Mostrando entradas con la etiqueta Militancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Militancia. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de agosto de 2013

MALESTAR MILITANTE

por Batto – El Faro Crítico

Ir a una concentración sin apenas asistencia. Estar con otras 2000 o 3000 personas en una plaza emblemática, siendo miradas con rareza por la gente que pasa a su alrededor; 2000 o 3000 personas que gritarán sus consignas y se retirarán a casa, o que harán un pulso y cortarán las calles haciéndose oír de un punto a otro del centro de su ciudad. Pero, sea como sea, 2000 o  3000 personas que sólo serán noticia si alguien acaba detenid@ o con la cabeza abierta.

Hacer un acto en tu barrio (un cine-fórum, una mesa redonda, una charla) a la que no van ni tus colegas no militantes, y en el que ves las mismas caras de siempre. Otra autocrítica y otro darle vueltas a la cabeza para ver cómo captar la atención de la gente. Otra resignación tras años que dice “no voy a maquillar mis discursos, la gente ya es mayorcita y sabe lo que se hace, si no vienen peor para ellos”. Preguntarte si esas palabras no tendrán, tristemente, más razón de la que quisiéramos.

Ver que, salvo en movimientos estudiantiles, la media de edad supera con creces la tuya. ¿Dónde está mi generación? ¿Dónde está la juventud de este país?

Discutir, discutir prácticamente con todo lo que te rodea.

Debates internos. Asambleas sin fuerza, las mismas caras en todas partes, grupos que se disuelven, ¿participar en un partido o no?, ¿ir a las manis de CCOO, no ir o ir en bloque crítico?, ¿qué hacer con IU?, ¿y con el Frente Cívico?, ¿y con el 25-S?, ¿tomar el congreso o no?, ¿qué pasa con el 15-M?, ¿dónde está el 15-M?, ¿son compañer@s de lucha realmente todos los grupos que marchan juntos en una manifestación? ¿Resistencia pasiva o activa?

Debates teóricos. ¿Participar en las instituciones o no? ¿Reforma o revolución? ¿Los autores clásicos o los nuevos movimientos? ¿Son incompatibles? ¿Partido o movimiento social? ¿Un cambio desde arriba o desde abajo? ¿Hace falta un líder o no? ¿Puede hacerse un cambio político y social sin la toma de las instituciones? o, al contrario, ¿puede hacerse un cambio político y social una vez has entrado en la lógica del poder? ¿Puede un proyecto revolucionario perdurar en el tiempo y resistir ataques con una metodología asamblearia? ¿Puede un proyecto revolucionario no pervertirse ni reproducir otra jerarquía si no usa la disciplina y mano dura necesaria para perpetuarse como estructura? ¿Hay algún ejemplo a seguir? ¿A dónde miramos: a las colectividades anarquistas, a la URSS, a Cuba, a Venezuela... a Finlandia? ¿O acaso el mayor miedo es que no haya ningún ejemplo real de cambio a gran escala? ¿Qué es socialismo y qué no? Y, más importante aún, ¿qué es capitalismo y qué no?

Debates históricos. El PCE y la CNT en la Guerra Civil. El Ejército Rojo y Kronstadt. Lenin y Luxemburgo. Stalin y Trotsky. Stalin y Tito. Mao y los rusos. Hungría. Molotov-Ribbentrop. El “socialismo real”. El muro.

Debates viscerales. La bandera, los toros, la iglesia, el nacionalismo. La ideología religiosa. La ideología secular. El fanatismo, el dogmatismo, el pragmatismo, el “noterminodetenerloclaro-ismo”. ¿Todo el mundo está tan convencido de lo que dice? ¿Soy el único que duda?

Debates absurdos. Contra la masa políticamente analfabeta, individualista, sin ganas de entender cualquier postura que no sea la suya. Contra gente completamente ajena a todas las sutilezas, dilemas, corrientes y debates de la izquierda, y que se cree capaz de tumbar tus argumentos diciendo “el comunismo es dictadura” o “la anarquía es imposible” o “entonces nadie trabajaría” o cualquier otra joya del intelecto. Contra gente que repite dogmas liberales y titulares de ABC como si fuesen leyes de la física (y ni las leyes de la física se pronuncian con tanta seguridad). Contra el progrerío que, en su afán de corrección política, no es más que la versión “light” del enemigo.

