Prudencia, etc… no tienen cabida en este escenario numérico.

El tratamiento de las diferencias-excepciones

Una diferencia-excepción es un tipo de objeto-idea que al expresarse, el sistema percibe como amenaza. El sistema no es otra cosa que la comunidad de objetos–ideas en ejecución como programa informático. Por lo tanto, la comunidad en su conjunto se siente amenazada. El sistema, como ya hemos comentado, incorpora un eficaz sistema dialéctico de detección de tipologías de objetos, compartido por todos los miembros de la comunidad, de forma que es imposible que un sistema informático no pueda controlar cualquiera de las excepciones internas al sistema, que pueden llegar a darse, ya que, ó la conoce, ó conoce cual es su linaje.

Todos los sistemas informáticos bien diseñados técnicamente, incorporan al menos, un objeto–idea-político-policial especializado en el manejo de excepciones. El “Manejador de Excepciones” contiene toda la lógica necesaria para reconducir una diferencia–excepción y hacerla inocua al sistema. De esta manera, como ya hemos dicho anteriormente, en el diseño del sistema ya se reconoce la figura de la diferencia-excepción y su tratamiento.

En el momento que una diferencia-excepción “molesta” a un objeto-idea, automáticamente, el sistema reflexivo dialéctico de detección de tipologías de objetos-ideas, busca en el diseño de la jerarquía ideal, cual es su tipología y cual es su linaje - pobre, negro, punk, islámico...- y dependiendo de la verdad devuelta, en clave categorial, el objeto en el cual se ha expresado esta diferencia excepción lo notificará al objeto manejador de diferencias–excepciones-político-policial y mientras tanto, se protegerá de el. No existe presunción de inocencia. Su casta le delata.

El manejador de excepciones, una vez recepcionada la diferencia-excepción, la clasificará según el siguiente catálogo.

1. Diferencias-excepciones conocidas

Las diferencias-excepciones conocidas son aquellas cuya tipología está registrada en la colección de excepciones a tratar por el objeto manejador de diferencias-excepciones–político-policial. Son excepciones fichadas.

El objeto manejador de excepciones sabe perfectamente como tratarlas, como hacerlas trabajar en beneficio de la estabilidad del sistema, ó incluso anularlas, inmediatamente después de su génesis, si el contexto en el cual se da no es adecuado para realizar tratamiento alguno, o es preciso ocultarla a la comunidad.

Todos los objetos-ideas compuestos, son susceptibles de albergar fisuras que permitan la posibilidad del acontecer de la diferencia-excepción. Todos contienen las estructuras necesarias para su detección y redireccionamiento al manejador de diferencias-excepciones.

Que mejor que una comunidad normalizada, para detectar fácilmente a la diferencia. Que mejor que un objeto especialista en manejar y tratar a la diferencia enfermiza, para aplastarla.

2. Diferencias-excepciones desconocidas

Las diferencias-excepciones desconocidas son aquellas cuya tipología, aunque no forma parte de la colección de excepciones a tratar por el objeto manejador de excepciones, su linaje si es reconocido como diferencia-excepción ya que algún objeto dentro del linaje ascendente, del cual hereda, es una de las diferencias-excepciones conocidas para el sistema, por lo cual, el objeto manejador de excepciones puede tratar a la excepción como a todas las de su casta, apoyándose en las características y acciones conocidas del objeto diferencia-excepción en cuestión.

Paralelamente, el objeto manejador de excepciones desvela, mediante el método dialéctico reflexivo, las propiedades y acciones diferenciales respecto a las de su casta, incorporando en la memoria del manejador, la irrupción de esta nueva excepción con todas sus características y comportamientos, para que en un momento de rediseño y perfeccionamiento del sistema, pueda existir la posibilidad de tratar a esta diferencia-excepción de una forma más “personalizada”.

3. Las diferencias-excepciones no controladas

Una excepción no controlada es aquella, que precisamente actúa, como su nombre indica, sin control. Es excepción porque es una amenaza para el sistema, en su conjunto, aunque no sea percibida como tal.