Debates, por suerte, sazonados entre conversaciones con compañer@s, con gente que sabe menos pero quiere aprender, o con gente que sabe más y tiene la paciencia que tú deberías.

Luchar por algo concreto, “pequeño” pero imprescindible: un desahucio, un ERE, una industria cancerígena en tu barrio, los CIES, un presidente mafioso. Luchar por algo abstracto, inabarcable pero imprescindible: la libertad, la justicia social, la emancipación de los pueblos.

Una contradicción. Y otra. Y otra. La inevitable incompatibilidad entre los hábitos de vida y consumo en que nos educaron y la conciencia que nos guía; la esquizofrenia al ver que todo, absolutamente todo, a tu alrededor está manchado de sangre o es insostenible. Y otra contradicción, y otra y otra. Pero la resolución de estas contradicciones es el motor del progreso. O eso dicen.

Una carga policial. La rabia, los nervios, la sobreexcitación y, en cierto modo, el orgullo de haber resistido. La cotidianeidad. Ya ves a gente de fiesta o de compras paseando tranquilamente entre antidisturbios armados con escopetas. El aumento de la represión y las detenciones. La gente que cree que es mentira, que no pasa. La gente que sabe que pasa y por eso no sale. La gente que sabe que pasa y, directamente, le da igual o lo aprueba.

Ver furgones de la UIP yendo a Moratalaz y preguntarte quién irá dentro... O si algún día irás tú.

La esperanza de que, a medida que la crisis profundice, los movimientos sociales y políticos se fortalecerán; esperanza que cada vez parece más ilusa. ¿Hará falta un estallido? Y el próximo estallido... ¿será con el espíritu de la Acampada Sol o habrá un cambio en las reglas del juego?

Predicar en el desierto. ¡Moveos, hostia! ¡Moveos! Da igual con qué palabras lo expliques, cuántas razones des, cuán jodida esté la gente. Evidentemente, much@s despiertan o se levantan (especialmente cuando les toca directamente), pero la inmensa mayoría... ¿dónde está?

L@s iluminad@s... L@s de fuera, aportándote las soluciones mágicas: “haced un partido”; “deberíais uniros todos los grupos de izquierda”; “lo que hace falta es que la gente se levante y tome el congreso”. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Jamás se nos habría ocurrido! ¡Si formamos un partido, exijo que vuestro brillante análisis político encabece nuestra lista!

Y l@s de dentro... teorías conspiratorias, fórmulas mágicas, poseedor@s de la verdad absoluta, místic@s... “Voy a hacer la revolución con mis 30 colegas y si las masas no se unen, en vez de analizar por qué, me dedicaré a patalear y a decir que Grecia y Turquía molan más.”

Ser ecologista, decrecentista, ver cómo se cierne el pico del petróleo y el fin de la sociedad industrial... tener datos más que sólidos, y que ni tus compañer@s de viaje de las izquierdas se crean lo que estás diciendo. La ideología industrial, desarrollista, que ha cortado nuestro cordón con la naturaleza y ha hecho a todo el mundo pensar que podíamos vivir sin ella.

¿Son posibles los cambios inmediatos que necesita el planeta en una estructura social que sólo puede hacer cambios a esa velocidad mediante el despotismo? ¿Cómo construir otra estructura horizontal desde abajo antes de que el planeta llegue a sus límites y quiebre el capitalismo global tal y como lo conocemos?

Un grupo de consumo, una red de huertos urbanos o ecológicos, otra cooperativa integral, un pueblo en transición... otra moneda social cambiando el mundo desde la base.

Un círculo que se estrecha. La crisis, o te toca, o va cercándote. La represión, lo mismo.

Y, al mismo tiempo, seguir porque sabes que no puedes hacer otra cosa. Porque cuando entiendes ciertas cosas, no hay marcha atrás. Y porque la dinámica del capital, su crisis y su agotamiento de recursos no va a desaparecer porque yo deje de pensar en ella.

Y, al mismo tiempo, tener la conciencia tranquila, un sentido de vida, otra escala de valores.

Frente a nosotr@s, la maquinaría de acumulación, explotación y división social más eficiente de la historia; el individualismo; los discursos reaccionarios y emocionales; la mayor bajeza, ignorancia y crueldad del género humano.

A nuestro lado, la Historia y su evidencia; el instinto de vida; toda la potencialidad constructiva del ser humano; el planeta y la razón de sus recursos limitados.

Y, mientras tanto, mover ficha, esperar, mover ficha, esperar, mover ficha... esperar... esperar... esperar... a que algo pase.

miércoles, 10 de abril de 2013

HEGEL Y EL ABSOLUTO

por Antonio Fernández Balsells - El Faro Crítico

(DROGAS DURAS)

“Algo pasó en tu cabeza…y empezaste a cambiar…” decía una pegadiza canción de la movida madrileña de los años 80… Luego venía algo así como “y no tienes nada que perder, y no tienes nada que ganar… te has convertido en inmortal…”. Y es que, si nos movemos en el mundo de las drogas duras –y la Filosofía es una– ya sabemos que el espejismo de inmortalidad siempre está ahí… Ya se sabe; lo de los héroes y heroínas de la Nación, de la Patria, de la Eticidad (Sittlichkeit), del Espíritu…; porque es desde semejante "Absolutez" que las personas pueden “flotar” o “volar”, en definitiva, sentirse “libres”... Kant no podía ser menos: él también quería volar… Con su dieciochesca peluca, tan bien empolvada como su nariz, sentaría para la Modernidad una de las más imponentes hipótesis metafísicas: la de la Libertad; fundamento éste último e imprescindible para toda razón práctica según Kant… Que fuéramos libres o no, en verdad, poco importaba; lo que sí importaba era “actuar por deber”, pues de lo contrario, ¿cómo hacer a sus compatriotas responsables de sus actos? De lo contrario, esto sería tan aterrador como la jungla; algo que sin duda nos asemejaría a aquéllos pusilánimes indígenas, cuyas tierras andaban colonizando desconsideradamente las modernas potencias europeas por aquel entonces… Así que, fusionando la culpa cristiana, la responsabilidad y la moral corriente de la época, la Modernidad andaba metafísicamente bien calzada –con zapatos de aguja nuevos, nada menos– en base a algo indemostrable: la fantasía –en re mayor– de la Libertad… Pero la estoica Necesidad, la estoica Razón Universal, aquélla que según los antiguos penetraba el Todo, sin embargo, no hacía más que aparecer y reaparecer de un modo tan fatal como impertinente, haciendo añicos los discursos de aquellos que seguían alabando La Libertad... Llámesele Pronoia, Destino, Hado, Razón cósmica o Fatalidad, esto da igual; pero esta misma Necesidad, sin duda es la que ha hecho que los ciudadanos de la ¿Polis? del XXI –si es que hay Polis– sigan sin poder entender a qué coño se refieren los neoliberales con eso de Libertad... ¡Es que puedes escoger productos de distintas marcas! –decían con lágrimas en sus ojos los recién liberados ciudadanos del oprimente bloque del Este –entre los que contaba nuestra venerable Frau Merkel– cuando “por fin” había caído el Muro, y ya podían llegar andando, y sin atravesar controles fronterizos, hasta la berlinesa Wittembergplatz; por lo demás, repletita de llamativos anuncios alumbrados con luces de neón… O bien, desde la comodidad de sus casas, cuando enfrente de sus televisores podían ver cómo se anunciaban multiplicidad bragas y compresas multicolor de todas las variedades, marcas y tallas… –seguro que a la venerable, esto mismo debió conmoverla todavía más…–. El Gran Casino había abierto sus puertas; ahora con un poco de suerte, todo era posible…; pues el Azar abría las manos a todo hombre y mujer Libre. Atrás quedaba Necesidad