Existen dos tipos de excepciones diferencias no controladas:

3.1. No controladas internas al sistema.

Son diferencias-excepciones que en su linaje ascendente no tienen ningún objeto miembro que sea reconocido como excepción, pero que cada vez que es referenciado por un objeto-idea, va provocando una presión difusa acumulativa por consumo de recursos, normalmente, (Ej: Consumo incremental de memoria), que finalmente puede provocar el debilitamiento de la fortaleza del sistema y su funcionamiento. Este tipo de diferencia-excepción trabaja codo con codo con los objetos-ideas que lo referencian en alguna de sus propiedades ó acciones, y por lo tanto, los afirma, pero a la vez, provoca inestabilidad en su funcionamiento de una forma sutil y débil, sin confrontación, y lo más importante, sin activar los mecanismos de exclusión.

3.2. No controladas, externas al sistema

Cuando ocurre una diferencia-excepción no controlada externa, simplemente el sistema no la percibe, no entra dentro de la lógica dialéctica reflexiva, no hereda de “object”, y por lo tanto no pertenece a ningún linaje. Está fuera de la estructura del sistema. En este caso el sistema queda a merced de la diferencia-excepción ya que no está incluida dentro de la jerarquía de objetos-idea previstos. El sistema no ejerce tratamiento sobre ella, ya que el manejador de excepciones no ha percibido amenaza alguna, ni se ha activado el método dialéctico reflexivo de reconocimiento de tipologías.

Otro mundo es posible

He intentado explicar desde el punto de vista tecnológico, como un sistema pitagórico-platónico, análogo en su funcionamiento a la sociedad occidental actual, es capaz de reconocer a la crítica y anularla. Lo más importante, por lo tanto, es reconocer cual es la grieta desde la cual la crítica si puede actuar e influir. Esta grieta tiene que ver, desde mi punto de vista, con el espacio que pueden ocupar las “Diferencias-Excepciones no controladas internas al sistema”.

Volviendo al mundo real. Creo que esta resistencia que vehiculará el cambio que ha de producirse, se organizará dentro de unas estructuras sociales, no jerárquicas en su organización, multidisciplinares y cohesionadas por la amistad y el deseo de lo mejor de lo posible. Serán comunidades altruistas y no contarán entre sus objetivos, acceder al poder, aunque lo cortejen. El fundamento de la importancia de esta cuestión, es evitar así la crítica dialéctica al posible interés económico o de poder político como finalidad del discurso. Serán colectivos que trabajarán para influir en el poder, con el objetivo de que las reglas del juego deriven hacia lo mejor de lo posible, de una forma pacífica.

Estos colectivos tendrán una postura no violenta, paciente y que evite el choque frontal con el objeto de crítica, de la única manera posible: afirmándolo. Solamente desde la afirmación, el objeto de crítica que representa al poder no se sentirá amenazado y por lo tanto, no se esforzará en abortar la crítica. De esta manera, la crítica podrá tomar los lugares y desde esta posición, hacerse escuchar. Sin violentar al adversario, podrá sugerir la enmienda de los errores detectados con amabilidad y respeto, comunicando que se comprende, aunque no se comparte, el razonamiento por el cual se ha llegado a esa situación inadecuada. Apelando siempre a la legitimidad.

Por lo tanto, imaginar como se debería articular la oposición y resistencia a un sistema de este tipo pasa por realizar acciones críticas que por su estructura no permitan la activación de los dispositivos excluyentes de tratamiento de diferencias-excepciones de los que está dotado.

Estoy convencido que la acción de la que hablo, ya está siendo y será, el germen del cambio que tantos deseamos. Justo cuando la barca en la cual navegamos, está a punto de caer por el abismo, y necesita del margen del río para sortear el, aparentemente, letal fin; la filosofía nace y actúa para, como el Oráculo griego, señalar el camino.