Pero ya en el siglo XIX, nuestro Filósofo y Teólogo Hegel, habría de dar un pasito importante en todo esto… Ahora bien, él sí que tendría en cuenta a la tan fatídica Necesidad. Lo primero que hay que decir, tratándose de un hombre como Hegel, es, ante todo, que era un verdadero machote; sí, un tipo viril con ronca voz; y esta imagen nos viene inevitablemente a la mente cuando atendemos a su peculiar concepción del Estado. Inspirándose en la República de Platón –¿de quién sino? –, distinguiría entre distintos estamentos: obviaremos aquí los inferiores por su carácter secundario dentro del sistema hegeliano: el primero de ellos sería el mismo que encarnaría la eticidad de todo un pueblo (los restantes estamentos –incluso el burgués– no tendrían ni la más remota idea de qué pudiera ser eso…). Ese estamento no era otro que el Militar (¡Guau!). Cómo justifica Hegel todo esto, es de lo más singular: pues sólo ellos –los militares– son los que arriesgando su Vida (“despreciándola”), han logrado someter a los siervos ‑todos éstos unos pusilánimes, temerosos, cobardes, miedicas, que han tenido en demasiada estima su propia Vida y han obedecido a los temerarios hombres de Estado y sus imponentes armas‑. Pues según nuestro Teólogo, para abrazar el Absoluto y los frutos –paradójicamente materiales– del Espíritu, hay que despreciar la Vida: la Nación, la Patria es para aquéllos que lanzan el más chulesco de los órdagos: o todo o nada… Así son las cosas del Poder, del Ethos hegeliano y naturalmente, también: en el Juego y el Casino. Pues bien, así las cosas, estos Espíritus-Nación o espectros de la razón cósmica universal, con sus costumbres y sus jurisprudencias, sus valores ético-políticos, no podían ser otra cosa que la encarnación de la Pronoia estoica, la fatalidad de todo pobre ciudadano –en principio– “libre”. Y aunque la idea de base, tanto kantiana como hegeliana, fuera que desde ese marco –jurídico-político– los ciudadanos sí podrían ser libres (curiosamente a través del cultivo de sus vicios privados, pues así era como premiaba la oscura providencia con sus materiales manos invisibles); lo cierto es que aquel marco iba haciéndose tan insufriblemente chico, que las florecillas que de relleno habían sido pintadas en él, finalmente ya no tenían ni suelo, ni aire que respirar. Sin duda alguna –y al igual que ahora– se estaba retando a lo Viviente… Ahora bien, ni tan siquiera en el siglo XX se ha tomado demasiado en consideración a la Necesidad-Natural; pues no dejaba de ser como aquella tosca bestia parda, tan cargada de piojos, verrugas y granos, a la que incluso se la llama Metafísica. Todos los discursos tan plagados de buenas intenciones como bellas palabras, hablaban de Libertad... –la del artista, la de los creadores y creadoras, la de la inspiración del científico/a, incluso la del hombre o mujer de negocios, etc…– e ignoraban a la nefasta y mediocre bruja Necesidad. Y es que, cuando se trata de drogas, lo que importa es evadirse… Adiós oráculos, adiós divina providencia, adiós Pronoia, adiós determinismo, adiós fatalismo; si bien, en el día a día, los herederxs de todo este cirio, los ciudadanos de este siglo XXI, no tenemos otra sensación que la de hallarnos inmersos bajo la influencia de la más maléfica, ensombrecida, lunática y absurda de las fatalidades: seguro que contingente, pues no deja de ser más que una recreación humana…pero, en cualquier caso: de “libres”, nada… ¿No se tendría que volver a contemplar con más respeto a la nefasta bruja Necesidad?

En tono científico decir que las drogas inciden directamente en el circuito del placer, produciendo como una especie de cortocircuito, que trae, en el aquí y ahora, en un solo instante inmaterial, al susodicho: Don Placer... Ahora bien, al Sagrado Placer, que es natural, no le gusta que lo invoquen, ni prematura, ni injustificadamente: nada de provocarlo, ni de controlarlo, ni de conjurarlo con toda suerte de cálculos u otras estratagemas…pues es Él el que rige... (y de hacerlo, pues ya sabemos lo que pasa…) Pero es que, por cosas de brujería, sabemos que Doña Necesidad va de la mano de Don Placer. Así, que, olvidándolo o despreciándolo –pues para Kant, es en el Placer que radicarían las funestas inclinaciones naturales que todo buen ilustrado debiera evitar y controlar–, y abogando por la Libertad –en definitiva, la de unos pocos: la de los más virtuosos u obedientes; o sencillamente: la de los “buenos profesionales” o la de las clases más altas…– se ignoraban las Necesidades naturales básicas de la mayoría de seres vivientes. Lo importante era la eticidad: el marco jurídico-político en el que habían de habitar esas mónadas nouménicas –suprasensibles– que eran los egos o sujetos-atómicos, que sólo así, en su inmaterialidad, podían ser considerados “libres”. Mónadas despegadas de este mundo fenoménico, por tal de ser libres; mónadas desprovistas de toda necesidad fisiológica: que desde el altillo de su Libertad, ya no comían, ni cagaban; por fin libres de toda Necesidad natural. La Política era pues cosa Oscura, fantasmagórica –pues no dejaba de ser cosa de “Hombres Libres” en absoluto relacionada con la menesterosa, popular y común Necesidad Natural. Y como lo básico y necesario para espíritus tan elevados, es algo que apesta, decidirían obviarlo: cada cual es capaz de satisfacer sus necesidades-inclinaciones básicas –aún habiendo dejado a la mayoría por completo desprovista de todo acceso a los recursos básicos imprescindibles por tal de subsistir (todo ello gracias a las armas de los chulescos de la Patria, de los que Hegel había sido Gurú).– De lo que se trataba era de hablar de ética y de moral, sentar las bases de rígidos códigos jurídicos que dejaran las cosas exactamente tal y como están: la propiedad privada, ni tocarla, por favor: pues sólo con este otro mandato-máxima metafísica se podía garantizar la hipotética “Libertad”. Es así como Universalidad y Fatalidad, se confundían revolcándose en un orgasmo cósmico de leyes injustas, que arrasaban con todos los derechos básicos de la población civil, a modo de Pronoia estoica; como si la ley humana fuera un mal universal y necesario por tal de garantizar el Hada “Libertad”. El Espíritu o lo Absoluto, hacía de las contingentes leyes humanas, la más absoluta de las fatalidades a sufrir –eso sí– sólo por parte de aquéllos pusilánimes esclavos; es así como las Leyes humanas –aún siendo contingentes– ni tan siquiera tuvieran en cuenta lo Necesario básico e imprescindible –que no es sólo material– para que toda Vida pueda ser vivible… Cierto que Hegel con su militarismo, subordinaría lo económico-burgués –el Zeitgeist de nuestra epocalidad– a lo político; pues todo pensador o pensadora siempre aporta algo positivo. Ahora bien: cómo reubicar lo económico para que el mundo no se convierta en un mercado de abastos (?), sin tener que pasar por la chulería militaroide. Esperamos que ocurra “El Milagro Natural”. Pero sin Acción –como muy bien viera Marx y Aristóteles– esto no acontece. De modo que dejemos de invocar al Oráculo Tarot, ni de mirar el Horóscopo por tal de saber qué coño nos depara el Hado, el Destino, la Fatalidad o la Necesidad, cuando no, el Futuro; pues, como decía Aristóteles: aun siendo la Naturaleza diabólica, no lo es menos que “la verdad la hacemos entre todxs”. También las leyes. Pues cuando desde cualquier saber –ya sea la economía, la política o la ciencia…– se recurre al Azar como elemento explicativo de sus teorías, es que sencillamente no tiene ni puñetera idea de lo que se habla, o bien, sencillamente y con bonitas palabras, se nos miente. Volviendo a la canción: (los héroes nacionales) “…se han convertido en leyenda, y no tienen nada que perder, (y sí) tienen mucho que ganar…